miércoles, 23 de febrero de 2011

Capítulo 9# ¿Por cuánto tiempo?

Los días pasan despacio pero sin parar, y con ellos las semanas. Luis había puesto pegas cuando se enteró de que Yerai vendría con nosotros pero no volvió a decir nada, aunque se le veía molesto en muchas ocasiones.
Candy seguía feliz en su pequeño mundo y desaparecía de vez en cuando, sin dar explicaciones, o le veíamos con un montón de gente en susurros. Susurros que terminan en cuanto aparezco yo y que empiezan a alimentar mis sospechas y preocupaciones.

En cuanto a Yerai y yo, nos vemos en secreto como acordamos. Vamos con mucho cuidado, encontrándonos en sitios donde no haya peligro de que alguien conocido pueda descubrirnos.
Pero las cosas no son tan fáciles como parecen, no puedo soportar estar a su lado sin estar nerviosa. Cada poro de mi piel pide a gritos tocarle, acariciarle… Y siempre que me mira, desde el otro extremo en la mesa del recreo o desde su asiento en clase, parece estar pensando lo mismo.


-Bien, durante un par de clases vamos a estudiar a uno de los personajes más importantes de la historia, Cristóbal Colón. ¿Quién podría decirme algo sobre él? –dice la profesora de Historia, Teresa, mientras recorre los pasillos entre las mesas.
-¿Colón no es una marca de detergente? –comenta el típico despistado de clase.

Todo el mundo comienza a reírse mientras la profesora se lleva una mano a la cara mordiéndose el labio, totalmente desesperada como lo estaría cualquier maestro que tuviera que escuchar ese tipo de respuestas de alumnos de primero de bachillerato.

-Lo que vamos a estudiar no tiene nada que ver con detergentes. –ríe Teresa- ¿Alguien más?

Levanto la mano antes que algunos que aún siguen perdidos después del comentario del otro compañero.

-Ari, aclara estos pequeños cerebros.
-Colón descubrió América, con la ayuda económica de los Reyes Católicos.
-¡Muy bien! ¿Pero que más pasó gracias a él? Por ejemplo…Óscar.
-No lo se…
-¿Yerai?
-Que llegaron nuevos productos a España: especias, tabaco, tomates…Además del oro.
-Exacto. Por favor ir tú y Ari a por el mapa del mundo, va a hacernos mucha falta.

Salimos los dos lo más separados posible y caminamos hacia el aula que se usa para guardar todo el material. Una vez cerrada la puerta Yerai me sujeta con un brazo contra él mientras me acaricia le mejilla lentamente, provocando un cosquilleo muy agradable en mi piel.

-Pensaba que me iba a volver loco –sonríe.
-¿Ah, si? ¿Y por que? –le correspondo la sonrisa juntando mis manos detrás de su cuello.
-Porque tengo a una preciosidad muy cerca pero no puedo tocarla, solo mirarla, como si fuera un obra de arte.

Sus palabras provocan que no sea capaz de controlar mi sonrojo, lo que hace que él sonría más. Y entonces llega el ansiado beso, tan dulce como el resto pero más ardiente, como si yo fuera un droga de la que le hubieran privado pero no pudiera renunciar a ella por propia voluntad.
Mi piel arde en contacto con la suya y poco a poco empieza a faltarnos el aire, pero me niego a renunciar a esta gran sensación que me invade.

Le abrazo más fuerte pasando una de mis manos por su pelo y él parece darse cuenta de que no quiero que me suelte, porque mantiene sus brazos alrededor de mí como una jaula de hierro.

Nunca me había sentido tan bien. Nunca. Y mucho menos he estado así gracias a alguien. Siempre acababa preguntándome si alguna vez encontraría a la persona que consiga hacerme reír y sonreír de una manera distinta a la que consiguen Luis, Candy o mis padres. Por fin la encontré, y espero que sea por mucho tiempo.

Se oye un ruido procedente de la puerta acompañado por una voz demasiado aguda y repulsiva:

-¿Yerai? ¿Estas ahí?
-Mierda –dice él mientras nos separamos rápidamente antes de que la puerta se abra apareciendo detrás de ella Lucía- Estoy aquí, ¿Qué quieres?

