lunes, 30 de mayo de 2011

#Agradecimientos.

Esta historia comenzó a cocerse en mi cabeza desde finales de verano del año pasado y llegó a un cuaderno a finales de enero de este año. ¿Veis la de tiempo que hay entre medias? Todos esos meses me la pasé pensando si yo valía para esto. Para que le haya gustado a dos, y otra que anda en duda, de mis amigas digo yo que un poco si que valdré como escritora novata.

Si comencé a publicarlo fue gracias a Alejandra, que leyó un capítulo y me animó a publicar. Después comenzó ella con la suya y todavía estoy esperando nuevos capítulos :)

Poco a poco más gente se fue uniendo al grupo de lectores de la historia que en principio no parecía gran cosa (según mi opinión). Mi querida amiga Sandra no paraba de darme la paliza para que le pasara capítulos nuevos y mas de una vez me ha controlado en el recreo para que escribiera. Sigo pensando que vas a matarme ahora que esto ha acabado, pero no te guardaré rencor jaja

Hay mucha gente a la que agradecer, ya que sin ellos no sé si habría sido capaz de llegar a terminarla. Nunca imaginé que estaría tan motivada con una que empezaría otra al poco tiempo.

Gracias a Silvia por comenzar a leerla poco después de conocernos. Me alegro que te haya gustado, sinceramente eres una de las personas de las que más me han gustado tus opiniones sobre los capítulos.

A Paloma por leérsela también, aunque no pueda ultimamente por los exámenes. Aunque pasé un poco de vergüenza cuando se lo dijiste a Nuria pero te lo perdono jaja

Agradecimientos a Elisa, que aunque esté viciada a Sweet Blasphemy y se encierre en una habitación a oscuras con una vela para leerla y no haya empezado Contaminant Love, también espero que le guste cuando la comience. Prometí meterle en alguna de las historias y como no pude en esta la tercera practicamente se la dediqué a ella.

Gracias a Sara Sandino, simplemente porque me recordaba en los mejores momentos cuando tenía que relajarme. Si no fuera por ella más de una vez los nervios habrían podido conmigo.

Pero sobretodo agradecimientos a Sara Chemical, por las siguientes razones:

1.Te conocí un poco después de empezar a escribir CL y has sido una de las que más le ha gustado.
2.Porque sé que has llorado, reido y te has vuelto bipolar con esta historia.
3.¿Qué habría sido de CL sin tus megacomentarios dando tu opinión?
4.Porque me hace publicidad en Galicia y es superadorable.
5.Nunca pensé que coincidiría uno de los personajes con tu mismo nombre, aunque no tenéis ni punto de comparación.
6.Y porque muchas veces no me habría puesto a escribir los capítulos si ella no me hubiera animado.

Por todo esto Contaminant Love está dedicada exclusivamente a Sara Chemical, y ella es la que se va a encargar de guardar el cuaderno donde comenzó a formarse una historia que parecía que no iba a llegar a nada pero que mínimo le ha gustado a cinco personas.

Capítulo 33# Las despedidas son tristes, por tanto no penséis que esto lo es.

(Narra Candy)

¿Cuánto ha pasado ya? ¿Un año? Parece que fue ayer cuando Yerai comenzó a venirse con nosotros y pasó después todo lo relacionado con él y Ari. Parece que fue ayer cuando me daba miedo contarle a Luis lo que sentía por él. Y pensar que después de todo este tiempo no ha cambiado nada, que seguimos juntos y las cosas van geniales. Nunca imaginé que tuviera tan buena suerte.

Tengo dos amigos que me quieren, muchos más amigos recién conocidos en la universidad y un novio que me quiere tal y como soy, aunque a veces piense que estoy loca. Creo que no hay nada que supere todo esto.

(Narra Luis)

¿He dicho ya cuanto quiero a Candy? ¿Os he contado como fue cuando me pidió? Creo que esa parte me la salté. Pero creo que sobran las palabras y el describir escenitas, creo que con verme es más que suficiente. El típico chico enamorado, de los que están en peligro de extinción.

Oh si, en la universidad todo es perfecto, me encanta todo esto. Realmente nunca pensé que encontraría a personas mas estudiosas que yo, ya no me siento tan raro. Aunque odio que Yerai les haya pegado lo de llamarme "rubiales", pero es algo a lo que te acostumbras. No cambiaría mi vida en estos momentos por nada del mundo.

(Narra Yerai)

Creo que las palabras sobran. Después de lo ocurrido el día del "funeral" de los padres de Ari, nos reconciliamos y le expliqué todo. Perdí la cuenta de cuantas veces le dije lo siento. Me habría arrepentido por toda la vida si hubiera metido la pata con aquella gilipollez que hice.

Casi dos años va a hacer que estamos juntos. Ya estoy pensando en pedirle que nos vayamos a vivir por separado de Candy y Luis, seguro que ellos también agradecerían un poco de privacidad. Y si me equivoco y realmente no es la chica de mi vida por lo menos lo intenté.

Pero sabéis de sobra que os estoy tomando el pelo con la última frase, ya que no hay persona que se compare a ella.

(Narra Ari)

Despedirse nunca es fácil, está comprobado. Pero hay momentos en la vida en la que tienes que dejar atrás momentos, personas, lugares...para poder seguir adelante. También hay que tomar decisiones que muchas veces son difíciles, pero que luego sirven para conseguir algo mejor.

La felicidad depende de eso, de como decidamos nuestro futuro. Porque nuestro futuro no es cosa del destino, es algo que podemos planificar.

Abandoné mis penas y aprendí a vivir siendo feliz, junto a mis amigos y mi pareja, y no me arrepiento del paso que dí y cuando lo dí. Por eso uno de mis consejos favoritos es: si te dan miedo las despedidas simplemente dí "hasta luego".

Capítulo 32# You can run away with me, any time you want.

He perdido la noción del tiempo, no sé cuanto llevó aquí, sin moverme, sin hablar. Solo llorando. La lluvia tampoco ha parado y estoy empapada. Hace un buen rato que estoy tiritando y mis sollozos se han convertido en intentos de no asfixiarme. Ni siquiera sé como soy capaz de mantenerme en pie con lo mal que me encuentro.

No creo que sea capaz de aguantar mucho mas así, pero por otra parte es el único lugar donde estoy aislada de todos los problemas.


(Narra Yerai)

Estoy perdido por el parque. Por fin se cual es el lugar en el que está, pero no tengo ni idea de por donde estaba la entrada. Han pasado casi dos meses desde que estuve allí y aún así cuando fui ella me vendó los ojos. Paro un momento para coger aire después de haber recorrido todo el perímetro por segunda vez. Tengo que encontrarla y voy a hacerlo, cueste lo que cueste.

Tuve que recorrer unas cuantas veces más todo el parque hasta que encontré la entrada y cuando lo hice parecía que las rejas querían impedirme el paso. Pero no me he equivocado, está aquí. De pie y dándome la espalda, Ari parece no tener muy buen aspecto y también parece que va a caerse de un momento a otro. Corro a su lado sujetándola antes de que eso ocurra.

-¿Estás bien? ¿Porqué te has escapado? -son mil preguntas las que quiero hacerle pero me contengo al ver su rostro.
-No, no estoy bien...Todo se tuerce, todo lo que me rodea se vuelve gris -apenas es capaz de hablar y verla así me rompe el alma- ¿Porqué me pasa esto a mí? ¿Acaso hago mal queriendo a la gente? Parece una maldición.
-Escúchame Ari -le acaricio la mejilla sin poder dejar de mirarla, hacía tanto tiempo que añoraba poder volver a tenerla tan cerca, y por fin sucedió- Eres la persona más perfecta que he conocido nunca. Lo de tus padres ha sido mala suerte, mi madre también murió y no sé si me lo merecía, son cosas que pasan y tenemos que aprender a vivir con ellas por mucho que nos cueste. Y no haces mal queriendo, al contrario.

Lo he soltado todo y me siento mucho mejor ahora que ella se ha calmado. Verla sufrir es lo último que quiero. No sé que sentirá ella por su parte, yo solo sé que daría cielo y tierra por que estuviera bien y fuera feliz, por muy romanticón que suene.

-¿Porqué me dijiste todas aquellas cosas la última vez que estuvimos juntos? -sabía que esa pregunta iba a llegar antes o después.
-Porque fui un estúpido que no supo cerrar su bocaza y que después no tuvo la valentía de volver a hablar con la persona que quiere -sonrío a pesar de sentirme como un auténtico imbécil y ella me devuelve la sonrisa.
-Yo también te quiero.

(Narra Ari)

-Yo también te quiero.

¿Estoy sonriendo? ¿No son imaginaciones mías? Lo creía perdido, todo en general. Pensaba que no volvería a levantar cabeza y estaría deprimida todos los días. Pero como pasó cuando nos conocimos hace apenas dos meses me ha vuelto a salvar de todo eso. Le beso, siendo correspondida, y ahora es cuando puedo decir que me importa muy poco si el mundo se acaba mañana mientras que él siga a mi lado.

domingo, 29 de mayo de 2011

Capítulo 31# Seremos valientes en esta tormenta.

Todo es horrible. Lo es, lo era y lo será. Estoy sola, prácticamente. Lo veo todo gris desde que aquel médico me dio la mala noticia. Mis padres...Ellos no merecían eso. ¿Por qué? ¿Por qué mi mala suerte tenía que influirle a ellos? No he parado de llorar desde entonces, y tampoco hablo. ¿Para que sirven las palabras? No se va a solucionar nada.

Me dieron el alta dos días después de la noche en que desperté. Se aseguraron que el desmayo no era nada grave antes de dejarme marchar. Pero aún así me mandaron reposo, las heridas no estaban del todo curadas y mi cuerpo necesitaba tiempo para volver a la normalidad. 

Noel me hizo una pequeña visita, fue el único momento en el que pude sonreír un poco. Hay una pequeña ceremonia en mi piso, como recuerdo a mis padres y segundo entierro, ya que no pude asistir al primero, y él esta aquí con Luis y Candy. El resto del tiempo en el hospital lo pasé junto a Yerai, pero solo hubo silencio por mi parte. Según el psicólogo es una depresión. Según mi opinión es sufrir una gran pérdida.

Carmen, la amiga abogada de mis padres, se encuentra ahora mismo sentada a mi lado en el sofá, hablándome sobre lo mejor que puedo hacer con las posesiones que he heredado. Yo mientras sigo con la vista perdida entre la gente reunida allí, creando grupos que hablan en susurros, creando un ambiente de funeral que no puedo soportar.

-Lo siento Carmen, necesito ir...al baño -le digo, levantándome e intentando irme de allí antes de que alguien me descubra.

Ni siquiera cojo una chaqueta a pesar del frío del exterior. ¿Qué es sentir un poco de frío comparado con todo por lo que estoy pasando?

(Narra Yerai)

No me gusta nada todo esto, no por mí, si no por Ari. Hacer una ceremonia en honor a sus padres es hurgar mas en la herida, pero fue idea de los mayores y ni Luis, Candy o yo fuimos capaces de hacer nada Pero eso no cambia mi opinión. Tengo ganas de sacarla de allí, la última vez que le he visto no podía estar peor.

Tengo que hablar con Luis y Candy sobre eso, así que les busco en uno de los muchos corros de gente, formado por Rob, los padres de Candy, el primo de Luis y ellos dos.

-¿Has visto a Ari? -me pregunta Candy antes incluso que pueda abrir la boca- La estoy buscando. Carmen dijo que fue al baño pero no está allí, pensé que estaría contigo.
-No ha estado conmigo -contesto frunciendo el ceño.
-Oh oh, esto no pinta bien -dice a su vez Luis y Noel le mira un poco confundido.

