lunes, 23 de mayo de 2011

Capítulo 29# ¿Significa eso...?

Nunca había corrido tanto. Nunca nada ni nadie había conseguido que me sintiera tan asustado y perdido. El corazón estaba a punto de salirse del pecho por el miedo. En cuanto Candy me llamó abandoné la azotea y todo lo que había preparado. Bajé las escaleras hacia la tienda y le di una rápida y casi indescifrable explicación a Rob cuando me choqué con él en el pasillo.

No me esperé a que él fuera a buscar su coche. Le cogí la moto a mi padre, corriendo el riesgo de ganarme una gran bronca. Pero eso es lo que menos me importa en este momento. Ari podría estar muriéndose, saltarse un par de semáforos y leyes de tráfico es menos importante. Él no lo comprende.

Acelero todo lo que puedo por las carreteras atestadas de coches, esquivando y adelantando a conductores despistados. Por fin lo veo, el gran edificio blanco con las letras rojas formando la palabra "HOSPITAL". Aparco lo más rápido que puedo y entro en el edificio. Voy a la sala de espera, donde se encuentran Luis y Candy con gestos desolados. Eso no me gusta nada.

-¿Qué es lo que ha pasado?
-Un camión iba en dirección contraria, el conductor perdió el control...Los médicos nos han dicho que esta en estado grave, pero que tuvo mucha suerte ya que el golpe fue frontal y ella estaba sentada detrás. Sus padres y el conductor no corrieron la misma suerte...-dice Luis abrazando a Candy mientras a ella se le caen las lágrimas.
-¿Dónde está?
-Por ese pasillo, la primera habitación -señala Candy- Pero no dejan entrar, hay dos enfermeros vigilando. Solo podemos esperar.

Tiene razón, dos tíos con trajes verdes están charlando a la entrada de la habitación. Pero si se piensan que eso me va a impedir entrar es que no me conocen lo suficientemente bien. Voy por el pasillo y según me voy acercando los médicos fijan su atención en mí, vigilantes. Entro en la habitación todo lo rápido que puedo, ignorando los gritos de los tíos, y atranco la puerta con una silla.

Lo que veo me deja helado. En medio de la habitación, tan blanca como el resto del edificio, reposa Ari, tumbada en una gran cama. Está rodeada de cables y más pálida de lo normal. Un aparato controla sus pulsaciones. Los vendajes son muy vistosos por su cuerpo, sobretodo uno que le oculta la mayor parte de la cabeza. Apenas puedo verle el rostro por la máscara de oxígeno que le cubre la boca.

Me acerco sin poder evitarlo, con lágrimas a punto de resbalar por mis mejillas. Hacía tiempo que no lloraba, desde el funeral de mi madre, y de eso hacía cuatro años. No se que voy a hacer si a ella le pasa algo. Le cojo la mano, fría y con el cable del suero sobresaliendo de su muñeca, y entrelazo mis dedos con los suyos.

Fui un auténtico estúpido, es posible que esta sea la última vez que esté con ella. He perdido todo un mes a su lado solo porque no supe controlar mi genio. Ahora me arrepiento de ser así.

Comienzan a dar golpes a la puerta, con intención de abrirla. Me fijo en la mesilla que hay al lado de la cama, donde reposan los objetos personales que llevaba en el accidente. Entre ellos está el colgante que le regalé. Lo llevaba puesto...¿Significa eso que me perdonó?

Al final consiguen abrir la puerta, pero yo sigo de pie y parado, sujetando el colgante y sin soltar su mano. Hasta que unas manos fuertes me sujetan por los brazos y me arrastran fuera de la habitación, mientras yo le miro por última vez.

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