Tenía que ser Lucía. Una de las más populares en el instituto, y además con una gran fama de cotilla. Ella y Sara con el centro de atención de todo el mundo, y con razón. Morenas, delgadas, de estatura normal…y con dinero, todo lo que la mayor parte de los tíos desean.

-Me mandaron por que tardáis mucho en ir a clase –dice Lucía con un tono nada cordial al usar el plural.
-Tuvimos que apartar muchos trastos –dice entre dientes Yerai mientras coge el gran tubo del mapa y se lo echa al hombro saliendo por la puerta.

Le sigo acompañada de Lucía y su mirada despectiva que, sin duda, es para mí. Pero pronto se cansa de mirarme de ese modo sin obtener ninguna respuesta y comienza a hablar con Yerai.

-¿No necesitas ayuda?
-Puedo perfectamente, gracias.
-¡Entonces que fuerte estas! ¿Vas al gimnasio? Cualquier chico envidiaría tus músculos.

Me equivoco, no habla, flirtea. Tengo unas ganas terribles de gritarle unas cuantas palabras. Pero no puedo, si Lucía se entera de lo que ocurre entre Yerai y yo tardaría menos de cinco minutos en contárselo a todo el mundo. Aunque si intenta ligar con Yerai para hacerme rabiar, lo está consiguiendo.

“No puedes decir nada, piensa en tus amigos.”
Por esta vez consigo calmar mi rabia pero… ¿Por cuánto tiempo? Si vuelve a ocurrir una situación parecida ¿seré capaz de controlarme?

viernes, 18 de febrero de 2011

Capítulo 8# Secretos.

-“~¿Le has invitado a tu cama?” “~ Irónico ¿verdad? No habríamos cabido los tres.”

Me río viendo a Candy como interpreta al personaje de Jace, uno de los principales en la saga Cazadores de Sombras, saga de la que tiene un examen en su clase de teatro.

-¡Vamos Ari! Haz de Clary por favor. Necesito ensayar para el examen.
-Pero si te sabes a la perfección todos los diálogos de todos los personajes.
-Ya, pero no es fácil hacerlos todos a la vez, por eso necesito ayuda. Si Luis no tuviera reunión de delegados no te lo pediría.
-Lo siento pero creo que paso, sabes que no se me da bien –doy otro bocado de mi almuerzo desviando la vista de Candy- Haber elegido Romeo y Julieta.
-Arg, ni de coña, Cazadores de Sombras es mil veces mejor. Y se te da bien, solo que eres una vergonzosa.
-Ni con esas vas a convencerme.
-Pff, muchas gracias –se cruza de brazos sin dejar de mirarme con enfado.
-Si quieres yo podría ayudarte –dice Yerai a pocos pasos de la mesa.

No me he dado cuenta de que estaba ahí hasta que ha hablado. Esta tan perfecto como siempre.

-¿Lo harías? ¿De verdad? –sonríe Candy ilusionada- Muchas gracias eh… ¿Eras Yerai no?
-El mismo –ríe sentándose entre las dos.
-¿Te gusta Cazadores de Sombras? –le miro con las cejas enarcadas.

Se me queda mirando, muy sonriente, como si lo que preguntara fuera más que obvio.

-“~¿Ya te has enamorado de la persona incorrecta?” “~ Desafortunadamente mi único amor verdadero sigo siendo yo.”
-¡Wow! Haces genial de Jace. ¡Ayúdame por favor! Tengo examen después y Ari se niega a hacer de Clary –dice mi amiga con tono malhumorado pasándole un guión a Yerai con los diálogos.
-Jace es mi personaje preferido –sonríe y empieza a pasar las hojas- ¿Por donde empezamos?

Se pasaron todo el almuerzo ensayando las escenas de los libros hasta que Candy estuvo satisfecha. Yerai interpretaba genial a Jace, aunque con el sarcasmo y egoísmo que emana ese personaje parecía misión imposible.
Candy se dedicó a hacer de Clary e Isabelle e incluso algunas veces de otro personaje, Simón. Es realmente divertido verlos así y había algunas escenas en las que no podía contener la risa.