Se ha escapado y nosotros ni siquiera nos habíamos dado cuenta. Esto hace pensar que realmente no somos tan buenos amigos como nos creemos, o por lo menos yo. Nos separamos para buscar cada uno en un lugar distinto al que podría haber ido. Pero después de un rato buscando no la encontramos y yo me temí lo peor.

Bajo las escaleras, abandonando la azotea de la tienda de tatuajes y saliendo a la calle, en la que ha comenzado a llover. ¿Donde puede estar? Comienzo a agobiarme y a preocuparme. No se me ocurre a que mas lugares puede haber ido, practicamente entre todos nos hemos recorrido toda la ciudad. Pero sí que hay otro lugar...

(Narra Ari)

La lluvia oculta las miles de lágrimas que recorren mis mejillas, todas esas que no he conseguido guardar por mas tiempo. Parece que el tiempo se ha amoldado a mi estado de ánimo. Un paisaje así en estos momentos es digno de pintarlo, si no fuera porque ni siquiera tengo ganas de seguir despierta y soportando toda esta realidad. No soy fuerte, no puedo con todo esto por mucho que intento ser valiente. 

El frío a aumentado bastante y a eso se le suman mis incontables sollozos, poco a poco me cuesta más respirar normal. 

martes, 24 de mayo de 2011

Capítulo 30# La realidad después del último sueño.

(Narra Yerai)

La espera se está haciendo eterna. El hospital ha sido mi casa estos últimos días. Los médicos siguen sin permitir la entrada a la habitación de Ari, pero de vez en cuando consigo colarme entre los cambios de vigilantes. También podía hacer visitas secretas gracias a la ayuda de Cristina, la enfermera que le han asignado.

Una de las veces que esperaba desesperado en la sala de espera llegó ella, alta y rubia, sujetando unos papeles.

-¿Eres tú el familiar de Ariadna?- me preguntó.
-Eh, soy su amigo -contesté, levantándome nervioso del asiento- ¿Se sabe algo nuevo?
-Está estable, aunque aún no ha despertado. Pero es una mejora -dijo mirando los papeles mientras me tranquilizaba un poco. Estaba mejorando, se recuperaría.
-¿Puedo entrar a verla?
-Lo siento, pero no esta permitido.-su cara también se tornó triste al ver como reaccionaba.
-Esta bien...Seguiré esperando- y volví a sentarme en el duro e incómodo asiento.

Se apiadó de mí y me dejó entrar a verla, y a partir de entonces me busca en la sala de espera cada vez que tiene que ir a hacer una revisión y mirar si mejora.

Cristina se pone a revisar la bolsa de suero y los aparatos, ya más escasos en la habitación, mientras yo me siento al lado de la cama y  efectúo la acción de las otras veces. Le cojo la mano a Ari y le acaricio el rostro, por fin sin la mascarilla del oxígeno. También le han quitado todas las vendas. Solo falta que despierte.

-La quieres mucho ¿verdad? -me pregunta Cris mirándome desde el otro lado de la cama.
-Mucho. Pero fui un estúpido, puede que hasta sea mi culpa que esté aquí.
-No digas eso. Nunca nadie tiene culpa del mal de otro, son cosas que le pueden pasar a cualquiera.
-Pues preferiría ser yo el que estuviera aquí tumbado, y no ella. No se lo merece -suspiro levantándome una vez que Cris ha terminado.

Ahora que ha mejorado un poco creo que puedo hacer una pequeña escapada a casa para cambiarme de ropa y descansar lo que no he podido estas tres últimas noches.

(Narrador externo)

La sala estaba a oscuras cuando Ari despertó. Sólo se escuchaba el sonido de la ciudad siempre despierta. Estaba desconcertada y perdida. Lo último que recordaba era un choque muy fuerte y después poco mas. ¿Estaba en el hospital? ¿Cuanto llevaba allí? Preguntas de todo tipo se pasaron por su cabeza.

Se levantó, teniendo que hacer un gran esfuerzo, tenía todo el cuerpo dolorido y entumecido. Notó algo tirándole de la muñeca. Era una vía intravenosa.

"Arg" pensó apartando la mirada. Tenía fobia a las agujas. Se la arrancó sin miramientos, si pensaba demasiado en ello acabaría gritando. Se acercó a la puerta y la abrió apenas unos centímetros, mirando hacia el exterior. No había nadie, así que salió al pasillo.

Pero se había equivocado. Al final del pasillo había dos personas, una mujer y un hombre con respectivos trajes verdes que se quedaron de piedra al verle. Inmediatamente fueron por ella, el hombre precavido y la mujer preocupada.

-No deberías haberte levantado. ¿Cuando te has despertado? -comenzó a preguntar el hombre, comportándose como un auténtico profesional. Se le notaban los años de trabajo allí.
-¿Te encuentras bien? -preguntó la mujer por su parte.
-Estoy bien..Solo quiero ver a mis padres. ¿Saben ustedes donde están?

Los médicos se miraron entre ellos. Claro que sabían donde estaban. Hacía apenas dos días estaban hablando con la enfermera que atendía a Ari. Les contó que unos amigos suyos habían venido a verle cuando todavía estaba inconsciente, totalmente vestidos de negro. Habían celebrado el funeral de sus padres aquella tarde. Ari notó el cambio de miradas.

-¿Donde están? -insistió.
-Querida...tus padres.. -comenzó a decir la mujer, buscando las palabras mas suaves para decírselo.
-No sobrevivieron -atajó el hombre, fastidiándola por completo.

Ari se quedó estática, asimilando la información. Tardó un rato en querer comprender lo que esas palabras significaban. Cuando lo hizo su cuerpo, que apenas dos días antes necesitaba cuidados intensivos, no pudo soportar el choque emocional que sufrió y acabó perdiendo el sentido. Pero no sin antes nombrar a sus padres.

lunes, 23 de mayo de 2011

Capítulo 29# ¿Significa eso...?

Nunca había corrido tanto. Nunca nada ni nadie había conseguido que me sintiera tan asustado y perdido. El corazón estaba a punto de salirse del pecho por el miedo. En cuanto Candy me llamó abandoné la azotea y todo lo que había preparado. Bajé las escaleras hacia la tienda y le di una rápida y casi indescifrable explicación a Rob cuando me choqué con él en el pasillo.

No me esperé a que él fuera a buscar su coche. Le cogí la moto a mi padre, corriendo el riesgo de ganarme una gran bronca. Pero eso es lo que menos me importa en este momento. Ari podría estar muriéndose, saltarse un par de semáforos y leyes de tráfico es menos importante. Él no lo comprende.

Acelero todo lo que puedo por las carreteras atestadas de coches, esquivando y adelantando a conductores despistados. Por fin lo veo, el gran edificio blanco con las letras rojas formando la palabra "HOSPITAL". Aparco lo más rápido que puedo y entro en el edificio. Voy a la sala de espera, donde se encuentran Luis y Candy con gestos desolados. Eso no me gusta nada.

-¿Qué es lo que ha pasado?
-Un camión iba en dirección contraria, el conductor perdió el control...Los médicos nos han dicho que esta en estado grave, pero que tuvo mucha suerte ya que el golpe fue frontal y ella estaba sentada detrás. Sus padres y el conductor no corrieron la misma suerte...-dice Luis abrazando a Candy mientras a ella se le caen las lágrimas.
-¿Dónde está?
-Por ese pasillo, la primera habitación -señala Candy- Pero no dejan entrar, hay dos enfermeros vigilando. Solo podemos esperar.

Tiene razón, dos tíos con trajes verdes están charlando a la entrada de la habitación. Pero si se piensan que eso me va a impedir entrar es que no me conocen lo suficientemente bien. Voy por el pasillo y según me voy acercando los médicos fijan su atención en mí, vigilantes. Entro en la habitación todo lo rápido que puedo, ignorando los gritos de los tíos, y atranco la puerta con una silla.

Lo que veo me deja helado. En medio de la habitación, tan blanca como el resto del edificio, reposa Ari, tumbada en una gran cama. Está rodeada de cables y más pálida de lo normal. Un aparato controla sus pulsaciones. Los vendajes son muy vistosos por su cuerpo, sobretodo uno que le oculta la mayor parte de la cabeza. Apenas puedo verle el rostro por la máscara de oxígeno que le cubre la boca.

Me acerco sin poder evitarlo, con lágrimas a punto de resbalar por mis mejillas. Hacía tiempo que no lloraba, desde el funeral de mi madre, y de eso hacía cuatro años. No se que voy a hacer si a ella le pasa algo. Le cojo la mano, fría y con el cable del suero sobresaliendo de su muñeca, y entrelazo mis dedos con los suyos.

Fui un auténtico estúpido, es posible que esta sea la última vez que esté con ella. He perdido todo un mes a su lado solo porque no supe controlar mi genio. Ahora me arrepiento de ser así.

Comienzan a dar golpes a la puerta, con intención de abrirla. Me fijo en la mesilla que hay al lado de la cama, donde reposan los objetos personales que llevaba en el accidente. Entre ellos está el colgante que le regalé. Lo llevaba puesto...¿Significa eso que me perdonó?

Al final consiguen abrir la puerta, pero yo sigo de pie y parado, sujetando el colgante y sin soltar su mano. Hasta que unas manos fuertes me sujetan por los brazos y me arrastran fuera de la habitación, mientras yo le miro por última vez.

domingo, 22 de mayo de 2011

Capítulo 28# Fuego.

No pude dormir por los nervios. Todo lo que ocurrió era de película de enamorados, esas películas que yo siempre había aborrecido. Ahora mismo mi vida era como una de ellas. Llamé a Candy después de lo ocurrido con el ramo. Le conté todo lo sucedido y ella seguramente también se lo contó a Luis. Estaba muy contenta por mi, me deseó suerte cuando llegara la hora.

Pero había un problema y es que yo ya había hecho planes con mis padres por todo el día. Le envié un mensaje a Yerai, explicándole que era posible que llegara tarde, pero que me esperara de todos modos. Me costó poner dos palabras seguidas que tuvieran sentido, mis manos temblaban por los nervios. No me respondió pero esperaba que lo leyera al menos.

Estuve toda la mañana con mis padres. Fuimos a una ciudad de aquí al lado, aún mas grande que en la que vivo. Fue perfecto, por fin un momento familiar. Nos recorrimos todas las calles y vimos todos los lugares de interés. También fuimos de tiendas, eso es algo que mi madre no podía dejar pasar.

Estoy muerta, ha sido un no parar constante. Pero por fin ya estamos de vuelta. Estamos en el coche, el reloj señala las seis menos cuarto y yo estoy feliz en la parte de atrás, mirando por la ventana mientras acaricio el colgante, de vuelta en mi cuello. Mis padres charlan entre ellos mientras uno de sus grupos de cuando eran adolescentes suenan por todo el coche. Todo es perfecto, me gusta tal y como está.

Pero hace falta solo apenas un segundo para que todo cambie repentinamente.


Hace mucho calor, puedo escuchar el fuego crepitar cerca de donde estoy, sin poder moverme. Todo ocurrió muy deprisa. Se escucharon los sonidos de ruedas contra el asfalto, de un gran vehículo intentando frenar. Después todo fue un caos.

Estoy perdida. me encuentro tumbada encima de cosas que se retuercen y me arañan la espalda. Algo me presiona el pecho, cada vez me cuesta más respirar. El dolor es demasiado fuerte, apenas puedo soportarlo. ¿Dónde estoy? ¿Dónde están mis padres? ¿Qué esta ocurriendo?

