miércoles, 9 de marzo de 2011

Capítulo 12# "¿Te quedarás conmigo?"

-Candy. ¡Candy para! ¡Me vas a arrancar el brazo!
-¡Es que quiero enseñártelo ya! Estoy tan nerviosa, seguro que más que tú, y debería ser al revés.
-Sabes que para mí es como cualquier otro día, no se porque te molestas tanto en preparar tantas cosas.
-¡Por que es tu cumpleaños! Diez y siete años no se cumplen siempre.
-Ni los diez y seis, los quince, los sesenta… No tiene nada de especial.
-Da igual, la fiesta se va a celebrar de todos modos, y a lo grande, te guste o no.

Sigue arrastrándome por la calle hasta pararse frente a un edificio enorme, un hotel, que según marca la placa con el nombre tiene cuatro estrellas. Me quedo con la boca abierta. ¡¿Cuatro estrellas?! ¡¿Es que se ha vuelto loca?!

-No te quedes ahí parada, ¡vamos!

La carrera continua, esquivando a gente con pinta de tener dinero suficiente para vivir entre lujos el resto de su vida sin mover un dedo.
Después de entrar en el ascensor, Candy pulsa el botón del piso donde se va a celebrar el cumpleaños.

Mi cumpleaños, el que yo no quiero celebrar desde muy pequeña. ¿Qué tiene de especial cumplir años si lo único que ocurre es que te vuelves más viejo?

Llegamos al piso y siguiendo los apresurados pasos de mi amiga atravieso una puerta marcada con el número 311.
La habitación es enorme. Bueno, no puede considerarse una habitación, más bien es una discoteca encogida.
A la derecha se encuentran un par de barras que ocupan toda la pared, y que el no esperado día estarán preparadas para recibir a cualquier invitado “sediento”.
Al lado contrario debajo de unos soportes de luces se encuentra un equipo de música tan complejo que sólo un Dj puede manejarlo.
Y en el centro la gran pista de baile, que ocupa casi toda la habitación, menos algunos rincones donde hay colocados algún que otro sofá.

La pared que se encuentra enfrente de la puerta es la mayor parte un cristal corredizo que deja ver la espectacular vista del resto de la ciudad al salir a la terraza.

-Vale… ¿cómo has conseguido el dinero para todo esto?
-No ha costado prácticamente nada. Nos hicieron un descuento por contratar camareros y al Dj.

Lo que me imaginaba.

-Candy te has pasado, no es necesario todo esto.
-Pues claro que es necesario. Va a venir mucha gente, en cualquier otro lado no hubiéramos cabido todos.
-¿Cuánta gente? –nerviosa.
-Toda tu clase, más algún que otro amigo del instituto y demás. No te estreses, está todo controlado.
-Ya lo veo.

Suelto todo el aire de mis pulmones. Esto va a ser horrible.
Siempre he sabido que Candy no dejaría ni uno de mis cumpleaños sin celebrar, pero nunca pensé que en uno de ellos fuera a montar algo como esto. Esto es demasiado para mí.

-Hola chicas –aparece Luis por la puerta con una gran sonrisa.
-Luis ¿dónde están los decorados? –gruñe mi amiga. Cuando quiere que algo salga perfecto puede llegar a ser muy exigente.
-Los trae Yerai. Esta en el ascensor peleando con la caja, tendríais que verle –ríe- ¿Te gusta como esta quedando todo, Ari?
-Es excesivo.
-Bah, tu ni caso, no sabe apreciar el trabajo bien hecho –comenta Candy justo cuando Yerai aparece por la puerta haciendo malabares con una caja.
-¡Ayuda por favor!

Corremos a ayudarle con la gran caja que resuena y pesa bastante. No quiero saber la cantidad de adornos que contiene.

-No tienes muy buena cara –comenta Yerai una vez librado de peso y pudiendo respirar normal.
-Todo esto puede conmigo…¡Ni siquiera quiero una fiesta! –grito desesperándome completamente.

No me he dado cuenta de que Luis y Candy se han apartado hacia el equipo de música y charlan, supongo, sobre la música que se pondrá el no-esperado día.
Por lo menos puedo desahogarme tranquila sin tener que pasar un mal trago con las quejas de mi amiga.

-Parece que le tuvieras fobia a las fiestas.
-Se puede decir que así, las detesto. Tanta gente me pone nerviosa, y más el echo de que van a estar pendientes de mí. Mis nervios no pueden soportarlo.
-Ey tranquila –sonríe acariciando mi hombro de forma amigable con la intención de tranquilizarme- Siempre puedes estar cinco minutos y largarte.
-¿Y arriesgarme a que Candy me retuerza el precuezo? No se que es peor –sonrío un poco- Pero gracias por intentarlo.

Se encoje de hombros y coloca sus manos en los bolsillos distraídamente.

-Ya encontraremos alguna manera de que no te de un infarto el día de la fiesta. Aunque están trabajando un montón para terminar todo a tiempo, se nota que les importas mucho. Piénsatelo, quizás una fiesta no sea una idea tan mala después de todo.

Quizás tenga razón y una fiesta no sea tan mala. Pero también es verdad que no soy capaz de vencer mi miedo a las fiestas y calmar mis miedos.

“Querido príncipe, ¿cómo consigues que me sienta tan tranquila en momentos como este? ¿Te quedarás conmigo también si algo ocurre o tendré que enfrentarme a todo yo sola? Sea cual sea el futuro inmediato que esté por llegar.”

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