-Muchísimas gracias, voy a sacar un diez.
-No hay de qué –dice Yerai sin dejar de sonreír- Me lo he pasado genial.
-Podrías venirte con nosotros en mas recreos –comento con cierta vergüenza e intentando no parecer un tomate andante.
-Sí, ¡eso sería genial! Aunque claro, Luis se mosquearía….
-No quiero que a vuestro amigo le de un ataque de rabia –de pronto parece preocupado, como si el enfado de ayer en la tienda no hubiera pasado.

¿Dónde estaba todo el enfado de ayer? Parece que ya no le hierve la sangre al nombrar a mi mejor amigo. Espero que eso sean buenas señales.

-Tendrá que acostumbrarse –sonrío- Todos hemos sido nuevos aquí.
-Le controlaremos –dice Candy guiñando un ojo- ¿Nos vamos a clase? Estoy nerviosísima.

Todo el rato en el que recogemos nuestras cosas y caminamos por el pasillo Candy no para de hacerle preguntas a Yerai. Tiene prácticamente los mismos gustos que nosotras y esta ilusionadísima. Seguro que piensa que es el chico perfecto, se le nota en la cara. Será mejor que lo que pasó entre nosotros no salga a la luz.

-Bueno chicos, yo me largo. ¡Deseadme suerte! –se despide mientras corre a un grupo de chicos y chicas, todos con folios en las manos.
-Es una gran chica –comenta Yerai mientras nos dirigimos a nuestra clase- Me ha caido muy bien.
-Sí y tu a ella, estaba muy contenta por tus preferencias. Ahora no creo que te deje irte solo en el recreo –río comenzando a ponerme nerviosa.

Es lo que ocurre cuando estas a solas, en un pasillo desierto, con el chico que invade todos y cada uno de tus pensamientos y tenerlo a un centímetro de distancia.

-Pues espero que no le decepcione mi gusto en cuanto a chicas.
-¿Por qué? –pregunto disimulando mi inseguridad, parándome al lado de la puerta de clase.
-Digamos que…solo tengo una preferida, y la tengo delante –acercándose a mí.

Solo con extender el brazo puedo pararlo. Pero no quiero, sé lo que va a pasar y deseo con todas mis ganas que ocurra. Se acerca tanto a mí que acabo pegada a la pared como la última vez. El beso es suave, dulce y consigue que me sienta en las nubes.
Me sujeta por la cintura acariciándome la mejilla lentamente con la otra mano. No quiero que esto acabe nunca.

Le correspondo el beso abrazándole por el cuello y dejando pasar el tiempo olvidándome de mis preocupaciones.
Se separa apenas unos milímetros con una gran sonrisa en su cara angelical.

-Me encantas. Por eso siento todo lo de ayer. Eres fascinante, y por eso me encantaría… poder estar contigo.
-Yo…no sé. Luis y Candy… no creo que sea una buena idea.
-¿Y… -parece ansioso, buscando cualquier solución, como un niño que quiere conseguir su premio- …en secreto? Ser solo un simple amigo más me parece insoportable.
-Creo que eso podría funcionar –susurro sonriendo.

A quién quiero engañar. No me importa condenarme, que Luis o Candy se enfaden conmigo. No si eso significa poder estar con él, y después de todo lo que ha dicho es imposible decirle no, aunque acabe siendo secreto.

lunes, 14 de febrero de 2011

Capítulo 7# Cambios.

(Narra Yerai)

Estoy muy cabreado con mi padre por la bronca que acaba de echarme. Quiero romper algo, esa sería una buena manera de desahogarme. Y para colmo ella esta aquí, como si no hubiera tenido ya bastante en lo que va de día tenía que aparecer ella.
No para de mirarme de arriba abajo desde que Rob nos presentó hace un momento, aunque ya nos conocemos. ¿No tiene bastante con haberme dejado en ridículo desinteresándose de mi nota? Ojala desapareciera, pero por desgracia no es el caso.
Acabemos con esto cuanto antes.

-Esta bien. Esto… nos vemos luego Rob –oigo decirle mientras camino por el pasillo.

No sé si me sigue, tampoco me importa. No pienso ser más el chico bueno, solo hay que ver lo que me ha pasado al serlo.
Entro al cuarto y empiezo a prepararlo todo cuando le oigo entrar.

