martes, 24 de mayo de 2011

Capítulo 30# La realidad después del último sueño.

(Narra Yerai)

La espera se está haciendo eterna. El hospital ha sido mi casa estos últimos días. Los médicos siguen sin permitir la entrada a la habitación de Ari, pero de vez en cuando consigo colarme entre los cambios de vigilantes. También podía hacer visitas secretas gracias a la ayuda de Cristina, la enfermera que le han asignado.

Una de las veces que esperaba desesperado en la sala de espera llegó ella, alta y rubia, sujetando unos papeles.

-¿Eres tú el familiar de Ariadna?- me preguntó.
-Eh, soy su amigo -contesté, levantándome nervioso del asiento- ¿Se sabe algo nuevo?
-Está estable, aunque aún no ha despertado. Pero es una mejora -dijo mirando los papeles mientras me tranquilizaba un poco. Estaba mejorando, se recuperaría.
-¿Puedo entrar a verla?
-Lo siento, pero no esta permitido.-su cara también se tornó triste al ver como reaccionaba.
-Esta bien...Seguiré esperando- y volví a sentarme en el duro e incómodo asiento.

Se apiadó de mí y me dejó entrar a verla, y a partir de entonces me busca en la sala de espera cada vez que tiene que ir a hacer una revisión y mirar si mejora.

Cristina se pone a revisar la bolsa de suero y los aparatos, ya más escasos en la habitación, mientras yo me siento al lado de la cama y  efectúo la acción de las otras veces. Le cojo la mano a Ari y le acaricio el rostro, por fin sin la mascarilla del oxígeno. También le han quitado todas las vendas. Solo falta que despierte.

-La quieres mucho ¿verdad? -me pregunta Cris mirándome desde el otro lado de la cama.
-Mucho. Pero fui un estúpido, puede que hasta sea mi culpa que esté aquí.
-No digas eso. Nunca nadie tiene culpa del mal de otro, son cosas que le pueden pasar a cualquiera.
-Pues preferiría ser yo el que estuviera aquí tumbado, y no ella. No se lo merece -suspiro levantándome una vez que Cris ha terminado.

Ahora que ha mejorado un poco creo que puedo hacer una pequeña escapada a casa para cambiarme de ropa y descansar lo que no he podido estas tres últimas noches.

(Narrador externo)

La sala estaba a oscuras cuando Ari despertó. Sólo se escuchaba el sonido de la ciudad siempre despierta. Estaba desconcertada y perdida. Lo último que recordaba era un choque muy fuerte y después poco mas. ¿Estaba en el hospital? ¿Cuanto llevaba allí? Preguntas de todo tipo se pasaron por su cabeza.

Se levantó, teniendo que hacer un gran esfuerzo, tenía todo el cuerpo dolorido y entumecido. Notó algo tirándole de la muñeca. Era una vía intravenosa.

"Arg" pensó apartando la mirada. Tenía fobia a las agujas. Se la arrancó sin miramientos, si pensaba demasiado en ello acabaría gritando. Se acercó a la puerta y la abrió apenas unos centímetros, mirando hacia el exterior. No había nadie, así que salió al pasillo.

Pero se había equivocado. Al final del pasillo había dos personas, una mujer y un hombre con respectivos trajes verdes que se quedaron de piedra al verle. Inmediatamente fueron por ella, el hombre precavido y la mujer preocupada.

-No deberías haberte levantado. ¿Cuando te has despertado? -comenzó a preguntar el hombre, comportándose como un auténtico profesional. Se le notaban los años de trabajo allí.
-¿Te encuentras bien? -preguntó la mujer por su parte.
-Estoy bien..Solo quiero ver a mis padres. ¿Saben ustedes donde están?

Los médicos se miraron entre ellos. Claro que sabían donde estaban. Hacía apenas dos días estaban hablando con la enfermera que atendía a Ari. Les contó que unos amigos suyos habían venido a verle cuando todavía estaba inconsciente, totalmente vestidos de negro. Habían celebrado el funeral de sus padres aquella tarde. Ari notó el cambio de miradas.

-¿Donde están? -insistió.
-Querida...tus padres.. -comenzó a decir la mujer, buscando las palabras mas suaves para decírselo.
-No sobrevivieron -atajó el hombre, fastidiándola por completo.

Ari se quedó estática, asimilando la información. Tardó un rato en querer comprender lo que esas palabras significaban. Cuando lo hizo su cuerpo, que apenas dos días antes necesitaba cuidados intensivos, no pudo soportar el choque emocional que sufrió y acabó perdiendo el sentido. Pero no sin antes nombrar a sus padres.

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