Intento llamarlos pero las palabras acaban convertidas en gemidos de dolor. Se empiezan a escuchar otros sonidos además del fuego. Son más coches, y pitidos agudos. Sirenas de ambulancia. Apenas puedo escuchar a un montón de personas corriendo por todos los lados. Se me está entumeciendo el cuerpo.

-¡Aquí hay otra! -oigo a alguien decir muy cerca. Noto una mano rozando mi cuello- ¡Está viva! ¡Necesito ayuda, esta atrapada!

Quiero preguntarle donde están mis padres, pero mis fuerzas se esfuman y con ello mi consciencia.


(Narra Yerai)

Está todo preparado. Una pequeña cena, tal y como la última que le hice. Antes de que ocurriera todo esto. La azotea me pareció un lugar con unas bonitas vistas donde poder explicárselo todo.

Después del puñetazo de Luis mi rabia apareció. Nunca fui capaz de controlar mi mal genio y otra vez eso tuvo sus estragos. Acabé gritándole cosas sin sentido, haciendo que se fuera llorando. La había fastidiado y sabía que no había muchas posibilidades de arreglarlo.

Pero no por eso dejé de quererla, al contrario. Aunque no sé que me ocurrió durante este tiempo, al irme con Sara y Lucía. Lo ocurrido anoche en la fiesta también es en parte culpa mía. Si no me hubiera ido con ellas nunca, ellas no le habrían hecho eso.

Miro el reloj. Son casi las siete. Recibí un mensaje suyo explicándome que iba a tardar un poco. No me importaba esperarle, al fin y al cabo seguro que ella ha estado un mes esperando que yo me disculpara.

Comienza a sonar el móvil en mi pantalón. Quizás sea ella, y eso es lo que espero. Pero al sacarlo y mirar el nombre de la pantalla me siento confundido.

-¿Candy? ¿Que ocurre?
-Yerai es urgente. Ari está en el hospital, ha tenido un accidente de coche muy grave cuando venía de vuelta a la ciudad.

Capítulo 27# Frágiles sonrisas.

Esta ahí parado, mirándome, con una pequeña sonrisa. No puedo moverme, me es imposible. Pero para él no. Comienza a caminar hacia mí y cuando está lo suficientemente cerca extiende un brazo en mi dirección, con la palma hacia arriba, invitándome a bailar.

Todo el mundo nos observa. ¿Qué debo hacer? Estoy confundida. Le miro a los ojos, esos ojos verdes que ya no me miran con maldad o desprecio como el último mes, si no que me observan como lo hacía en nuestros momentos a solas, con cariño. Me acerco despacio y le cojo de la mano. Me arrastra al centro de la pista con todas las miradas sobre nosotros.

Me olvido de ellos, de todo a nuestro alrededor. Solo somos él y yo, bailando Helena, nuestra canción. Me siento renovada, me siento bien. Todo vuelve a brillar, vuelvo a ser optimista, aquella faceta mía que pensé perdida ha vuelto. No me importa todo lo que pasó, no me importa que no me haya explicado nada, no me importa este cambio repentino. Solo me importa que estoy de nuevo abrazada a él y tampoco parece que tenga ganas de soltarme.

Pasan más canciones, todas ellas lentas y poco a poco más parejas se van uniendo a nuestro baile. Paramos al fin de otra, apartándonos del grupo. No me suelta en ningún momento y yo sigo sus pasos sin rechistar. He perdido de vista a mis amigos, supongo que ya habrán visto por quién estoy acompañada. Acabamos al lado de la mesa con refrescos ya servidos en vasos de plástico.

-Espérame aquí por favor, vuelvo enseguida -me sonríe y se va, esquivando de vez en cuando a algún despistado.

Obedezco y me quedo aquí parada, esperándole. Una sonrisa se extiende por mi rostro, la primera en un mes. La primera sonrisa que no es forzada y no es para hacerle sentir bien a nadie. Todo va perfecto. Siento curiosidad sobre donde habrá ido y que pasará una vez que vuelva conmigo.

Dos personas se ríen a mi espalda, las reconozco a la primera. Me giro despacio, temiendo lo que vaya a ocurrir. Ellas me miran con desprecio, más desprecio del que he visto nunca hacía mi.

-Bonitos harapos... -dice Lucía riéndose, risa que continua Sara- Es una pena que se estropearan ¿no?

Acto seguido Sara me empuja y yo intento mantener el equilibrio, cosa muy difícil en mi. Caigo al suelo, parando el golpe con las manos. Ellas mientras cogen un refresco de la mesa y me lo tiran a los pies del vestido, mojando también mis pies. La gente comienza a rodearnos y las lágrimas comienzan a recorrer mis mejillas. Me levanto abochornada y me fijo en la gente de mi alrededor sin saber que hacer.

Salgo corriendo. Me duelen las muñecas por el golpe y la piel de mis pies esta pegajosa. Salgo a la calle después de haber recorrido todo el instituto a la carrera, pero no me detengo. Oigo a alguien corriendo detrás mía y yo me esfuerzo por alejarme más. Se para después de un rato, llamándome con voz entrecortada a causa del cansancio. Es él quien me sigue. Pero eso no me importa. Sabía desde un principio que no debería haber ido. Ahora mi frágil sonrisa se ha esfumado de nuevo.


Estoy sola en casa, les dejé un mensaje a mis amigos en el móvil diciéndoles todo lo ocurrido y que no se preocupen por mi. Deben estar en la fiesta, ya ha pasado bastante rato desde que me fui de allí. El vestido está encima de la cama, no lo he movido de su sitio desde que me lo quité.

Llaman a la puerta. ¿Quién puede ser a estar horas? Voy a abrir, pero no hay nadie. Esta situación me es demasiado familiar. Hay un ramo de claveles rojos al pie de la puerta, con una nota.

"No se puede ser Helena si no tienes tu ramo de flores rojas. Elegí los claveles porque representan el amor eterno. Te debo una gran explicación y también una gran disculpa, pero prefiero hacerlo en persona. Te espero mañana a las seis en la azotea de la tienda de tatuajes. Yerai."

¿Acaso estoy soñando? Lo dudo. Es real, todo esto es real. Yerai quiere hablar conmigo, no es ninguna broma. Voy a la habitación y acaricio la superficie del joyero. Al abrirlo resplandece, como si tuviera vida propia y supiera que las buenas noticias han vuelto. Mi colgante, por fin puedo volver a mirarlo sin llorar.

Capítulo 26# Halloween.

-Vas a venir.
-No. -contesto yo bajando la voz para que mi madre no nos escuche discutir.

Hoy es día 31 de octubre, Halloween. Llevo todo el día con mi madre, en uno de nuestros escasos días madre-hija. Apenas son las cinco de la tarde y Candy ha aparecido, cosa que estaba temiendo desde todo el día. Como todos los años el instituto celebra una fiesta en el enorme pabellón, a la que todo el mundo acude con sus mejores disfraces. Esta año no iba a ser menos.

-Ari llevas un mes entero así. No puedes seguir esquivando el problema.
-Shhh, te va a oír mi madre. -estamos solas en el salón, mientras que ella preparaba algo para que comiéramos.
-Me da igual, si sigues así se lo contaré, a ver si ella puede ayudarte más de lo que yo ya intento. -esta muy seria, algo que nunca he visto en Candy- Esta bien, lo has pasado muy mal. Te duele recordarlo todo y por mucho que lo has intentado no eres capaz de olvidarlo, pero estarte encerrada no es una solución.
-¿Y fingir que me lo paso bien lo es?
-Por lo menos dejarás de ser un murciélago.

Me callo sin dejar de mirarla. Estamos las dos un poco cabreadas, ella porque no quiero ir a la fiesta y tener que pasar un mal rato. Yo porque me está obligando. Aparece mi madre con una bandeja con dos bollos y dos zumos, muy alegre, ajena a todo el revuelo que ha habido apenas unos segundos antes.

-¿De qué habláis chicas?

"No se te ocurra decir nada" le digo a Candy moviendo los labios, pero ella me mira desafiante y se gira hacia mi madre, como si no hubiera visto mi gesto.

-Linda, convence a Ari para que venga a la fiesta de Halloween, porque ella se niega.
-¿Hay una fiesta? ¿Y por que no quieres ir, cariño? -me miran las dos, y están consiguiendo que me ponga nerviosa.
-No me apetece.
-Si nos damos tiempo podemos conseguirle un disfraz -continua mi amiga sin hacer caso a mi respuesta.
-No hace falta. Ya me encargué de eso, aunque no sabía que le iba a hacer falta.
-Mamá, ¿de que estás hablando?

Pero ella tampoco me hace caso. Va a mi habitación, Candy y yo siguiéndola. Saca una caja de debajo de la cama. Me pregunto cuando la habrá escondido, no la he visto nunca. Es alargada y estrecha. Al abrirla veo un vestido negro con trozos en rojo. Un vestido como el de la mismísima Helena.

-Tuve que hacerle unos arreglos, porque no era igual al vídeo. Y como se que te gusta mucho...¿Porque no lo usas para la fiesta? No puede estarse cogiendo polvo eternamente.
-Pero el peinado y todo eso...Es un lío.
-De eso no te preocupes -dice Candy mirando a mi madre y al contrario, sonriendo las dos- Estarás lista a tiempo.


Tenían razón, terminaron a tiempo. Cuando llegó Luis a mi casa, disfrazado de Frankenstein, estábamos preparadas. Había quedado genial todo, el vestido, el peinado...Todo. Candy se acercó en un momento a su casa y volvió vestida de Kitty, batería de MSI. Iba hasta con las baquetas.

Bajamos del coche, aparcado frente al instituto. Había gente por todos lados, mis nervios estaban a flor de piel. La entrada del pabellón estaba igual. Por todos lados te podías encontrar hombres-lobo, hadas, princesas, guerreros... Por fin entramos al pabellón, donde todos estaban bailando bajo las luces de colores. Mis amigos se fueron al centro de la pista, yo me dediqué a mirar mis zapatos de bailarina, pegada a la pared. Y aquí sigo sin moverme. Otra canción que se acaba, no debería haber venido.

Comienza la siguiente, y esta si la conozco. Recuerdo algo; mi habitación, Helena sonando en el reproductor y Yerai y yo bailando. Toda la gente se ha parado y cuando miro hacia arriba lo veo, en medio de toda la gente, perfectamente vestido de Gerard.

viernes, 20 de mayo de 2011

Capítulo 25# Noel.

Llego a casa soltando la mochila, chaqueta y las llaves en la entrada, sin dignarme en recogerlas o por lo menos cambiarlas de sitio. Miro en la nevera, medio vacía, pero nada de lo que hay me apetece para comer. Así que simplemente cojo una bolsa de aperitivos y una cerveza, dejándolas encima de la pequeña mesa del salón y buscando entre mi colección de discos.

La idea de las películas ya había quedado descartada por los planes de Luis y Candy, y a mi sola no me apetece verlas. Pongo el disco tan conocido en el reproductor y me tumbo a verlo. Las horas pasan rápidas y mis pensamientos también.


Llaman al timbre y yo me doy prisa en secarme las lágrimas antes de ir a abrir. Es Candy. Como me prometieron han acabado pasando por mi casa para hacerme compañía. Pasa al salón, donde se sienta y le da al play para saber que estaba viendo. Tengo la sensación de que se ha dado cuenta de que había estado llorando.