-Siéntate en el sillón negro –evito mirarla, eso solo me cabrearía más y no creo que le convenga verme de en ese estado.
-Yerai yo…quería pedirte disculpas por como te traté hoy y el otro día –dice al cabo de un rato.
-¿Qué más da? –voy a su lado y le paso el algodón por el hombro para empezar a tatuarle- Yo soy simplemente el nuevo, no tienes que disculparte, ya tienes a tu amiguito Luis para que te haga compañía.

“Su estúpido y rubito amigo Luis.”

-¿Qué tiene que ver Luis en esto?

Le miro a los ojos. Es verdad ¿Qué tiene que ver Luis en esto? ¿Por qué le he nombrado? ¿Y por que siento tanto remordimiento hacia él? El marrón de sus ojos ha conseguido confundirme.

-Mira simplemente déjalo ¿de acuerdo? Deja el tema – el tener las manos ocupadas con el tatuaje hace que no me desquicie.

Pero el trabajo no dura eternamente y cuando termino estoy hecho un lío. Mi padre se ha confundido al decir que me había saltado las clases porque quise. Lo hice porque lo necesitaba, pero hasta ahora no me he dado cuenta de cual es la situación.

Creí que estaba mal por que Ari había pasado de mi nota, pero lo que me ha sentado mal de verdad es ver como la abrazaba Luis, y como él me miraba con superioridad, como si sólo fuera suya.

“¿Qué es lo que te está pasando Yerai?” Nunca antes una chica, y menos una que conozco de hace tan poco, había hecho que me sintiera así.

-Si me comporté así es porque soy tímida y además una miedica, pero al final me enfrento a todo. Mírame, te pedí perdón, lo que hagas con mis disculpas ya no es asunto mío.

Se ha ido de la habitación y yo sigo igual, quieto y volviéndome cada vez más loco. Tengo que alcanzarla y decirle lo siento. Ella no tiene culpa de nada y yo me estoy comportando como un auténtico imbécil.
Por suerte todavía no ha recorrido mucho pasillo. Esta cabizbaja ¿Qué le pasará?
La alcanzo en poco tiempo y cuando la giro para hablar con ella siento unas ganas irrefrenables de besarla, y lo hago.

Toda la rabia contenida se está apagando. Me siento tranquilo, me siento…genial.
Al cabo de un rato me aparto y la miro. Ella también me está mirando, confundida y nerviosa, no parece que tenga ganas de decir nada.

-Te llevaré a casa, se ha hecho tarde. –me aparto de su lado con las manos en los bolsillos.
-Está bien…

Caminamos uno al lado del otro sin decir nada. Se despidió de Rob y se montó en el coche también callada. Todo el viaje es silencioso, lo único que ha dicho en todo ese rato son las indicaciones para ir a su casa. ¿Habré metido la pata?
Aparcó enfrente de su piso cuando habla:

-Gracias por traerme.

Pone la mano en la manilla y yo le sujeto del brazo reteniéndola.

-Espera, quería decirte que lo siento. Por como te hablé esta tarde, no te lo merecías.
-No importa, está todo olvidado.
-¿Seguro? En serio no era mi intención tratarte así.
-Estate tranquilo, no ha pasado nada. Nos vemos en clase, hasta mañana.
-Adiós.

La sigo con la mirada cuando baja del coche, también cuando entra en el piso y me quedo un rato más en la oscuridad hasta que por fin arranco y pongo rumbo a mi casa.
No sé que es lo que tiene que ha hecho que la besara, pero está claro que ahora no puedo dejar de pensar en ella, y no pienso volver a fastidiarla.

NOTA: Hi! :P Puede que este capítulo haya sido un poco repetitivo, pero pensé que ya era hora de saber como se siente Yerai respecto a Ari. Espero que os haya gustado. Besos.

jueves, 10 de febrero de 2011

Capítulo 6# Situación inesperada.

