miércoles, 23 de febrero de 2011

Capítulo 9# ¿Por cuánto tiempo?

Los días pasan despacio pero sin parar, y con ellos las semanas. Luis había puesto pegas cuando se enteró de que Yerai vendría con nosotros pero no volvió a decir nada, aunque se le veía molesto en muchas ocasiones.
Candy seguía feliz en su pequeño mundo y desaparecía de vez en cuando, sin dar explicaciones, o le veíamos con un montón de gente en susurros. Susurros que terminan en cuanto aparezco yo y que empiezan a alimentar mis sospechas y preocupaciones.

En cuanto a Yerai y yo, nos vemos en secreto como acordamos. Vamos con mucho cuidado, encontrándonos en sitios donde no haya peligro de que alguien conocido pueda descubrirnos.
Pero las cosas no son tan fáciles como parecen, no puedo soportar estar a su lado sin estar nerviosa. Cada poro de mi piel pide a gritos tocarle, acariciarle… Y siempre que me mira, desde el otro extremo en la mesa del recreo o desde su asiento en clase, parece estar pensando lo mismo.


-Bien, durante un par de clases vamos a estudiar a uno de los personajes más importantes de la historia, Cristóbal Colón. ¿Quién podría decirme algo sobre él? –dice la profesora de Historia, Teresa, mientras recorre los pasillos entre las mesas.
-¿Colón no es una marca de detergente? –comenta el típico despistado de clase.

Todo el mundo comienza a reírse mientras la profesora se lleva una mano a la cara mordiéndose el labio, totalmente desesperada como lo estaría cualquier maestro que tuviera que escuchar ese tipo de respuestas de alumnos de primero de bachillerato.

-Lo que vamos a estudiar no tiene nada que ver con detergentes. –ríe Teresa- ¿Alguien más?

Levanto la mano antes que algunos que aún siguen perdidos después del comentario del otro compañero.

-Ari, aclara estos pequeños cerebros.
-Colón descubrió América, con la ayuda económica de los Reyes Católicos.
-¡Muy bien! ¿Pero que más pasó gracias a él? Por ejemplo…Óscar.
-No lo se…
-¿Yerai?
-Que llegaron nuevos productos a España: especias, tabaco, tomates…Además del oro.
-Exacto. Por favor ir tú y Ari a por el mapa del mundo, va a hacernos mucha falta.

Salimos los dos lo más separados posible y caminamos hacia el aula que se usa para guardar todo el material. Una vez cerrada la puerta Yerai me sujeta con un brazo contra él mientras me acaricia le mejilla lentamente, provocando un cosquilleo muy agradable en mi piel.

-Pensaba que me iba a volver loco –sonríe.
-¿Ah, si? ¿Y por que? –le correspondo la sonrisa juntando mis manos detrás de su cuello.
-Porque tengo a una preciosidad muy cerca pero no puedo tocarla, solo mirarla, como si fuera un obra de arte.

Sus palabras provocan que no sea capaz de controlar mi sonrojo, lo que hace que él sonría más. Y entonces llega el ansiado beso, tan dulce como el resto pero más ardiente, como si yo fuera un droga de la que le hubieran privado pero no pudiera renunciar a ella por propia voluntad.
Mi piel arde en contacto con la suya y poco a poco empieza a faltarnos el aire, pero me niego a renunciar a esta gran sensación que me invade.

Le abrazo más fuerte pasando una de mis manos por su pelo y él parece darse cuenta de que no quiero que me suelte, porque mantiene sus brazos alrededor de mí como una jaula de hierro.

Nunca me había sentido tan bien. Nunca. Y mucho menos he estado así gracias a alguien. Siempre acababa preguntándome si alguna vez encontraría a la persona que consiga hacerme reír y sonreír de una manera distinta a la que consiguen Luis, Candy o mis padres. Por fin la encontré, y espero que sea por mucho tiempo.

Se oye un ruido procedente de la puerta acompañado por una voz demasiado aguda y repulsiva:

-¿Yerai? ¿Estas ahí?
-Mierda –dice él mientras nos separamos rápidamente antes de que la puerta se abra apareciendo detrás de ella Lucía- Estoy aquí, ¿Qué quieres?

Tenía que ser Lucía. Una de las más populares en el instituto, y además con una gran fama de cotilla. Ella y Sara con el centro de atención de todo el mundo, y con razón. Morenas, delgadas, de estatura normal…y con dinero, todo lo que la mayor parte de los tíos desean.

-Me mandaron por que tardáis mucho en ir a clase –dice Lucía con un tono nada cordial al usar el plural.
-Tuvimos que apartar muchos trastos –dice entre dientes Yerai mientras coge el gran tubo del mapa y se lo echa al hombro saliendo por la puerta.

Le sigo acompañada de Lucía y su mirada despectiva que, sin duda, es para mí. Pero pronto se cansa de mirarme de ese modo sin obtener ninguna respuesta y comienza a hablar con Yerai.

-¿No necesitas ayuda?
-Puedo perfectamente, gracias.
-¡Entonces que fuerte estas! ¿Vas al gimnasio? Cualquier chico envidiaría tus músculos.

Me equivoco, no habla, flirtea. Tengo unas ganas terribles de gritarle unas cuantas palabras. Pero no puedo, si Lucía se entera de lo que ocurre entre Yerai y yo tardaría menos de cinco minutos en contárselo a todo el mundo. Aunque si intenta ligar con Yerai para hacerme rabiar, lo está consiguiendo.

“No puedes decir nada, piensa en tus amigos.”
Por esta vez consigo calmar mi rabia pero… ¿Por cuánto tiempo? Si vuelve a ocurrir una situación parecida ¿seré capaz de controlarme?

4 comentarios:

  1. a me encanta *-* ay quiiero mas, mas mas jajajaja
    buueno escribe muy bien me encanta

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  2. Jaja estoy escribiendo el 10.
    muchas gracias!! Recomiendaselo a algún amigo si quieres ^^

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  3. jeje si se lo dijo a mi hermana y se lo diré a una amiga ahora jejej enserio el 10 me ha encantado también

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