-Dos años y sigues llorando con The Black Parade Is Dead -dice casi riéndose.
-Es sin querer, Cancer y Sleep con canciones muy bonitas. ¿Y Luis?
-Está aparcando. Ha venido también su primo...¿No te importa verdad? Es solo un rato.

No me da tiempo a contestar, porque aparece Noel, seguido de Luis. El parecido es increíble, pero eso no quita que me guste que esté aquí. No le conozco, es un completo desconocido, sea primo de quien sea. Y no me apetece que nadie, excepto mis amigos, me vean de este modo, llorando por unas canciones.

-Hola, ¿tu eres Ari verdad? -me da dos besos antes de que yo reaccione- Yo soy Noel. Luis y Candy me han hablado de ti.
-Hola...
-¿Qué estabas viendo? -pregunta Luis cerrando la puerta y corriendo al lado de Candy.
-The Black Parade Is Dead -contesto mirando a Noel mientras inspecciona lo que puede ver de la casa.
-¡Perfecto! Hace tiempo que no lo veo. ¿Has visto ya Life On The Murder Scene?
-Si pero puedo ponerlo otra vez si queréis, o poner otra cosa si a tu primo no le gusta. -le digo a Luis, puesto que Noel está en su mundo y dudo que vaya a contestarme.
-No te preocupes, toda la familia es fan del grupo. Por suerte, he de añadir.

Resultó ser una tarde muy divertida. Con Luis y Candy tumbados en el sofá, en plan parejita enamorada, cosa que son, y Noel y yo sentados en el suelo vimos los dos discos, hasta que se hizo de noche. Poco a poco fui perdiendo la vergüenza con Noel. Resultó ser un chico muy extrovertido y alegre. Se notaba que Luis y él eran familia.

Mi rubio amigo y Candy estuvieron hablando en susurros durante un rato, hasta que se levantaron, dijeron que iban a casa de Candy y que después Luis volvería a por su primo. Y aquí estamos, los dos solos en mi piso, terminando de ver el CD. El silencio es incómodo, esta situación no me gusta nada.

-¿Dónde esta la basura? -pregunta él, recogiendo las latas vacías de la mesa.
-El cubo blanco de la cocina -le miro el rato que tardo en pronunciar eso y vuelvo a centrar mi atención en la televisión.

Tarda poco en volver y sentarse otra vez a mi lado, tamborileando los dedos contra su pierna, como si pensara algo pero se lo estuviera callando.

-No me gusta ser curioso pero...-dice por fin- ¿Por qué tienes en la basura fotos tuyas con un chico?

Las ha visto, las pocas fotos que el innombrable y yo nos habíamos sacado la vez que le llevé a mi escondrijo del parque. Tendría que haber sacado la basura, así me habría ahorrado este mal rato. No sé que contestar.

-Olvídalo, no he preguntado nada. -me sonríe, dando por olvidado el tema.
-Gracias, ese tema no es muy agradable para mí -le correspondo la sonrisa, esta vez sin tener que forzarla como con mis amigos esta mañana.
-Me puedo imaginar, por eso mejor no hablar de ellos ¿no? -ríe- No te preocupes, se acaban olvidando. Te lo dice la voz de la experiencia.

Seguimos charlando otro rato más, y se nos pasó volando. Llegó Luis a por él y nos despedimos, él con ganas de volver a visitarnos y yo con ganas de volver a verle. Me ha caído muy bien y, no se si por su parte también, para mi ya es un buen amigo.

Capítulo 24# Cambio de planes.

Ya habían pasado más de tres semanas de lo ocurrido. Cuando Luis me contó que había intentado hablar con Yerai y lo ocurrido después me hundí aún más. Mi amigo se había equivocado, es verdad, pero intentó hablar con él y disculparse. No tenía ningún derecho de haberle hablado a Luis de aquel modo.

Una de aquellas tardes de desesperación estuve todo el rato intentando contactar con él, pero no respondía a mis llamadas. Lo había intentado al menos, al igual que había intentado estar de buen humor todos los días y seguir con mi vida como si en este curso no hubiera ningún chico nuevo con los ojos verdes.

Pensar en él lo menos posible es mi prioridad, pero tampoco es una tarea fácil. Hago todo lo posible porque esto no acabe convirtiéndose en una obsesión.

-¿Qué os parece una tarde de cine en mi casa?- le digo a mis amigos, sentados en uno de los bancos del patio.

Habíamos abandonado las mesas y cambiado el paisaje. La antigua vista en estos momentos no es muy agradable, para ninguno de los tres. Las cosas han cambiado bastantes, aunque haya pasado muy poco tiempo. Si la popularidad de Sara y Lucía ya estaba por las nubes ahora habían traspasado el límite.

Van hablando a nuestras espaldas y cada vez sacando una nueva versión de lo ocurrido en mi cumpleaños. Versiones que la gente se cree a la primera y que ellas no paran de usar cada vez que se aburren y necesitan un poco de diversión. Y, visto lo visto, parece que a Él no le importa aparecer en esas historias, puesto que se lo pasan genial los tres riéndose de nosotros.

Si hubiera una batalla ahora mismo, cosa que no descarto debido al genio de mi amiga Candy, me pregunto quién ganaría. Tres contra tres, la batalla final. Suena más épico de lo que en realidad es.

-Se nos olvidó decírtelo -contesta Luis mirándome- Mi primo Noel ha venido de visita y nos va a llevar a Candy y a mi de compras esta tarde.

"Otra vez sola, que diversión" pienso para mí.

-Pero en cuanto volvamos pasaremos por tu casa -dice Candy justo cuando Luis termina de hablar y después de darle un codazo en las costillas.

Esa es su señal. Cuando mi ánimo decae ellos se dan cuenta enseguida, o por lo menos mi amiga. Por eso la mayor parte de las veces estaba avisando a Luis de ese modo, pensando que no me he enterado. Pobre Luis, pronto acabará sin costado.

-Lo siento en serio, se me olvidó. Esto de que acabe el trimestre y pongan un montón de exámenes me trastorna.
-No importa, estaré bien- fuerzo una sonrisa, una de esas tan comunes últimamente y que acaba convenciendo a mis amigos.

Sé que si yo estoy mal, ellos también. Se preocupan demasiado por mí y es algo que no me gusta, además de que es algo que no merezco. Ellos si son verdaderos amigos, esos en los que puedes confiar y sabes que nunca te van a fallar.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Capítulo 23# Visitas y aires de superioridad.

Tardo poco en llegar a casa o eso es lo que me ha parecido. Lo que me ha dicho Rob no para de dar vueltas en mi cabeza. ¿Por qué Yerai no habrá ido a casa en esos dos días? Me sigo preocupando por él aunque no me haga ni caso. Es inevitable, algo que no puedo controlar. Aunque cuanto menos tarde en acostumbrarme a la situación y a aceptarlo mejor me irá, o eso espero. No puedo pasarme todos los días así, eso no va a arreglar nada.

Voy a abrir la puerta pero me la encuentro ya abierta. Que extraño, recuerdo perfectamente haberla cerrado antes de irme al instituto. Cuando entro y veo a una mujer, un poco más alta que yo con el pelo largo y castaño, y un hombre, más alto todavía y con el pelo casi negro, a su lado comprendo el porqué de que esté abierta.

-¡Mamá! -digo abrazándola y ella a mi mientras mi padre nos observaba con una sonrisa- Os he echado de menos.
-Y nosotros a ti. Acabamos de llegar esta mañana. Nada más dejar las maletas en casa vinimos aquí, queríamos darte una sorpresa.
-Pues lo habéis conseguido. ¿Qué tal el viaje?
-Cansado, demasiado trabajo. Te hemos traído unos regalos.

Me siento en el sofá y ellos me pasan unas cuantas cajas, cuatro, unas más grandes que otras. Las apoyo en mis piernas y las abro impaciente. El primer regalo es una camiseta que llevaba buscando desde hace mucho tiempo. El resto son muñequeras, collares y demás accesorios que me encantan.

-Muchas gracias, son preciosos todos. Estos voy a estrenarlos ahora mismo -les digo, colocándome unos pendientes rojos con forma de rosas.
-Eso no es todo, tenemos un regalo más y aún mejor -contesta mi padre, sonriéndole a mi madre.
-Shh, no le digas nada. Te lo daremos pronto no te preocupes -me dice mi madre riendo.

Nos pasamos toda la tarde hablando de las cosas que nos habían ocurrido. Esta claro que estar tanto tiempo separados nos une aún más. Era fantástico que hubieran llegado, aunque no hubieran podido estar en mi cumpleaños. Pero eso ya no importa, con todo lo que pasó desde entonces eso apenas puede compararse.
Por supuesto no les conté nada sobre Yerai. Ese era un tema prohibido a partir de entonces, no pienso volver a hablar de él, por mucho que me cueste.


(Narra Luis)

Me preocupa mucho el estado de Ari y todo por lo que esta pasando. Me siento culpable. Si no le hubiera pegado a Yerai todo eso no habría ocurrido. Pero lo hice sin querer, en realidad no quería.

Yo quiero mucho a Ari, pero ahora solo como amigos, ya que Candy lo significa todo para mi en estos momentos. Pero cuando Sara me enseño la foto todavía estaba reciente que Candy me dijera que me quería. Yerai no me caía muy bien cuando comenzó a venirse con nosotros, es como si siempre hubiera tenido la sospecha de que algo pasaba entre ellos dos. Y claro, yo estaba celoso.
Pero ahora quiero arreglar mi error, ya que por mi estupidez las cosas están así y por mucho que mi amiga intente parecer que esta bien se que en el fondo no es así.

Esta tarde hay un partido de fútbol en el instituto al que va a acudir todo el mundo y ya que Yerai, según ví esta mañana, se va con Sara y Lucía lo más normal es que esté él también. Los populares son los primeros que aparecen en eventos de este tipo.

Tengo que recorrer todas las gradas hasta que doy con él, esta con las populares en la entrada de uno de los pasillos que llevan fuera del campo. Por lo que veo se lo están pasando muy bien, riéndose sin parar. Eso me enfurece, Ari está pasándolo fatal y él mientras pasándolo en grande. Cuando al final llego a su lado se me queda mirando con un aire de superioridad que nunca le vi usarlo. Sé perfectamente quienes han provocado que se comporte así.

-¿Tú que haces aquí?
-Quiero hablar contigo sobre lo que ocurrió. Y sobre Ari. -Sara y Lucía me miran y comienzan a reírse por lo bajo, pero no les hago caso. Ellas también tienen la culpa de todo esto.
-Yo no perdería el tiempo, no vas a conseguir nada ni aunque me supliques de rodillas. -dice él sonriendo.

Me quedo sorprendido por la contestación y le lanzo una mirada de odio antes de irme de allí. Está insoportable, él no es así, ese no es Yerai. Algo está pasando y espero que pase pronto.

sábado, 7 de mayo de 2011

Capítulo 22# Maldita mi suerte.

Al final no he ido a mi casa, si no que he acabado por ir a la tienda de tatuajes. Haberle visto juntándose con Sara no me ha hecho bien, pero estar sola lo empeoraría todo. Candy y Luis no pueden comprender como me siento. Antes de estar juntos quizás si se pudieran hacer una idea, pero ahora están en su mundo, los dos muy felices y no saben ni como se siente estar triste.

Solo puedo hablar con una persona, la única que me queda para desahogarme. Suena el timbre tan familiar al abrir la puerta de la tienda. La sala esta vacía así que me toca esperar en una de las sillas a que aparezca alguien. Odio todo esto, lo que ha ocurrido y lo que está pasando. ¿Porqué todo me toca a mi? Maldita mi suerte.