Había pensado en hablar con Yerai en clase y pedirle perdón por como me comporté con él pero cuando llegué no lo encontré y tampoco apareció cuando el profesor llegó a clase. El resto de las clases fueron pasando sin que él apareciera.
Estoy preocupada, no quiero que este mal solo por que yo no estoy de ánimo. Mañana lo buscaré y hablaré con él. Aunque intente evitarme, cosa que merezco, no le dejaré en paz hasta pedirle disculpas.

Las campanas de la tienda suenan cuando entro haciendo que un hombre con el pelo largo y barba negra levante la cabeza de la mesa.

-¡Ari! –sonríe levantándose y dándome un gran abrazo- Te echaba de menos pequeñaja. ¿Qué tal te va todo?
-Todo genial Rob –sonrío.

Ese hombre enorme llamado Roberto, alias Rob, trabaja en la tienda de tatuajes y lo conocí gracias al padre de Candy que me animó a hacer diseños para nuevos tatuajes.
Cuando alguien se encuentra con Rob por la calle siempre quiere sacarse una foto con él. Parece el típico motero americano que adora el rock. Y en verdad tiene toda la pinta de serlo.

-Así me gusta, que todo te vaya bien. Mis compañeros me avisaron de que habías cogido cita ayer,¿es cierto?
-Lo es, mis padres por fin me dejan tatuarme. Y además –digo buscando en mi mochila y sacando unos folios- te traigo nuevos diseños.
-Eres mi ángel de la guarda pequeña. ¡Tus tatuajes están arrasando! A la gente les encanta. Ven, verás.

Después de recoger los folios en una carpeta en su mesa me conduce por un pasillo hasta una de las tantas salas de la tienda, donde hay una mujer tatuándose la espalda.

-Se está haciendo en la columna la enredadera que trajiste hace tres semanas.
-Pues esa es la que menos tardé en hacer –río- ¿Me tatuarás tú?
-Ojala pudiera cielo pero tengo que seguir con las cuentas de la tienda. Hace poco tuvimos que despedir a tres por un lío que hubo y acabamos de encontrar nuevos empleados. Llamaré al que te va a atender, pero tranquila, estarás en buenas manos. –sonríe poniéndome una mano en el hombro.
-De acuerdo. Me hubiera gustado que lo hicieras tú, pero algo es algo. Ah, solo una cosa más, necesito…

De repente una de las habitaciones cerca de nosotros salen dos personas, un chico y un hombre muy parecidos, discutiendo acaloradamente.

-¡No puedo creer que te hayas saltado las clases solo por que te dio la real gana! –dice el hombre al chico que se encuentra de espaldas a mí.
-¿Y que mas da? ¡Acabamos de empezar el curso, tampoco es para tanto!

Reconocí la voz al instante, nunca podría confundirla con otra, no hay ninguna tan dulce como esa, aunque ahora se encontrara dando voces.

-¡Por lo menos se de ayuda y ponte a trabajar! –grita el hombre y deja allí a Yerai, con los puños cerrados y todavía cabreado.
-Eh Yerai –lo llama Rob. Yerai se gira y en cuanto me ve se queda mirándome como si fuera una ilusión óptica.- ¿Más peleas con tu padre?
-Por desgracia, sí. Es insoportable –se queda en el sitio donde esta, sin moverse un centímetro, como si mi presencia le hubiera congelado.
-Tranquilo muchacho estas en la edad. Ari, este es Yerai, uno de nuestros nuevos empleados. Él es quien te tatuará.

No digo nada. No decimos nada, solo nos miramos durante lo que se hace una eternidad. Cuando le ví por primera vez pensé que era perfecto, pero es más que eso. Los pantalones negros que lleva hacen que sus ojos parezcan mas verdes, y la camiseta de tirantes se le ajusta al pecho dejando al descubierto un tatuaje que empieza en el hombro y sigue por la espalda. Si llevara una camiseta normal no se notaría que lo tiene.

-Esta bien. Esto…nos vemos Rob –me despido de mi gran amigo y sigo a Yerai que a comenzado a caminar por el pasillo si ni siquiera esperarme.

Pasamos unas cuantas puertas y finalmente entramos a una sala llena del equipo necesario.

-Siéntate en el sillón negro –dice dándome la espalda mientras empieza a preparar lo que necesita.

Le hago caso y me siento quitándome la chaqueta e intento estar tranquila pero no soporto tanto silencio incómodo.

