domingo, 22 de mayo de 2011

Capítulo 27# Frágiles sonrisas.

Esta ahí parado, mirándome, con una pequeña sonrisa. No puedo moverme, me es imposible. Pero para él no. Comienza a caminar hacia mí y cuando está lo suficientemente cerca extiende un brazo en mi dirección, con la palma hacia arriba, invitándome a bailar.

Todo el mundo nos observa. ¿Qué debo hacer? Estoy confundida. Le miro a los ojos, esos ojos verdes que ya no me miran con maldad o desprecio como el último mes, si no que me observan como lo hacía en nuestros momentos a solas, con cariño. Me acerco despacio y le cojo de la mano. Me arrastra al centro de la pista con todas las miradas sobre nosotros.

Me olvido de ellos, de todo a nuestro alrededor. Solo somos él y yo, bailando Helena, nuestra canción. Me siento renovada, me siento bien. Todo vuelve a brillar, vuelvo a ser optimista, aquella faceta mía que pensé perdida ha vuelto. No me importa todo lo que pasó, no me importa que no me haya explicado nada, no me importa este cambio repentino. Solo me importa que estoy de nuevo abrazada a él y tampoco parece que tenga ganas de soltarme.

Pasan más canciones, todas ellas lentas y poco a poco más parejas se van uniendo a nuestro baile. Paramos al fin de otra, apartándonos del grupo. No me suelta en ningún momento y yo sigo sus pasos sin rechistar. He perdido de vista a mis amigos, supongo que ya habrán visto por quién estoy acompañada. Acabamos al lado de la mesa con refrescos ya servidos en vasos de plástico.

-Espérame aquí por favor, vuelvo enseguida -me sonríe y se va, esquivando de vez en cuando a algún despistado.

Obedezco y me quedo aquí parada, esperándole. Una sonrisa se extiende por mi rostro, la primera en un mes. La primera sonrisa que no es forzada y no es para hacerle sentir bien a nadie. Todo va perfecto. Siento curiosidad sobre donde habrá ido y que pasará una vez que vuelva conmigo.

Dos personas se ríen a mi espalda, las reconozco a la primera. Me giro despacio, temiendo lo que vaya a ocurrir. Ellas me miran con desprecio, más desprecio del que he visto nunca hacía mi.

-Bonitos harapos... -dice Lucía riéndose, risa que continua Sara- Es una pena que se estropearan ¿no?

Acto seguido Sara me empuja y yo intento mantener el equilibrio, cosa muy difícil en mi. Caigo al suelo, parando el golpe con las manos. Ellas mientras cogen un refresco de la mesa y me lo tiran a los pies del vestido, mojando también mis pies. La gente comienza a rodearnos y las lágrimas comienzan a recorrer mis mejillas. Me levanto abochornada y me fijo en la gente de mi alrededor sin saber que hacer.

Salgo corriendo. Me duelen las muñecas por el golpe y la piel de mis pies esta pegajosa. Salgo a la calle después de haber recorrido todo el instituto a la carrera, pero no me detengo. Oigo a alguien corriendo detrás mía y yo me esfuerzo por alejarme más. Se para después de un rato, llamándome con voz entrecortada a causa del cansancio. Es él quien me sigue. Pero eso no me importa. Sabía desde un principio que no debería haber ido. Ahora mi frágil sonrisa se ha esfumado de nuevo.


Estoy sola en casa, les dejé un mensaje a mis amigos en el móvil diciéndoles todo lo ocurrido y que no se preocupen por mi. Deben estar en la fiesta, ya ha pasado bastante rato desde que me fui de allí. El vestido está encima de la cama, no lo he movido de su sitio desde que me lo quité.

Llaman a la puerta. ¿Quién puede ser a estar horas? Voy a abrir, pero no hay nadie. Esta situación me es demasiado familiar. Hay un ramo de claveles rojos al pie de la puerta, con una nota.

"No se puede ser Helena si no tienes tu ramo de flores rojas. Elegí los claveles porque representan el amor eterno. Te debo una gran explicación y también una gran disculpa, pero prefiero hacerlo en persona. Te espero mañana a las seis en la azotea de la tienda de tatuajes. Yerai."

¿Acaso estoy soñando? Lo dudo. Es real, todo esto es real. Yerai quiere hablar conmigo, no es ninguna broma. Voy a la habitación y acaricio la superficie del joyero. Al abrirlo resplandece, como si tuviera vida propia y supiera que las buenas noticias han vuelto. Mi colgante, por fin puedo volver a mirarlo sin llorar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada