domingo, 6 de febrero de 2011

Capítulo 4# Malas noticias.

Lo difícil no fue llegar a casa, lo difícil fue distraerse en casa.
Estaba acostumbrada a las decepciones, pero siempre me confiaba pensando “este va a ser distinto”. No, no era distinto, era como el resto de los tíos. Los conoces, se te acercan para ser amables un momento, aprovecharse y no volver a mirarte.

“Estúpida, estúpida, estúpida. ¿Cómo pudiste caer? Te creía mas sensata Ari.”

Suspiro. Candy tenía razón, estaba trastornada, pero por culpa de esos ojos verdes. Tenia que sacármelos de la cabeza antes de volverme loca. Sabía que no sería capaz.

-¡Arg! –me levanto del sofá pasándome  las manos por el pelo- ¡Maldita la hora que acepté irme contigo!

Suena el timbre, grito un “¡Voy!” y recojo todo lo rápido que puedo el salón antes de abrir.

-Hola hola –me sonríe Candy desde la puerta- Me pasé por aquí ya que no apareciste a la salida de las clases y me preocupó que te hubiera podido pasar algo.
-Pasa –le dejo entrar y vuelvo al sofá donde me tumbo a mirar el techo- No me pasó nada, solo que… no me encontraba bien y  decidí venirme a casa.

Se coloca delante de mí con su cara a pocos centímetros de la mía examinándome detenidamente.

-¿Estás segura? No suena muy convincente.
-De verdad, te lo prometo, me sentía mal y me vine. No pasó nada más. ¿Quieres quedarte a dormir esta noche?
-¡Eso está hecho! En verdad venía con esa idea, para hacerte compañía un rato. Y como sé que no eres una genio en la cocina pedí una pizza antes de venir, debe estar al llegar.

Me levanto abrazándola. Cuando dije que no podía vivir sin Candy era absolutamente cierto. No hay ni un solo detalle que se le escape y por eso me compensa, por que yo soy un auténtico desastre.

-De nada, de nada. –ríe abrazándome- Oye, ¿tienes el móvil en silencio? Porque está iluminado.
-Será algún mensaje de publicidad.
-Yo lo miraría por si las moscas. Voy a preparar palomitas, he traído unas pelis.
-Okay –cojo el móvil, mientras ella desaparece dentro de la cocina, y miro los seis mensajes.

Todos son de llamadas perdidas, cinco de ellos de un número desconocido. El último es de mi padre. Uf, no le va a gustar nada que no le haya contestado. Le llamo y me lo coge al segundo toque, pero quién responde es mi madre:

-Hola cariño ¿qué tal el primer día de clase?
-Hola mamá. Pues bien, como todos los años.
-Hmm, pareces deprimida, ¿está todo bien? Si necesitas algo puedo pedirle a Carmen que se pase a echarte un vistazo.
-No creo que Carmen sea la más indicada, será una gran amiga vuestra pero no me gusta la idea de que una abogada “me eche un vistazo”.
-Está bien –dice ella mientras no para de reir- pero sabes que me preocupo, con tanto viaje casi no nos vemos.
-Lo sé, pero no es culpa tuya. Además volvéis dentro de poco.
-La verdad es que no cariño. Nuestro viaje se va a alargar un tiempo.
-¿¿¿Qué??? Pero… -confundida- Dijisteis que volveríais en dos semanas como mucho.
-Lo siento, pero el trabajo es así.
-¿Cuánto más vais a estar de viaje? –se nota lo decepcionada que estoy y mi madre también se da cuenta.
-Se ha atrasado la vuelta hasta dentro de dos meses y medio. Si hay suerte y las reuniones con el resto de las empresas salen como está planeado estaremos de vuelta mucho antes.
-¡Dos meses! ¡Pero eso es mucho tiempo! ¿Y los planes que teníamos preparados?
-A tu padre y a mí tampoco nos gusta tener que cancelarlo todo pero no podemos hacer nada.
-Esperaba poder teneros aquí por mi cumpleaños…
-Todavía queda casi mes y medio para tu cumpleaños, seguro que tenemos suerte y conseguimos ir. De todos modos te vamos a adelantar tu regalo, mira tu fax.
-De acuerdo…- voy al fax y veo una hoja con unos pocos párrafos. La cojo leyéndola y entonces me doy cuenta de lo que es- ¿de verdad? ¿de verdad me dais permiso?
-Pues claro que sí cariño. Desde que te emancipaste tu padre y yo nos hemos dado cuenta de que te has vuelto muy responsable. Sabíamos las ganas que tenías y por eso decidimos darte la autorización.

Cuando me emancipé, no lo hice por una mala relación con mis padres, si no por que ellos al viajar mucho tenían que dejarme a cargo de alguien y no había ningún tío o abuelo que pudiera hacer esa tarea. Desde entonces vivo sola, tengo piso y moto propias. Pero no siempre me dejaban todos loa caprichos que quería aunque estuvieran lejos. Por eso me sorprendió mucho que me dejaran tatuarme, siempre les pareció una locura.

-Gracias mama, esto me alegra un poco. Dale las gracias también a papa.
-Se lo diré cariño, ten mucho cuidado ¿vale? Volveremos lo antes posible.
-Os echo de menos –tenía que decírselo, creía que iba a reventar y, aunque sabía que era imposible, esperaba poder conseguir que volvieran antes.
-Nosotros también a ti. Te avisaremos su hay novedades. Te quiero mucho, cuídate.
-Adiós, os quiero –y se cortó la línea.

Y yo estoy ahí, parada, mirando la autorización deseando que todo hubiera sido una broma de mal gusto. Eran casi tres meses… Deberían volver dentro de dos semanas… No podía estar más deprimida.

-¿Qué es lo que ocurre? –Candy me mira desde la puerta de la cocina sosteniendo un gran cuenco de palomitas.
-Mis padres no vuelven hasta dentro de tres meses –suspiro-
-Oh vaya…Pero no te desanimes, a ellos tampoco les gusta la idea de estar tanto tiempo separados de ti.
-Lo sé. Dejémoslo estar, ¿Qué pelis has traido?

Me sonríe al ver como dejo de preocuparme y prefiero distraerme.
Cuando por fin llegó la pizza nos tumbamos a ver Pesadilla en Elm Street hasta que tuvimos el sueño suficiente para irnos a la cama. Esperaba que un buen descanso me animara un poco por la mañana.

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