sábado, 7 de mayo de 2011

Capítulo 22# Maldita mi suerte.

Al final no he ido a mi casa, si no que he acabado por ir a la tienda de tatuajes. Haberle visto juntándose con Sara no me ha hecho bien, pero estar sola lo empeoraría todo. Candy y Luis no pueden comprender como me siento. Antes de estar juntos quizás si se pudieran hacer una idea, pero ahora están en su mundo, los dos muy felices y no saben ni como se siente estar triste.

Solo puedo hablar con una persona, la única que me queda para desahogarme. Suena el timbre tan familiar al abrir la puerta de la tienda. La sala esta vacía así que me toca esperar en una de las sillas a que aparezca alguien. Odio todo esto, lo que ha ocurrido y lo que está pasando. ¿Porqué todo me toca a mi? Maldita mi suerte.

Por fin aparece alguien, dos hombres. Uno de ellos no se quién es, es de esos pocos de la tienda que me falta por conocer. El que le acompaña es el padre de Yerai. Se me queda mirando con una mirada fría y penetrante, como si me conociera y le hubiera hecho algo también a él. Me puedo imaginar de donde ha sacado su genio Yerai.

-Rob, aquí hay alguien que te espera -grita al pasillo, haciendo que mi buen amigo llegue corriendo.
-Hola pequeña. ¿Me buscabas? -me dice Rob, serio ahora que se ha fijado mejor en mi semblante.
-¿Tienes un rato libre? -me siento incómoda delante de tres hombres enormes que no apartan la vista de mi.
-Sí, claro. Carlos, ¿puedes cubrirme? Serán solo diez minutos.

Carlos resulta ser el padre de Yerai, que asienta sin mirarnos, mientras que mi amigo y yo subimos a la azotea del edificio. Es un lugar tranquilo y no suele subir nadie allí arriba. Lo llevábamos usando desde hace mucho tiempo para nuestras reuniones y nunca nos habían molestado. Me siento en el borde, mirando la ciudad, mientras que Rob se queda de pie a mi lado y con los brazos cruzados.

-¿Qué es lo que te pasa, cariño? -dice con tono preocupado.
-Necesitaba hablar con alguien, desahogarme -me encojo de hombros- Pensé en ti. Luis y Candy están demasiado ocupados como para hacerme caso.
-¿Es por Yerai?

Le miro sorprendida. Sabía que todo el mundo se iba a enterar, pero solo pensé en el instituto. No me puedo creer que también él se haya enterado.

-Sí, lo sé. No es tan raro que me haya enterado, ya que trabajo con él y su padre -acaba sentándose a mi lado, pero sin dejar de mirarme. Yo me dedico a mirar el suelo.
-¿Por qué me miraba de esa manera su padre?
-Ayer Yerai no apareció por casa en todo el día. Y la noche anterior tampoco, solo le vio el pelo cuando vino a trabajar. Carlos se enteró de que habíais estado juntos, se lo contaron unos chicos de tu instituto. Cree que eres la culpable de que se haya comportado así.
-Pues se equivoca, porque hace dos días que ni siquiera me mira.
-Lo sé, me se toda la historia -suspira, mirando algo a lo lejos- Pero Carlos está muy ciego. No se da cuenta de que Yerai es así de siempre, no le hace caso a su padre. Hablando claro, esta en la edad del pavo. Aunque debo admitir que cuidar a un muchacho de su edad él solo es mucho trabajo.
-¿Qué le pasó a su madre?

Creía que lo sabia todo de él, pero parece ser que no. También es verdad que siempre ha sido muy callado en cuanto a temas personales. O eso es lo que creo, porque ya no estoy segura de si el Yerai de antes es el que veo ahora en el instituto o era solo una máscara que llevó puesta mientras estaba conmigo.

-Su madre murió cuando era un niño, una enfermedad. -vuelve a mirarme- Pero eso no es lo que quería decirte -pone una mano encima de las mías, cubriéndolas totalmente- Se que lo tienes que estar pasando muy mal, pero no vale la pena estar así. Si no quiere saber de ti él se lo pierde.

Lo que me ha dicho me hace sentir mucho mejor, pero aún así me siento sola y ninguno de mis amigos es Yerai, ellos no consiguen hacerme sentir como él lo hacía. Me siento como si me hubieran utilizado, un simple juguete del que se han aburrido y han abandonado en una esquina. Estoy segura de que esa sensación no se va a ir nunca.

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