lunes, 4 de abril de 2011

Capítulo 16# La mejor medicina.

Suena la alarma a las siete de la mañana, puntual como todos los días, y despertándome con su horrible pitido. Me acerco a la mesilla lo máximo que puedo para apagarla, aunque me cuesta un poco, ya que unos brazos me rodean.

Cuando consigo llegar al reloj y terminar con ese insoportable sonido me giro para despertar a Yerai, que sigue dormido tranquilamente.

-Dormilón, despierta que ya es la hora.
-Pff, no quiero.
-Venga o llegaremos tarde.
-Déjame dormir por favor, no me encuentro bien. Creo que estoy enfermo.

Y tiene razón. Sus mejillas, normalmente blancas, están ahora un poco sonrojadas, al igual que su frente. Le pongo una mano encima de su frente y le noto un poco mas caliente de lo normal.

-Tienes un poco de fiebre.
-Genial. Pff, mañana tu cumpleaños y yo así.
-No te preocupes. Ahora mismo llamo a Candy y le digo que no voy a clase, así puedo quedarme a cuidarte y haber si te pones mejor.

Empieza a quejarse pero con la fiebre y el sueño no consigue sujetarme antes de que marque el número en el móvil.

-Candy al habla, dime Lynzy.
-No voy a poder ir hoy a clase. tengo que ir..a hacerme unas pruebas al médico.
-¿¿Qué?? ¿No te pasará nada no?
-No, no, tranquila. -le digo observando a Yerai que se ha vuelto a quedar dormido- Son unas pruebas anuales.
-A vale, me habías asustado. Pues nada, ya me ocuparé yo de avisar de la fiesta a la gente que queda. ¡No se te ocurra ponerte enferma para la fiesta! ¡Te lo prohíbo!
-Jaja, Candy no controlo mi cuerpo.
-Bueno, yo te aviso.
-Pásalo bien en clase, nos vemos mañana.
-Adios guapa.

Pongo el móvil en silencio en cuanto la línea se corta. No pienso estar disponible para nadie en todo el día, sólo para Yerai.

Vuelvo a la cama y le acaricio la mejilla, provocando que abra un poco los ojos y me mire con su adorable, pero triste, cara de enfermito.

-¿Ya has llamado a Candy?
-Sí. Pienso estar todo el día contigo. ¿Qué te parece?
-Genial, gracias. -sonríe.

Incluso estando medio zombie es encantador y cariñoso. ¿Por qué no le conocí antes?

Si nos hubiéramos encontrado  hace mucho tiempo me hubiera ahorrado muchas malas situaciones, depresiones y demás.

Sí, soy muy propensa a depresiones. Según fui creciendo el número de estas fue bajando, ya que me acostumbré a no estar cerca de mis padres, una de las razones que me ha provocado muchas de ellas. Pero cuando era apenas una niña de trece años, cerca de los catorce, seguía siendo muy inocente y demasiado cría para estar sola. 
Muchas veces mis padres se asustaron porque mi estado tanto emocional como físico se agravara y tuvieran que ingresarme, y al final llegaban a la conclusión de que sería mejor que viajara con ellos, pero el médico les contradecía justificando que eso empeoraría las cosas.

Así que siempre acababa de la misma manera, encerrada en casa pasando las horas muertas hasta que la depresión desaparecía.

Pero con Yerai todo es distinto. Ya no recuerdo ni como se siente estar triste. Ahora es todo felicidad alrededor.
Se puede decir que él es la mejor medicina para mi ánimo que haya probado jamás.

Por eso no pienso dejarle solo, y menos en el estado en el que está.

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