-Yerai yo…quería pedirte disculpas por como te traté hoy y el otro día.
-¿Qué mas da? –se coloca a mi lado sujetándome el brazo y pasándome un algodón empapado en alcohol- Yo soy simplemente el nuevo, no tienes que disculparte, ya tienes a tu amiguito Luis para que te haga compañía.
-¿Qué tiene que ver Luis en esto?
-Mira, simplemente déjalo, ¿de acuerdo? Deja el tema. –no dijo nada más hasta que terminó el tatuaje.

Ni siquiera cuando terminó me dijo nada, volvió a darme la espalda y disimuló que colocaba algo. Yo simplemente me levanto y me dirijo a la puerta. Lo único que quiero es salir de aquí.

-Si me comporté así fue porque soy tímida y además una miedica, pero al final me enfrento a todo. Mírame, te pedí perdón, lo que hagas con mis disculpas ya no es asunto mío.

Y salgo al pasillo, al interminable pasillo. No sé cuanto he recorrido, quizás poco quizás mucho, pero me doy cuenta de que me arden los ojos.
“No llores, no llores.”
No le escuche, ni siquiera oí cuando se acercó por mi espalda. Solo sé que un segundo antes él estaba en la habitación y ahora me había empujado contra la pared, sujetándome por la cintura. Y me besaba. Tierno y cabreado a la vez. Y, simplemente, es una sensación única.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Capítulo 5# Cuestión de miradas.

Por la mañana cuando Luis vino a recogernos me hizo la misma pregunta que Candy por la noche. Se me debería notar muy desanimada por que insistió bastante durante todo el camino al instituto. Después de unos cuantos “nada” y otros pocos “estoy bien” se rindió y se despidió dándome un beso en la mejilla.
Tenía que admitirlo, en momentos como este me encantaría tener a Luis pegado a mi lado durante todo el día. Su compañía es muy agradable y mientras le veía alejarse por el pasillo, hacia su clase, esa sensación de alegría empezaba a desvanecerse.

Como en todos los momentos en los que estoy de ese ánimo voy por el pasillo sin reparar en nada más que mis pies caminando en línea recta hacia mi clase. Hasta que estuve sentada no me dí cuenta de la nota de la mesa.

“Siento lo que pasó ayer, no me irá intención ofender. Todavía me queda conocer el instituto. –Yerai”

Estoy en blanco, no sé que pensar ni tampoco que hacer. Pero esa nota no cambia nada, sólo ha conseguido ponerme más nerviosa, y eso no me viene nada bien en este momento.
Sé que me esta mirando mientras guardo la nota y me sigue mirando de vez en cuando el resto del tiempo, lo sé, lo noto. Por eso intento evitar mirarle durante las clases, si una nota me ha puesto nerviosa sus ojos verdes me pondrían peor.

Nunca me había alegrado tanto de escuchar el timbre del almuerzo. Casi salgo a la carrera y por poco me choco con varias personas pero me no me importa. Lo único que quiero es ver a mis amigos y tener al lado a Luis.
A ellos también les falta poco para salir a correr, pero en dirección contraria a la mia.

-Tienes una cara horrible ¿Qué te ha pasado? –dice Candy mientras extiende un brazo hacía mí, no sé si con la intención de tranquilizarme o para tomarme el puso por miedo a que me dé un ataque.
-No sé, no me encuentro muy bien…
-Ven aquí –Luis me acerca hacia él y me abraza fuerte apoyando su cabeza en la mía.- estás temblando –me abraza más fuerte rozándome los brazos para entrar en calor.

Tengo los nervios a flor de piel, y lo peor es que no estoy segura el por que. Desilusiones, la nota… demasiadas emociones juntas quizás.