Por fin aparece alguien, dos hombres. Uno de ellos no se quién es, es de esos pocos de la tienda que me falta por conocer. El que le acompaña es el padre de Yerai. Se me queda mirando con una mirada fría y penetrante, como si me conociera y le hubiera hecho algo también a él. Me puedo imaginar de donde ha sacado su genio Yerai.

-Rob, aquí hay alguien que te espera -grita al pasillo, haciendo que mi buen amigo llegue corriendo.
-Hola pequeña. ¿Me buscabas? -me dice Rob, serio ahora que se ha fijado mejor en mi semblante.
-¿Tienes un rato libre? -me siento incómoda delante de tres hombres enormes que no apartan la vista de mi.
-Sí, claro. Carlos, ¿puedes cubrirme? Serán solo diez minutos.

Carlos resulta ser el padre de Yerai, que asienta sin mirarnos, mientras que mi amigo y yo subimos a la azotea del edificio. Es un lugar tranquilo y no suele subir nadie allí arriba. Lo llevábamos usando desde hace mucho tiempo para nuestras reuniones y nunca nos habían molestado. Me siento en el borde, mirando la ciudad, mientras que Rob se queda de pie a mi lado y con los brazos cruzados.

-¿Qué es lo que te pasa, cariño? -dice con tono preocupado.
-Necesitaba hablar con alguien, desahogarme -me encojo de hombros- Pensé en ti. Luis y Candy están demasiado ocupados como para hacerme caso.
-¿Es por Yerai?

Le miro sorprendida. Sabía que todo el mundo se iba a enterar, pero solo pensé en el instituto. No me puedo creer que también él se haya enterado.

-Sí, lo sé. No es tan raro que me haya enterado, ya que trabajo con él y su padre -acaba sentándose a mi lado, pero sin dejar de mirarme. Yo me dedico a mirar el suelo.
-¿Por qué me miraba de esa manera su padre?
-Ayer Yerai no apareció por casa en todo el día. Y la noche anterior tampoco, solo le vio el pelo cuando vino a trabajar. Carlos se enteró de que habíais estado juntos, se lo contaron unos chicos de tu instituto. Cree que eres la culpable de que se haya comportado así.
-Pues se equivoca, porque hace dos días que ni siquiera me mira.
-Lo sé, me se toda la historia -suspira, mirando algo a lo lejos- Pero Carlos está muy ciego. No se da cuenta de que Yerai es así de siempre, no le hace caso a su padre. Hablando claro, esta en la edad del pavo. Aunque debo admitir que cuidar a un muchacho de su edad él solo es mucho trabajo.
-¿Qué le pasó a su madre?

Creía que lo sabia todo de él, pero parece ser que no. También es verdad que siempre ha sido muy callado en cuanto a temas personales. O eso es lo que creo, porque ya no estoy segura de si el Yerai de antes es el que veo ahora en el instituto o era solo una máscara que llevó puesta mientras estaba conmigo.

-Su madre murió cuando era un niño, una enfermedad. -vuelve a mirarme- Pero eso no es lo que quería decirte -pone una mano encima de las mías, cubriéndolas totalmente- Se que lo tienes que estar pasando muy mal, pero no vale la pena estar así. Si no quiere saber de ti él se lo pierde.

Lo que me ha dicho me hace sentir mucho mejor, pero aún así me siento sola y ninguno de mis amigos es Yerai, ellos no consiguen hacerme sentir como él lo hacía. Me siento como si me hubieran utilizado, un simple juguete del que se han aburrido y han abandonado en una esquina. Estoy segura de que esa sensación no se va a ir nunca.

lunes, 2 de mayo de 2011

Capítulo 21# This is how I disappear.

Estoy totalmente desanimada. La noticia de que mis amigos están juntos no es lo bastante alegre como para ponerme a mí de buen humor. Y además tengo miedo, no quiero ir al instituto y verle. No sé lo que va a pasar, si seguirá cabreado o no. Me preocupa, ya que no se nada de él desde ayer.

-Vamos, Ari. No tenemos todo el día. -dice Luis, sentado en el asiento del conductor.

Me resigno y acabo subiendo al asiento trasero, detrás de Candy. No me hace nada de gracia, pero tengo que ir. Es verdad que estoy asustada, pero también estoy ansiosa. Le extraño, quiero verle. Volver a escucharle decir las cosas que me decía o las bromas que le hacía a Luis. Quiero abrazarle y olvidarme del resto del mundo. Que Sara y Lucía se mueran de envidia y no nos molesten nunca más.

Estoy peor que un zombie. No he dormido nada esta noche, todo han sido lágrimas y sollozos. Al final acabé dormida, pero por puro agotamiento, ya era muy tarde cuando cerré los ojos. De todos modos los sueños tampoco fueron muy agradables. Era todo el rato lo mismo, la repetición de las palabras de Yerai. Fue más una pesadilla que un sueño.

Llegamos al instituto y me bajo despacio del coche. Yo y mis amigos entramos en el instituto, seguidos por las miradas del resto de los alumnos. Me miran a mí, como no. Sabía que el descubrimiento de Sara y Lucía no tardaría mucho tiempo en extenderse por todos lados. Aquí estaba la prueba, según recorro el pasillo hacía mi clase la gente comienza a cuchichear, como si les fuera la vida en ello.

-No les hagas ni caso...-me dice mi amiga por lo bajo, dándose cuenta de lo que ocurre.

¿Puede mi estado de ánimo empeorar más? No lo sé.

-Os veo luego chicos -intento ignorarlos a todos y a todo.

Que digan lo que quieran, no sería la primera vez que se meten en mi vida. La gente es estúpida. ¿Qué les importa que yo estuviera con Yerai? Les detesto, gracias a que son así no se si volveré a hablar con él.

Entro en mi clase, soportando lo mismo que en el pasillo. Lo primero que hago es mirar su asiento. Está sentado, mirando la mesa, ni siquiera se ha inmutado cuando he entrado. Esta claro que las cosas no pueden ir peor.  Las horas pasan muy lentas, más de lo que me gustaría.

Estoy en una nube, no soy consciente de lo que ocurre a mi alrededor. El sonido del timbre me devuelve a la tierra. Salgo de los primeros de la clase, ya que si no me ha hablado al principio no lo va a hacer ahora. Solo espero que lo haga pronto o me volveré loca.

Mis amigos ya están sentados en nuestra mesa cuando llego. Imagino que saben lo que ha ocurrido por mi cara, ya que no hablan del tema en ningún momento. Cómo no, las estúpidas  tienen que fastidiar un poco más de lo que ya lo hicieron ayer. Pasan por enfrente mía, mirándome y sin parar de reír.

"Ya podrían perderse."

-¿No tendréis por casualidad una motosierra? Por aquí hay demasiados alcornoques. -dice Luis lo bastante alto para que ellas les escuche.

Gracias a ese comentario se largan por fin, sentándose en una mesa muy cerca de la nuestra. Bajo la cabeza, mirando la manzana que hago girar en mis manos. Quiero largarme del instituto ya, no me hace nada de bien estar aquí.

Entonces le escucho, totalmente tranquilo. Miro para poder saber con quién habla. No debería haberlo hecho ya que con quién esta hablando es con Sara.

-¿Puedo sentarme aquí?
-¡Pues claro! -contesta ella, sorprendida pero muy emocionada.

Ya no lo soporto más. Cojo todas mis cosas, sin decirle nada a mis amigos y salgo corriendo del instituto hacia mi casa. Hay un buen trozo andando, pero eso me importa poco. Lo que yo quiero en ese momento es desaparecer.

jueves, 21 de abril de 2011

Capítulo 20# Entre penas y alegrías.

Después de lo ocurrido con Yerai me fui a mi casa. No podía estar ni un minuto más en el instituto y verle, o a Sara, Lucía o uno de mis amigos. No quiero ver a nadie. Me he encerrado en mi piso y no hago caso de las llamadas que quedan grabadas en el contestador.

"Ari, soy Candy. ¿Estás en casa? Espero que sí. No consigo localizarte y estoy empezando a preocuparme. Por favor si escuchas esto, llámame."

Se puede decir que estoy muerta, o vacía por dentro. Tumbada en el sofá, sin ganas de moverme para ir a algún sitio y con los ojos rojos. Hace rato que las lágrimas han parado de salir. ¿Por qué se ha comportado así conmigo? ¿Qué es lo que le he hecho? Yo quería contárselo a mis amigos tanto como él, no fue mi culpa que Sara se adelantara y se lo contara de la peor manera posible.

El colgante está en la mesa, lejos de mí. No quiero ni mirarlo, es más, estoy pensando en tirarlo.

No, no puedo hacer eso. Me lo quedaré, solo como una prueba de que alguna vez le importé, aunque me lo haya negado hace apenas una hora.

Suena otra vez el contestador anunciando una nueva llamada.

"Sé que estas ahí Ari.."

Es Luis.

"¿Por qué te has ido del instituto? Sé que no vas a querer hablar conmigo pero es necesario. ¿Ni siquiera me vas a abrir la puerta?"

Permanezco tumbada en el sofá, no quiero hablar con él y menos después de lo que ha ocurrido.

"Si no me abres cuando toque el timbre llamaré a los bomberos con la escusa de que pensaba que te había pasado algo, y sabes que soy capaz."

Suena el timbre dos veces y al final me levanto abriéndole la puerta a mi amigo, que guarda su teléfono en el bolsillo.

-¿Qué es lo que quieres? -le digo volviendo al sofá.
-Pedirte disculpas. -contesta, sentándose enfrente mía- Me enteré...de lo que pasó. Es culpa mía, no tendría que haber reaccionado así.
-Ya da igual, el daño esta hecho. Tendría que haberlo contado antes.
-Si quieres puedo hablar con él...
-No, déjalo. Tiene mucho genio, puede que solo este cabreado por el puñetazo. Quizás mañana vuelva a hablarme...

Miro el suelo, totalmente desanimada. Me estoy torturando a mi misma pensando en todo eso, pero no soy capaz de desconectar del tema y distraerme con cualquier otra cosa. Yerai es lo único que me hacía feliz completamente. Pensar en las cosas que me dijo no me hace nada bien.

-Escúchame Ari. -dice mi amigo sujetándome la barbilla para mirarle a los ojos- Sabes que te quiero mucho. Te quiero más de lo que tu alguna vez me quisiste a mi. Y sabes que no me gusta verte mal, tu felicidad es lo mas importante para mi. Hace tiempo que dejé de esforzarme por intentar ser yo el chico que te hiciera sonreír, pero eso no significa que dejes de importarme. Siempre podrás contar conmigo, para lo que sea.

-Gracias... -eso me hace sonreír un poco. Entonces recuerdo algo- ¿Qué le respondiste a Candy? -observo su cara, totalmente pillado desprevenido- Sé que te lo ha contado, que te quiere. Yo la animé para que te lo contara.
-Le he dicho que sí, voy a salir con ella. Seguro que le haría ilusión contártelo ella misma, pero supongo que con lo que ha pasado no le importará que te lo haya dicho yo.

Otra vez vuelvo a recordarlo y aguanto las lágrimas. Lo menos que quiero ahora es llorar delante de él, y justo cuando a terminado de contarme algo tan importante.

Por lo menos sé que ellos sí son felices.

domingo, 10 de abril de 2011

Capítulo 19# Veneno.

