viernes, 18 de marzo de 2011

Capítulo 13# Siempre.

Tranquilidad, absoluta tranquilidad es lo que siento en estos momentos después del ajetreado día de ayer.

Después de enseñarme la mini-discoteca comenzamos a colocar los decorados, que como imaginé eran demasiados, y a continuación miles de llamadas para pedir las bebidas y avisar a la gente de la fiesta.

Si alguien pensaba que sería de manera tradicional, con la invitación en papel, estaba más que equivocado. Candy nunca hace algo de manera tradicional.

Y ahora por fin puedo respirar tranquilamente en mi sofá y sin ninguna preocupación, aunque quedan apenas cuatro días para mi cumpleaños.

“Que se le va a hacer.”

Suena el timbre.

-Oh vamos, ¿es que no puedo desconectar del mundo real ni un minuto?

Me dirijo a la puerta y cuando abro no encuentro a nadie, pero en el suelo hay un paquete envuelto en papel rojo con una nota. Miro hacia todos lados pero no veo a nadie por los alrededores, así que recojo el paquete y entro de nuevo en el piso, cogiendo la nota y colocando el misterioso regalo en la mesa del comedor.

“Estuve hablando con Candy y me dijo que no te gustan los regalos, pero yo pienso que te mereces uno muy grande. Esto es solo la primera parte, pero espero que te guste. No puedo quedarme para ver que te parece pero vendré esta noche. Con cariño, Yerai.”


No tendría que haberse molestado en comprarme nada. Pero también tengo que admitir que es un regalo precioso.

Me contemplo en el espejo admirando la forma en la que el vestido plateado con adornos negros se ajusta a mi delgada figura.
Llega por la mitad del muslo y está compuesto de dos partes: la falda que cae en volantes de tela fina con los bordes en negro mientras que la parte de arriba es un corsé sin mangas con las cintas del pecho también en negro.

Me encanta, pero si eso es solo la primera parte del regalo no quiero saber que más hay. No soporto la idea de que alguien se gaste dinero en mí, y menos Yerai.


Pasa una hora en la que yo preparo algo sencillo para cenar, para dos, y suena el timbre cuando termino de colocar un par de cosas en la mesa.

-Hola –le sonrío  al abrirle la puerta.
-Hola –me corresponde la sonrisa- ¿Te gustó el regalo? –pregunta mientras entra en el piso y se quita la chaqueta.
-Es precioso, no tendrías que haberte molestado.
-Ts, ts, ts. –niega con un dedo cogiéndome por la cintura- Es tu cumpleaños, quería regalarte algo. Además eso no es lo único.
-¿Qué mas hay?
-Lo sabrás a su debido momento –me da un pequeño beso en la punta de la nariz.

Después de cenar nos tumbamos abrazados en el sofá a ver la tele, pero al cabo de un rato él extiende el brazo para coger el mando y apagarla. Me pregunto que le pasará.

-Quiero hablar contigo –dice con tono serio.

Empiezo a tener miedo. ¿Qué querrá hablar? ¿Por qué esta tan serio? ¿Qué es lo que va a ocurrir?

-Si, claro… Dime-me giro para poder verle la cara y me lo encuentro con la vista perdida y el ceño fruncido.

Mi preocupación aumenta al verle y comienzo a ponerme nerviosa.

-¿Estas bien? –le digo cogiéndole la mano al ver que no dice nada.
-Sí, sí… Es solo que llevo todos estos días comiéndome la cabeza y necesito decírtelo.
-Me estás asustando, ¿qué es lo que pasa?
-Estoy preocupado…
-¿Por qué?
-Porque me preocupa que te alejes de mí.

Respiro mucho más tranquila después de oír eso y me sonrío a mi misma, cosa que a él le confunde y por eso pregunta:

-¿Te hace gracia?
-¡No! Claro que no. Es que pensaba que eras tú el que quería irse de mi lado, estabas muy serio y me preocupé. ¿Por qué piensas eso?
-Bueno…Tú me quieres, me lo dijiste en el parque. Pero yo no te dije lo mismo por que…bueno, no es lo que siento. ¡No me malentiendas! Te tengo un gran cariño, y me encantaría sentir por ti más de lo que siento ahora. Pero me está costando, soy muy inseguro. Ya me hicieron daño una vez y no quiero que me pase otra. Sé que no me harías daño pero es difícil dejar malos hábitos.

Sonrío y me acerco a él, besándole lentamente y acariciándole la mejilla, tranquilizándole y quitándole preocupaciones de la cabeza.

-Escúchame –le contesto separándome apenas unos milímetros de él- Que estés conmigo y me tengas cariño es suficiente para mí. No quiero presionarte, ni agobiarte. ¡Nada de eso! A mi no me importa el tiempo que tardes en llegar a quererme. Yo siempre estaré aquí.
-No sabes el peso que me quitas de encima –suspira sonriendo de nuevo.

Nos fundimos en un beso cariñoso y apasionado pero le paro antes de que eso pase a más, puesto que cada vez que me toca de esa manera no puedo concentrarme en otra cosa.

-Yo también tengo que decirte algo.
-No será malo ¿no?
-No. He estado pensando…en que sería mejor contarle esto a Luis y Candy. No es bueno seguir ocultándolo más, me siento culpable.
-Yo también he estado pensando en eso, creo que sería lo mejor. Lo malo es no saber como se lo tomarán.
-¿Qué tal si se lo decimos el día de mi cumpleaños? Creo que es una buena ocasión.
-¡Sí! Es una buena idea. Pues se lo diremos –sonríe- y así no hará falta volver a esconderse.

Y felices volvemos a sumirnos en nuestro pequeño mundo, uniendo nuestras bocas en un feroz beso en el que pronto participan nuestras lenguas, ansiosas por saborear del otro. Pasa lento el tiempo, pero eso no impide que la pasión deje de aumentar.

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