jueves, 21 de abril de 2011

Capítulo 20# Entre penas y alegrías.

Después de lo ocurrido con Yerai me fui a mi casa. No podía estar ni un minuto más en el instituto y verle, o a Sara, Lucía o uno de mis amigos. No quiero ver a nadie. Me he encerrado en mi piso y no hago caso de las llamadas que quedan grabadas en el contestador.

"Ari, soy Candy. ¿Estás en casa? Espero que sí. No consigo localizarte y estoy empezando a preocuparme. Por favor si escuchas esto, llámame."

Se puede decir que estoy muerta, o vacía por dentro. Tumbada en el sofá, sin ganas de moverme para ir a algún sitio y con los ojos rojos. Hace rato que las lágrimas han parado de salir. ¿Por qué se ha comportado así conmigo? ¿Qué es lo que le he hecho? Yo quería contárselo a mis amigos tanto como él, no fue mi culpa que Sara se adelantara y se lo contara de la peor manera posible.

El colgante está en la mesa, lejos de mí. No quiero ni mirarlo, es más, estoy pensando en tirarlo.

No, no puedo hacer eso. Me lo quedaré, solo como una prueba de que alguna vez le importé, aunque me lo haya negado hace apenas una hora.

Suena otra vez el contestador anunciando una nueva llamada.

"Sé que estas ahí Ari.."

Es Luis.

"¿Por qué te has ido del instituto? Sé que no vas a querer hablar conmigo pero es necesario. ¿Ni siquiera me vas a abrir la puerta?"

Permanezco tumbada en el sofá, no quiero hablar con él y menos después de lo que ha ocurrido.

"Si no me abres cuando toque el timbre llamaré a los bomberos con la escusa de que pensaba que te había pasado algo, y sabes que soy capaz."

Suena el timbre dos veces y al final me levanto abriéndole la puerta a mi amigo, que guarda su teléfono en el bolsillo.

-¿Qué es lo que quieres? -le digo volviendo al sofá.
-Pedirte disculpas. -contesta, sentándose enfrente mía- Me enteré...de lo que pasó. Es culpa mía, no tendría que haber reaccionado así.
-Ya da igual, el daño esta hecho. Tendría que haberlo contado antes.
-Si quieres puedo hablar con él...
-No, déjalo. Tiene mucho genio, puede que solo este cabreado por el puñetazo. Quizás mañana vuelva a hablarme...

Miro el suelo, totalmente desanimada. Me estoy torturando a mi misma pensando en todo eso, pero no soy capaz de desconectar del tema y distraerme con cualquier otra cosa. Yerai es lo único que me hacía feliz completamente. Pensar en las cosas que me dijo no me hace nada bien.

-Escúchame Ari. -dice mi amigo sujetándome la barbilla para mirarle a los ojos- Sabes que te quiero mucho. Te quiero más de lo que tu alguna vez me quisiste a mi. Y sabes que no me gusta verte mal, tu felicidad es lo mas importante para mi. Hace tiempo que dejé de esforzarme por intentar ser yo el chico que te hiciera sonreír, pero eso no significa que dejes de importarme. Siempre podrás contar conmigo, para lo que sea.

-Gracias... -eso me hace sonreír un poco. Entonces recuerdo algo- ¿Qué le respondiste a Candy? -observo su cara, totalmente pillado desprevenido- Sé que te lo ha contado, que te quiere. Yo la animé para que te lo contara.
-Le he dicho que sí, voy a salir con ella. Seguro que le haría ilusión contártelo ella misma, pero supongo que con lo que ha pasado no le importará que te lo haya dicho yo.

Otra vez vuelvo a recordarlo y aguanto las lágrimas. Lo menos que quiero ahora es llorar delante de él, y justo cuando a terminado de contarme algo tan importante.

Por lo menos sé que ellos sí son felices.

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