Estoy cansada, lo admito. Pero valió la pena, la fiesta fue genial y el momento con Yerai perfecto. Después de aquel beso nos fuimos de allí, dejando a la gente disfrutar. Disimulamos, por supuesto, para que no nos pillaran, y fuimos a buscar a Luis y Candy para contárselo. Como habíamos acordado hace tanto tiempo.

Pero estaban desaparecidos, me imagino que hablando, si no me equivocaba. Por fin Candy se decidió a dar el paso, esperaba que le fuera bien y de todos modos iba a preguntarle sobre el tema durante el almuerzo.

Mientras tengo que soportar lo que queda de clase, pero estoy más atenta del colgante que rodea mi cuello, acariciándolo y sonriendo cada vez que leo esas palabras.
"Are you near my heart? No, you're in my heart, my Helena."


De vez en cuando miro a Yerai, y coincido con su mirada verde y alegre, pensando lo mismo que yo.
Por fin suena el timbre y yo me levanto, recogiendo mis cosas sin ninguna prisa, igual que él, cuando pasan Sara y Lucía por mi lado, mirándome mientras ríen por lo bajo. ¿Y a esas que les pasa ahora?
La clase se queda vacía y es cuando puedo de una vez mirar a Yerai sin disimulos.

-¿Preparado?
-Totalmente. Vamos -dice, yendo juntos hacia la salida, y dirigiéndonos al patio.

Pero algo va mal cuando caminamos hacia nuestra mesa. Las idiotas están ahí, frente a Luis sujetando una hoja de papel que él mira furioso, con las manos hechas puños. Candy está a su lado, tapándose la boca con la mano, totalmente sorprendida.
Eso me preocupa. Miro a Yerai, que está con cara de confusión.

Según vamos acercándonos me fijo más en lo que sujeta Sara, hasta que distingo lo que es; una foto de Yerai y mía, besándonos en mi fiesta de cumpleaños.
Así que ese era el ruido de anoche. Estamos en un buen lío. Los cuatro se dan cuenta de que estamos parados a pocos metros de la mesa, mirándolos sin saber que hacer.

-Luis, podemos explicarlo...Íbamos a contároslo...-comienza a decir Yerai.

Pero no le da tiempo a más. ya que mi amigo se levanta de la mesa, todavía con las manos en puños y acercándose muy rápido a Yerai. Se lo que va a pasar, pero no me da tiempo a pararlo antes de que Luis le de un puñetazo.

-¡Luis!

Sara y Lucía no paran de reírse, mientras Candy sujeta a Luis y yo sigo a Yerai, que se ha dado la vuelta entrando a uno de los pasillos del instituto. Tiene el labio inferior roto y le sangra un poco, pero tiene pinta de que va a acabar hinchado.

-¡Yerai espera!

No me hace caso hasta que se para en una fuente y comienza a lavarse la boca.

-¿Estás bien?
-Vete...
-Yerai pero...
-¡Que te vayas! -grita cabreado. ¿Qué es lo que le pasa? ¿Que le he hecho?
-¿Por qué?
-¡Todo esto pasó por tu culpa! ¡Tendríamos que habérselo dicho desde hace mucho!
-No puedes echarme la culpa de lo que ha pasado...

Recuerdo el día que me tatué, de como se cabreó. Pienso que es mejor dejarlo que se desahogue, y ya se le pasará, como la última vez.

-No quiero hablar más contigo. Vete, quiero estar solo.
-¿Dónde se han ido todas esas cosas bonitas y esos detalles que tenías conmigo? ¿Qué es lo que te ha pasado en estos cinco minutos? -no quería decirlo, pero no soporto las cosas que me esta diciendo.
-¿Alguna vez te dije "te quiero"? No recuerdo haberlo hecho. Y todo lo demás son cosas sin importancia.

Eso si me ha dolido. Las palabras duelen si se saben emplear, y las suyas han conseguido que mi pecho comenzará a dolerme, como si me faltara el aire y en vez de bombear sangre bombeara veneno, ácido sulfúrico que termina conmigo lentamente.

No lo reconozco, no se que es lo que le pasa, pero esta claro que no estoy hablando con el mismo Yerai de estos últimos dos meses. No puedo soportar las lágrimas, así que me voy de allí, dejándolo solo, y esperando que vuelva el chico al que conocí.

Capítulo 18# My Helena.

El último chico con el que he estado bailando ya se ha ido y yo estoy plantada en el mismo sitio, escuchando mi canción.

Tardo un rato en reaccionar y cuando lo hago salgo de la pista de baile hacia la mesa donde esta el Dj manejando todos esos aparatos. Pero allí no está él. Así que sigo buscándole, tiene que estar en algún lado. Cuando termino de mirar por toda la sala y voy hacia la terraza me encuentro con mis pesadillas. Sara y Lucía, que me cortan el paso.

-Bonita fiesta, felicidades. -dice Lucía, mirándome de arriba a abajo con una sonrisa forzada.
-Gracias...
-¿Tenías prisa? Vaya, esperamos no haber interrumpido nada.
-Sí, sería una pena molestar a la cumpleañera.
-Eh...Mirar tengo que irme, así que pasarlo bien en la fiesta y todo eso. Adiós.

Las dejó ahí plantadas, no pienso soportar ninguna de sus boberías. Ni siquiera tendrían que estar invitadas.

En la terraza solo hay una pareja, que se marcha de vuelta a la fiesta nada más entrar yo. ¿Dónde narices esta? Dudo que lo de la canción haya sido una coincidencia. Hace un poco de frío, será mejor volver a la fiesta ya que no hay señales de Yerai. Pero cuando me giro para volver me lo encuentro tan tranquilo apoyado en la pared, al lado de la cristalera, desde donde no se le puede ver fácilmente.

-¿Me has echado de menos? -sonríe.
-Bastante -sonrío, acercándome donde esta él para ocultarme de la gente de la fiesta- Pensaba que no aparecerías.
-No me perdería esto por nada del mundo. Estás perfecta.
-Gracias.

Demasiados agradecimientos dichos en una sola noche, pero este es el más especial de todos. Deja de mirarme para sacar una pequeña caja del bolsillo de su pantalón, que me coloca en la mano acompañada de una de sus increíbles sonrisas.

-La segunda parte de tu regalo. Ábrelo, espero que te guste.

Dudo un momento, acariciando la superficie de la caja. Al abrirla me encuentro un colgante plateado, con forma de corazón y unas palabras grabadas en él, encima de la forma de una rosa.
"Are you near my heart? No, you're in my heart, my Helena."


Una lágrima me resbala por la mejilla pero rápidamente me la limpia Yerai, dejando la mano en el lugar de la lagrima.

-Es precioso, muchas gracias.
-No tanto como tú, y no me lo agradezcas.

Me parece escuchar un ruido cerca de la puerta de la terraza, pero no hago caso, ya que en ese momento me besa, todavía acariciándome la mejilla. No me importa nada más, solo él y yo.


(Narra Candy)

La fiesta es perfecta, y Ari se lo estaba pasando muy bien la última vez que la vi. Me encantaba verla alegre por primera vez en uno de sus cumpleaños, pero no pienso estar encima suya toda la noche. No, ahora mismo lo que quiero es encontrar a Luis, para poder hablar con él y confesarle mi secreto de una vez.

Estoy un poco nerviosa no voy a negarlo, pero gracias a Ari y la conversación que tuve con ella ya no tengo miedo.
Por fin le encuentro, apoyado en una de las paredes, mientras bebe algo de su vaso. Esta guapísimo como siempre. Me acerco tímidamente.

-Luis, ¿podemos hablar un momento? Tengo que decirte algo.
-Si claro, dime.
-Llevo mucho tiempo queriendo contártelo, pero siempre me acobardaba. Pero creo que ya es hora de que lo sepas. Te quiero, me gustas mucho. Se que puede que no tenga muchas posibilidades contigo pero tengo que intentarlo. Bueno...ya lo dije. ¿Qué...piensas?

Capítulo 17# Fiesta de cumpleaños.

-Felicidades -dice Yerai, abrazándome por la espalda mientras yo termino de peinarme.

Sí, hoy sábado por la mañana, es mi cumpleaños. Ese día tan poco esperado por mí al fin ha llegado. Espero que él y mis amigos me lo hagan más llevadero.

-Gracias -sonrío.
-Tengo que irme a casa a hacer unas cosas, nos vemos esta noche en la fiesta ¿vale?
-De acuerdo, nos vemos allí.
-¿Qué harás durante el día?
-No sé, puede que hacer deberes.
-¿Deberes el día de tu cumpleaños? Cómo se nota que no te gusta hoy.

Me río y le doy un pequeño beso. Ayer, después de todo el día descansando y tomando algunas medicinas comenzó a sentirse mejor. Y yo lo agradecía, ya que él era el que conseguía que no me tirara de los pelos por los nervios.

-Anda, vete a hacer lo que tengas que hacer.
-Extráñame mucho, yo lo voy a hacer.
-Ya lo hago.



Un pitido. Dos. Otro más. Y por fin llego a coger el teléfono antes de que cuelguen. Las horas han pasado volando, ya son casi las diez de la noche y Candy no tiene que tardar mucho en venir a llamarme. Me he puesto el vestido que me regaló Yerai, me parece una buena ocasión para estrenarlo.

-¿Quién es?
-¡Felicidades cariño!
-Oh, gracias mamá. -es una gran sorpresa, ya que apenas tenía noticia suyas por culpa de su trabajo, y los echaba de menos.
-Espera que te paso a tu padre.

Mientras sigo por el teléfono pegado a la oreja llaman a la puerta. Parece que todo el mundo se ha puesto de acuerdo para llegar al mismo tiempo. Es Candy la que llama, ella también va con un vestido rojo que le queda genial, y una gran sonrisa que deja ver lo contenta que está por el trabajo que ha hecho estos últimos días.

-Hola cariño, muchas felicidades -dice mi padre a través del teléfono- Tenemos unos regalos para ti geniales, seguro que te van a encantar.
-Muchas gracias papá. ¿Ya sabéis cuando volvéis?
-Un día de la próxima semana, aunque no se sabe cual exactamente. Pero ya es seguro que volvemos. Tu madre esta como loca haciendo las maletas.
-Me imagino -contesto riendo. La hiperactiva de mi madre... -Tengo que colgar. Ha llegado Candy y nos vamos a una fiesta que me han preparado.
-Pasároslo bien, e ir con cuidado.
-Lo tendremos. Besos, os quiero.

Cuelgo y miro a Candy, que sigue con su sonrisa imborrable y mirándome de arriba a abajo. Espero que no me pregunte por el vestido, o me pondré más nerviosa.

-¿Preparada para tu fiesta de cumpleaños?
-Vamos allá. -le digo, cogiendo aire.

Llegamos a la fiesta acompañadas de Luis y entonces mis nervios se descontrolan. Entramos a la pequeña discoteca que esta a rebosar de gente.
Nada más verme empiezan a felicitarme, provocando que me vuelva loca intentando contestar a todas las felicitaciones.

-¡Pequeña!

Un enorme hombre atraviesa todo el grupo de jóvenes que hay enfrente mía y me abraza efusivamente. Rob.

-Felicidades pequeñaja.
-Gracias grandullón. Que bien que hayas venido.
-Me invitó Candy. Pero déjame verte. ¡Estas preciosa! Vamos, un baile juntos.

Las canciones pasan muy rápidas y yo cada vez bailo con un chico distinto. Rob, Luis, amigos de mi clase... Hay demasiada gente y yo quiero encontrar a Yerai, pero es bastante difícil.
De repente comienza a sonar una canción que reconozco enseguida.
Mi canción.
Helena.

lunes, 4 de abril de 2011

Capítulo 16# La mejor medicina.

