miércoles, 2 de febrero de 2011

Capítulo 3# Ángel.

Doy un pequeño brinco de la sorpresa y miró al dueño de los ojos marrones que han conseguido que durante el almuerzo estuviera en las nubes y Luis se mosqueara conmigo.

-Lo siento ¿te he asustado? –sonríe con una sonrisa increíblemente adorable. Imposible, es demasiado perfecto, algo tiene que fallar en él, seguro.- Me llamo Yerai, ¿y tu eres?
-Em…Soy Ari –me giro intentando, pero sin conseguirlo, no sonrojarme.
-Encantado Ari. ¿Ese es tu nombre o es un apodo?
-Un apodo –digo casi en un susurro mientras sigo colocando mi taquilla.
-Me parece que contradices a tu camiseta. Te has aliado con el enemigo –ríe- ¿Es que te doy miedo? Tranquila, no muerdo. ¿Entonces, como es tu nombre?

Me giro tímidamente cerrando la taquilla y sonrío.

-Mi nombre es Ariadna, pero prefiero que me llamen Ari.
-Bonito nombre –sonríe y yo vuelvo a quedarme embobada mirándolo- Bueno como ya te habrás dado cuenta soy nuevo y estoy un poco perdido. ¿Tú me enseñarías el instituto y la ciudad?
-Podría enseñarte el instituto pero tendría que ser en otro momento, o llegaremos tarde a clase.

“¿De verdad he dicho yo eso? ¿Yo? ¿La que siempre llega tarde a todo?”

-Bueno…-se apoya en la taquilla mirando al techo- siempre podemos irnos. Por lo que he visto no seríamos los únicos y dejaríamos lo del insti para otro día. –me sonríe sin dejar de mirarme- Me gustaría conocer lugares bonitos de esta ciudad…con la mejor compañía.
-No se…

“Dios Ari ¿que te pasa? ¡Míralo! ¡Te está pidiendo escaparse del resto de clases contigo!”
“¿Pero y si lo que le dije a Candy es verdad? No estoy segura…”
Mi parte racional peleaba contra la parte sentimental y yo cada vez estaba más confundida.

-Si no quieres no importa…Ya me las apañaré yo solo, quizás no me pierda si voy con cuidado…

Puso una cara de inocente que hizo que me derritiera y al final la parte racional perdió.

-¡No! Es decir…No me importa perderme las clases… -me sonrojo- Esta ciudad no es muy grande pero hay muchas calles…

Me muerdo el labio cada vez más nerviosa. Tengo miedo de decir algo estúpido y quedar en ridículo delante de este…ángel. Sí, ángel es la palabra perfecta para describirle.

-Entonces todo aclarado –sonríe colocándose a mi lado- ¿Por donde empezamos?




Salir al lado del chico nuevo atrajo más de una mirada. Puede que sea bastante tímida pero podría volver a ver las caras de envidia de Sara y Lucía, las estúpidas populares del instituto, mil veces y no aburrirme.
Y ahora me encontraba tranquilamente sentada al lado del ángel comiéndonos un helado mientras el resto de mis compañeros estarán viendo uno de los aburridos documentales del profe de Ciencias.

-Mmmm, tenías razón, el helado de pistacho está de muerte. –dice él y yo me río al ver su cara.
-Te has pringado todo –digo sin parar de reírme.

Si pensaba que alguien distinto de Luis o Candy iba a poder cambiar mi lado tímido y volverme habladora estaba totalmente equivocada.

-Mierda –él también se ríe mientras se limpia la cara y se queda mirándome- Bueno, cuéntame algo de ti, no se…¿cuántos años tienes?
-¿No sabes que eso es lo último que se le pregunta a una mujer?
-Ah claro, por eso las chicas se cabreaban conmigo –ríe a carcajadas tirando el poco helado que le quedaba- ¿Tienes hermanos? ¿Perros? Eso sí lo puedo preguntar.
-Soy hija única. Y me encantan las mascotas pero vivo en un piso, no hay mucho espacio y no tengo tiempo con los estudios.
-Comprendo. ¿Ves? Ya sé algo más de ti.
-¿Y tu? Parece que sólo quieres hablar de mí, háblame de ti.
-También soy hijo único, pero tengo dos perros y me hacen tanta compañía como un hermano –sonríe.
-¿No tienes ningún mejor amigo?
-Tuve que dejar a todos mis amigos en la ciudad donde vivía –se encoje de hombros mirando a la gente pasar- Son cosas que pasan.

Me quedo pensando en lo que tiene que ser dejar toda una vida detrás tuya, tantos años, amigos… Todo perdido con una simple mudanza.

-Y bien… -vuelvo a la tierra y le miro a sus preciosos ojos- ¿Tu tienes novio?

Bajo la mirada más que sonrojada y digo lo bastante alto para que él lo escuche:
-Se me hace un poco tarde, tengo…Tengo que irme a casa.
-Lo siento si dije algo que te molestara.

Me levanto cogiendo la mochila sin mirarle.

-No, es solo que…Nada, no importa.
-Puedo acompañarte si quieres.
-No gracias, prefiero ir sola.

Y sin decir una sola palabra más me giro y voy a toda prisa hacia mi piso con el corazón en un puño.

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