Suena la alarma a las siete de la mañana, puntual como todos los días, y despertándome con su horrible pitido. Me acerco a la mesilla lo máximo que puedo para apagarla, aunque me cuesta un poco, ya que unos brazos me rodean.

Cuando consigo llegar al reloj y terminar con ese insoportable sonido me giro para despertar a Yerai, que sigue dormido tranquilamente.

-Dormilón, despierta que ya es la hora.
-Pff, no quiero.
-Venga o llegaremos tarde.
-Déjame dormir por favor, no me encuentro bien. Creo que estoy enfermo.

Y tiene razón. Sus mejillas, normalmente blancas, están ahora un poco sonrojadas, al igual que su frente. Le pongo una mano encima de su frente y le noto un poco mas caliente de lo normal.

-Tienes un poco de fiebre.
-Genial. Pff, mañana tu cumpleaños y yo así.
-No te preocupes. Ahora mismo llamo a Candy y le digo que no voy a clase, así puedo quedarme a cuidarte y haber si te pones mejor.

Empieza a quejarse pero con la fiebre y el sueño no consigue sujetarme antes de que marque el número en el móvil.

-Candy al habla, dime Lynzy.
-No voy a poder ir hoy a clase. tengo que ir..a hacerme unas pruebas al médico.
-¿¿Qué?? ¿No te pasará nada no?
-No, no, tranquila. -le digo observando a Yerai que se ha vuelto a quedar dormido- Son unas pruebas anuales.
-A vale, me habías asustado. Pues nada, ya me ocuparé yo de avisar de la fiesta a la gente que queda. ¡No se te ocurra ponerte enferma para la fiesta! ¡Te lo prohíbo!
-Jaja, Candy no controlo mi cuerpo.
-Bueno, yo te aviso.
-Pásalo bien en clase, nos vemos mañana.
-Adios guapa.

Pongo el móvil en silencio en cuanto la línea se corta. No pienso estar disponible para nadie en todo el día, sólo para Yerai.

Vuelvo a la cama y le acaricio la mejilla, provocando que abra un poco los ojos y me mire con su adorable, pero triste, cara de enfermito.

-¿Ya has llamado a Candy?
-Sí. Pienso estar todo el día contigo. ¿Qué te parece?
-Genial, gracias. -sonríe.

Incluso estando medio zombie es encantador y cariñoso. ¿Por qué no le conocí antes?

Si nos hubiéramos encontrado  hace mucho tiempo me hubiera ahorrado muchas malas situaciones, depresiones y demás.

Sí, soy muy propensa a depresiones. Según fui creciendo el número de estas fue bajando, ya que me acostumbré a no estar cerca de mis padres, una de las razones que me ha provocado muchas de ellas. Pero cuando era apenas una niña de trece años, cerca de los catorce, seguía siendo muy inocente y demasiado cría para estar sola. 
Muchas veces mis padres se asustaron porque mi estado tanto emocional como físico se agravara y tuvieran que ingresarme, y al final llegaban a la conclusión de que sería mejor que viajara con ellos, pero el médico les contradecía justificando que eso empeoraría las cosas.

Así que siempre acababa de la misma manera, encerrada en casa pasando las horas muertas hasta que la depresión desaparecía.

Pero con Yerai todo es distinto. Ya no recuerdo ni como se siente estar triste. Ahora es todo felicidad alrededor.
Se puede decir que él es la mejor medicina para mi ánimo que haya probado jamás.

Por eso no pienso dejarle solo, y menos en el estado en el que está.

Capítulo 15# Sin ganas de separarme.

 (Narra Yerai)

                                               "No stop signs, speed limit,
                                                Nobody's gonna slow me down,
                                                Like a wheel, gonna spit it,
                                                Nobody's gonna mess me 'round..."


Estoy en casa de Luis ayudándole con el trabajo de AC/DC. Yo me encargo de los vídeos para una pequeña presentación, mientras que él esta con el portátil tumbado en su cama y encargándose de buscar fotos y preparar textos que tendrá que leer en clase.


Para inspirarnos hemos puesto canciones del grupo en el reproductor, pero aunque mis manos estén atentas al trabajo que tienen que hacer mi cabeza esta en otro lado.
Quería haber estado toda la tarde con Ari, pero no ha podido ser.


-Tengo que hablar con Candy -me dijo sonriendo, intentando que me sintiera mejor.
-Joo -le abracé más fuerte, no quería que se fuera- Pero yo quiero que te quedes.
-Lo siento. Yo también quiero, pero ya he quedado con ella.


Me dio un beso corto y se me quedó mirando un buen rato con una mirada un poco triste.


-Nos vemos esta noche ¿vale?
-De acueerdo. Pasaré a recogerte.

Y se fue a su casa para después salir con nuestra amiga.

Y yo aquí, terminando un trabajo mientras canto por lo bajo unas canciones que yo me se tan bien. Por fin encuentro el último vídeo del grupo y a toda prisa lo uno al final de la presentación, dándole unos cuantos retoques para grabarlo a un DVD.

-Pues esto ya esta -le digo a Luis, pasandole el disco ya colocado en su caja y con un título puesto.
-Gracias tío, si no llega a ser por ti me muero. La informática no es lo mío. 
-¿Necesitas que te ayude con algo más?
-No, no. Ya puedo yo solo con lo que queda.

Perfecto. Recojo mis cosas y me despido del rubiales. Así es como suelo llamarle. Salgo de su casa y conduzco hasta el piso de Ari lo más rápido posible. Tener una llave de su casa viene muy bien cuando quedamos y ella tarda en llegar por sus asuntos o yo por mi trabajo.

Pero cuando entro no hay nadie. Empiezo a encender luces y me quedo plantado en el comedor, sin saber que hacer. Son las cinco y media según marca el reloj de la pared. Todavía es muy pronto, me da tiempo a prepararle una sorpresa.



Han pasado ya dos horas y estoy otra vez en el coche conduciendo hacia el parque para recoger a Ari y Candy, y he dejado la sorpresa preparada en el piso. 

Ya ha oscurecido y mucha gente, sobretodo chicos de mi edad, han salido a la calle para pasar el rato con sus amigos, por lo que me cuesta encontrar a las chicas cuando aparco frente a la entrada.

-¡Yerai! -oigo que me llaman.

Al girarme las veo venir hacia mí, atravesando un gran grupo de gente para poder llegar al coche, al que suben Ari en el asiento del copiloto y Candy detrás suya.

-Gracias por recogernos -dice Candy sonriendo.

Se le ve cambiada, más tranquila y desahogada. Pero no voy a ser un cotilla.

-Un placer, my ladies. ¿Qué tal la tarde?
-Muy bien, ¿qué tal tu con Luis?
-Ha quedado un trabajo perfecto. Si al rubiales no le ponen un diez me quejaré al profesor.

Llegamos a casa de Candy y se baja despidiéndose con un simple "hasta mañana", dejándonos a Ari y a mi solos durante el camino de vuelta.

-Estás muy callado.
-No tengo mucho de que hablar. -contesto sonriéndole - Te tengo una sorpresa.

Justo acabamos de llegar al aparcamiento enfrente de su piso y bajamos del coche, ella mirándome sorprendida.

-¿Una sorpresa?
-Sí, ya veras. 

Le cojo la mano, subimos a su pido y al abrir esta todo colocado tal y como lo dejé antes de irme. La mesa está preparada con una cena para dos personas, y en medio unas velas rojas. Toda una cena romántica. 
Y así es como pienso que va a ser cuando Ari me sonríe muy ilusionada y me da un beso de agradecimiento.

lunes, 28 de marzo de 2011

Capítulo 14# Secretos amorosos y otros pensamientos.

Faltan apenas dos días para mi cumpleaños, es decir, que sólo tengo hoy libre para hacer lo que quiera, ya que mañana hay que dar los últimos retoques y tenía pensado pasar el resto del tiempo con Yerai.
Así que hablé con él para decirle que esa tarde estaría con Candy. Digamos que sería, una tarde sólo de chicas.

-Podéis iros los dos a...ver una película, montar en bici o lo que sea -dice mi amiga a Luis y Yerai, ahora que es el almuerzo y estamos los cuatro juntos.

Ya le conté mi idea sobre estar toda la tarde con ella, pero claro, no sabe que cancelé mis planes con Yerai. Pero eso no importa, últimamente me la encontraba en las nubes o demasiado seria, algo extraño en ella, y me estaba preocupando.

Por eso pienso que no hay nada mejor que una charla entre amigas para aclararlo todo y encontrar soluciones a lo que le ronde la cabeza.

-Creo que paso -contesta Luis- Tengo que terminar un trabajo de música y me está costando mucho.
-¿Sobre qué es?
-tengo que buscar un grupo y poner información suya. Además de una pequeña presentación con vídeos y fotos. ¡Pero no encuentro ni uno sólo que valga la pena! My Chemical Romance, Queen, The Misfits...Todos esos ya están cogidos.
-¿Y ACDC? Es bastante bueno. ¿Qué digo bueno? Bueno es quedarse extremadamente corto. -contesta Yerai, mirando de manera extraña algo de su comida.
-No, creo que no...¿Sabes mucho sobre el grupo?

Mi ángel particular aparta el plato después de darle muchas vueltas y apoya la barbilla en la palma de la mano, sonriendo a Luis de manera pícara y despreocupada.

-¿Qué si se? Estás hablando con un fanático, amore. ¡Highway to hell!
-Entonces tenemos planes para esta tarde -contesta mi amigo rubio, riendo y el resto secundándolo pocos segundos después.


Las clases pasaron rápido y cuando llegué a casa me dí prisa por terminar mis tareas.
Cuando por fin terminé el gran montón de ejercicios de Biología, cerré el piso y fui a comprar un par de cosas para comer y beber estando con Candy, unos aperitivos.

Después fui a recogerla y ahora nos encontramos en el césped del parque, bebiendo cada una su lata de Monster Ripper.

-Bueno, piensas contarme que es lo que te pasa? -le miro, y ella a su vez mira el cielo, totalmente perdida en su mundo.
-No hay nada que contar.
-Candy, a mi no me hagas boba, te conozco mejor que a mí misma y sé que a ti te pasa algo. ¿No será que te gusta un chico verdad?

Sé que la he pillado cuando se sonroja y deja de mirar a las nubes para mirarse las manos.

-¿Dime quién es? ¿Lo conozco?
-Y tanto...
-¡Vamos Candy dímelo!
-De acuerdo, pero prométeme que no te enfadarás.
-¿Por qué debería hacerlo?
-Porque quien me gusta es tu amigo desde los cinco años.

Me quedo con la boca abierta, practicamente. Estoy totalmente sorprendida, es increíble. Nunca creí que eso fuera posible. ¡Pero si se la pasaban discutiendo todo el día! Algunas veces llegué a pensar que acabarían arrancándose la cabeza.
Ahora me doy cuenta de cuanta razón tiene la frase "Los que se pelean, se desean."

-¿De verdad te gusta Luis? ¿Por que no me lo dijiste antes?
-Dios, Ari ¡es obvio! Me da vergüenza, me gusta demasiado.
-Entonces ese es el porque de que estuvieras siempre en las nubes estos días ¿eh? -río, dándole un codazo amistoso para relajar un poco el ambiente.
-No es sólo eso. Pensé en que ya es hora de contárselo, aunque no estoy segura.

No puedo aguantar las ganas y la abrazo fuerte. Acaba de provocar que mi lado fraternal salga a flote. ¿Cómo puede ser tan atrevida algunas veces y tan adorable otras? Es inexplicable, pero el amor hace cambiar mucho a las personas.

-Sea para lo que sea, cuenta con mi ayuda. Te apoyaré en todo, y te deseo mucha suerte cuando se lo cuentes a Luis. Me alegra mucho que te hayas fijado en él.

Finalmente ¿quién mejor para Candy que un chico cariñoso y atento como mi mejor amigo? No hay nadie mejor que él para ocupar ese puesto.

viernes, 18 de marzo de 2011

Capítulo 13# Siempre.

Tranquilidad, absoluta tranquilidad es lo que siento en estos momentos después del ajetreado día de ayer.

Después de enseñarme la mini-discoteca comenzamos a colocar los decorados, que como imaginé eran demasiados, y a continuación miles de llamadas para pedir las bebidas y avisar a la gente de la fiesta.

Si alguien pensaba que sería de manera tradicional, con la invitación en papel, estaba más que equivocado. Candy nunca hace algo de manera tradicional.

Y ahora por fin puedo respirar tranquilamente en mi sofá y sin ninguna preocupación, aunque quedan apenas cuatro días para mi cumpleaños.

“Que se le va a hacer.”

Suena el timbre.

-Oh vamos, ¿es que no puedo desconectar del mundo real ni un minuto?

Me dirijo a la puerta y cuando abro no encuentro a nadie, pero en el suelo hay un paquete envuelto en papel rojo con una nota. Miro hacia todos lados pero no veo a nadie por los alrededores, así que recojo el paquete y entro de nuevo en el piso, cogiendo la nota y colocando el misterioso regalo en la mesa del comedor.

“Estuve hablando con Candy y me dijo que no te gustan los regalos, pero yo pienso que te mereces uno muy grande. Esto es solo la primera parte, pero espero que te guste. No puedo quedarme para ver que te parece pero vendré esta noche. Con cariño, Yerai.”


No tendría que haberse molestado en comprarme nada. Pero también tengo que admitir que es un regalo precioso.

Me contemplo en el espejo admirando la forma en la que el vestido plateado con adornos negros se ajusta a mi delgada figura.
Llega por la mitad del muslo y está compuesto de dos partes: la falda que cae en volantes de tela fina con los bordes en negro mientras que la parte de arriba es un corsé sin mangas con las cintas del pecho también en negro.

Me encanta, pero si eso es solo la primera parte del regalo no quiero saber que más hay. No soporto la idea de que alguien se gaste dinero en mí, y menos Yerai.


Pasa una hora en la que yo preparo algo sencillo para cenar, para dos, y suena el timbre cuando termino de colocar un par de cosas en la mesa.

-Hola –le sonrío  al abrirle la puerta.
-Hola –me corresponde la sonrisa- ¿Te gustó el regalo? –pregunta mientras entra en el piso y se quita la chaqueta.
-Es precioso, no tendrías que haberte molestado.
-Ts, ts, ts. –niega con un dedo cogiéndome por la cintura- Es tu cumpleaños, quería regalarte algo. Además eso no es lo único.
-¿Qué mas hay?
-Lo sabrás a su debido momento –me da un pequeño beso en la punta de la nariz.

Después de cenar nos tumbamos abrazados en el sofá a ver la tele, pero al cabo de un rato él extiende el brazo para coger el mando y apagarla. Me pregunto que le pasará.

-Quiero hablar contigo –dice con tono serio.

Empiezo a tener miedo. ¿Qué querrá hablar? ¿Por qué esta tan serio? ¿Qué es lo que va a ocurrir?

-Si, claro… Dime-me giro para poder verle la cara y me lo encuentro con la vista perdida y el ceño fruncido.

Mi preocupación aumenta al verle y comienzo a ponerme nerviosa.

-¿Estas bien? –le digo cogiéndole la mano al ver que no dice nada.
-Sí, sí… Es solo que llevo todos estos días comiéndome la cabeza y necesito decírtelo.
-Me estás asustando, ¿qué es lo que pasa?
-Estoy preocupado…
-¿Por qué?
-Porque me preocupa que te alejes de mí.

Respiro mucho más tranquila después de oír eso y me sonrío a mi misma, cosa que a él le confunde y por eso pregunta:

-¿Te hace gracia?
-¡No! Claro que no. Es que pensaba que eras tú el que quería irse de mi lado, estabas muy serio y me preocupé. ¿Por qué piensas eso?
-Bueno…Tú me quieres, me lo dijiste en el parque. Pero yo no te dije lo mismo por que…bueno, no es lo que siento. ¡No me malentiendas! Te tengo un gran cariño, y me encantaría sentir por ti más de lo que siento ahora. Pero me está costando, soy muy inseguro. Ya me hicieron daño una vez y no quiero que me pase otra. Sé que no me harías daño pero es difícil dejar malos hábitos.

Sonrío y me acerco a él, besándole lentamente y acariciándole la mejilla, tranquilizándole y quitándole preocupaciones de la cabeza.

-Escúchame –le contesto separándome apenas unos milímetros de él- Que estés conmigo y me tengas cariño es suficiente para mí. No quiero presionarte, ni agobiarte. ¡Nada de eso! A mi no me importa el tiempo que tardes en llegar a quererme. Yo siempre estaré aquí.
-No sabes el peso que me quitas de encima –suspira sonriendo de nuevo.

Nos fundimos en un beso cariñoso y apasionado pero le paro antes de que eso pase a más, puesto que cada vez que me toca de esa manera no puedo concentrarme en otra cosa.

-Yo también tengo que decirte algo.
-No será malo ¿no?
-No. He estado pensando…en que sería mejor contarle esto a Luis y Candy. No es bueno seguir ocultándolo más, me siento culpable.
-Yo también he estado pensando en eso, creo que sería lo mejor. Lo malo es no saber como se lo tomarán.
-¿Qué tal si se lo decimos el día de mi cumpleaños? Creo que es una buena ocasión.
-¡Sí! Es una buena idea. Pues se lo diremos –sonríe- y así no hará falta volver a esconderse.

Y felices volvemos a sumirnos en nuestro pequeño mundo, uniendo nuestras bocas en un feroz beso en el que pronto participan nuestras lenguas, ansiosas por saborear del otro. Pasa lento el tiempo, pero eso no impide que la pasión deje de aumentar.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Capítulo 12# "¿Te quedarás conmigo?"

-Candy. ¡Candy para! ¡Me vas a arrancar el brazo!
-¡Es que quiero enseñártelo ya! Estoy tan nerviosa, seguro que más que tú, y debería ser al revés.
-Sabes que para mí es como cualquier otro día, no se porque te molestas tanto en preparar tantas cosas.
-¡Por que es tu cumpleaños! Diez y siete años no se cumplen siempre.
-Ni los diez y seis, los quince, los sesenta… No tiene nada de especial.
-Da igual, la fiesta se va a celebrar de todos modos, y a lo grande, te guste o no.

Sigue arrastrándome por la calle hasta pararse frente a un edificio enorme, un hotel, que según marca la placa con el nombre tiene cuatro estrellas. Me quedo con la boca abierta. ¡¿Cuatro estrellas?! ¡¿Es que se ha vuelto loca?!

-No te quedes ahí parada, ¡vamos!

La carrera continua, esquivando a gente con pinta de tener dinero suficiente para vivir entre lujos el resto de su vida sin mover un dedo.
Después de entrar en el ascensor, Candy pulsa el botón del piso donde se va a celebrar el cumpleaños.

Mi cumpleaños, el que yo no quiero celebrar desde muy pequeña. ¿Qué tiene de especial cumplir años si lo único que ocurre es que te vuelves más viejo?

Llegamos al piso y siguiendo los apresurados pasos de mi amiga atravieso una puerta marcada con el número 311.
La habitación es enorme. Bueno, no puede considerarse una habitación, más bien es una discoteca encogida.
A la derecha se encuentran un par de barras que ocupan toda la pared, y que el no esperado día estarán preparadas para recibir a cualquier invitado “sediento”.
Al lado contrario debajo de unos soportes de luces se encuentra un equipo de música tan complejo que sólo un Dj puede manejarlo.
Y en el centro la gran pista de baile, que ocupa casi toda la habitación, menos algunos rincones donde hay colocados algún que otro sofá.

La pared que se encuentra enfrente de la puerta es la mayor parte un cristal corredizo que deja ver la espectacular vista del resto de la ciudad al salir a la terraza.

-Vale… ¿cómo has conseguido el dinero para todo esto?
-No ha costado prácticamente nada. Nos hicieron un descuento por contratar camareros y al Dj.

Lo que me imaginaba.

-Candy te has pasado, no es necesario todo esto.
-Pues claro que es necesario. Va a venir mucha gente, en cualquier otro lado no hubiéramos cabido todos.
-¿Cuánta gente? –nerviosa.
-Toda tu clase, más algún que otro amigo del instituto y demás. No te estreses, está todo controlado.
-Ya lo veo.

Suelto todo el aire de mis pulmones. Esto va a ser horrible.
Siempre he sabido que Candy no dejaría ni uno de mis cumpleaños sin celebrar, pero nunca pensé que en uno de ellos fuera a montar algo como esto. Esto es demasiado para mí.

-Hola chicas –aparece Luis por la puerta con una gran sonrisa.
-Luis ¿dónde están los decorados? –gruñe mi amiga. Cuando quiere que algo salga perfecto puede llegar a ser muy exigente.
-Los trae Yerai. Esta en el ascensor peleando con la caja, tendríais que verle –ríe- ¿Te gusta como esta quedando todo, Ari?
-Es excesivo.
-Bah, tu ni caso, no sabe apreciar el trabajo bien hecho –comenta Candy justo cuando Yerai aparece por la puerta haciendo malabares con una caja.
-¡Ayuda por favor!

Corremos a ayudarle con la gran caja que resuena y pesa bastante. No quiero saber la cantidad de adornos que contiene.

-No tienes muy buena cara –comenta Yerai una vez librado de peso y pudiendo respirar normal.
-Todo esto puede conmigo…¡Ni siquiera quiero una fiesta! –grito desesperándome completamente.

No me he dado cuenta de que Luis y Candy se han apartado hacia el equipo de música y charlan, supongo, sobre la música que se pondrá el no-esperado día.
Por lo menos puedo desahogarme tranquila sin tener que pasar un mal trago con las quejas de mi amiga.

-Parece que le tuvieras fobia a las fiestas.
-Se puede decir que así, las detesto. Tanta gente me pone nerviosa, y más el echo de que van a estar pendientes de mí. Mis nervios no pueden soportarlo.
-Ey tranquila –sonríe acariciando mi hombro de forma amigable con la intención de tranquilizarme- Siempre puedes estar cinco minutos y largarte.
-¿Y arriesgarme a que Candy me retuerza el precuezo? No se que es peor –sonrío un poco- Pero gracias por intentarlo.

Se encoje de hombros y coloca sus manos en los bolsillos distraídamente.

-Ya encontraremos alguna manera de que no te de un infarto el día de la fiesta. Aunque están trabajando un montón para terminar todo a tiempo, se nota que les importas mucho. Piénsatelo, quizás una fiesta no sea una idea tan mala después de todo.

Quizás tenga razón y una fiesta no sea tan mala. Pero también es verdad que no soy capaz de vencer mi miedo a las fiestas y calmar mis miedos.

“Querido príncipe, ¿cómo consigues que me sienta tan tranquila en momentos como este? ¿Te quedarás conmigo también si algo ocurre o tendré que enfrentarme a todo yo sola? Sea cual sea el futuro inmediato que esté por llegar.”