-Eh ¿estos son los nuevos dibujos que vas a llevar a la tienda de tatuajes? –dice Candy mirando unas hojas que ha sacado de mi mochila.
-Sí, son esos. Pedí la cita para esta tarde –me acurruco más en los brazos de Luis dejando de lado mis preocupaciones y también dejando, poco a poco, de temblar.
-¡Wow! Son geniales. En cuanto consiga convencer a mis padres me haré uno de estos, son increíbles.
-¿Puedo verlos? –dice Luis extendiendo un brazo hacia Candy lo máximo posible sin moverme de su lado y se queda mirando los dibujos con el ceño fruncido- Son realmente buenos, ¿Qué tienes pensado hacerte?
-Un fénix apoyado en una calavera en el hombro, con colores claros y sombras, y algo que lo una a la palabra “Eternity” que irá en el antebrazo.
-Que ganas tengo de vértelo, seguro que te queda genial –comenta Candy.
-Tengo un dibujo por aquí, no está completo pero es justo lo que quiero –cojo los dibujos de la mesa revolviéndolos- Que raro, juraría que lo tenía por aquí…

De repente aparece delante mia el dibujo que había descrito sujetado por una mano pálida.

-¿Buscabas esto?

Me muerdo el labio y miro a Yerai, que suelta con cuidado el folio encima de la mesa.

-Se te cayó cuando saliste corriendo de clase –está muy serio. Lo conozco desde hace dos días, pero estoy segura de que le ocurre algo.
-Gracias –recojo los dibujos de vuelta a mi mochila cuando Candy dice:
-¿Vais juntos a clase? ¡Ari no dijiste nada!
-Bueno estaba en otras cosas…Luis, Candy os presento a Yerai. Yerai estos son mis amigos.
-Un placer –Luis mira a Yerai de arriba a abajo y me abraza más fuerte contra él.
-Encantada, ¿quieres sentarte? –Candy le señala una silla con una gran sonrisa en la cara.
-No, gracias. Venía a hablar con Ari pero no quiero interrumpir. Quizás otro día, nos vemos.

Se da la vuelta con las manos en los bolsillos sin decir nada más, ni siquiera me mira. ¿Qué le ocurrirá? ¿Será por lo de la nota? Ahora me siento culpable por mi comportamiento.

-Que tío más raro.
-¡Luis! No digas eso. Pobrecito, se le veía nervioso… -dice Candy suspirando- Ojalá se hubiera quedado, quizás vuelva otro día.
-¿Pobrecito? ¿Qué se quede? Estas de broma, supongo. Es enfermizo, ¿te has dado cuenta como nos miraba?

Miro a Luis frunciendo el ceño.

-¿Cómo nos miraba?
-Parecía que quería apartarte de mi lado y partirme la cara a puñetazos, me dio esa impresión. Patético.

Él y Candy siguen peleando mientras yo me quedo pensando en lo que dijo Luis.
¿De verdad me había mirado así? ¿Es posible, que una persona a la que casi no conoces sienta celos? ¿O es sólo mi imaginación?

domingo, 6 de febrero de 2011

Capítulo 4# Malas noticias.

Lo difícil no fue llegar a casa, lo difícil fue distraerse en casa.
Estaba acostumbrada a las decepciones, pero siempre me confiaba pensando “este va a ser distinto”. No, no era distinto, era como el resto de los tíos. Los conoces, se te acercan para ser amables un momento, aprovecharse y no volver a mirarte.

“Estúpida, estúpida, estúpida. ¿Cómo pudiste caer? Te creía mas sensata Ari.”

Suspiro. Candy tenía razón, estaba trastornada, pero por culpa de esos ojos verdes. Tenia que sacármelos de la cabeza antes de volverme loca. Sabía que no sería capaz.

-¡Arg! –me levanto del sofá pasándome  las manos por el pelo- ¡Maldita la hora que acepté irme contigo!

Suena el timbre, grito un “¡Voy!” y recojo todo lo rápido que puedo el salón antes de abrir.

-Hola hola –me sonríe Candy desde la puerta- Me pasé por aquí ya que no apareciste a la salida de las clases y me preocupó que te hubiera podido pasar algo.
-Pasa –le dejo entrar y vuelvo al sofá donde me tumbo a mirar el techo- No me pasó nada, solo que… no me encontraba bien y  decidí venirme a casa.

Se coloca delante de mí con su cara a pocos centímetros de la mía examinándome detenidamente.

-¿Estás segura? No suena muy convincente.
-De verdad, te lo prometo, me sentía mal y me vine. No pasó nada más. ¿Quieres quedarte a dormir esta noche?
-¡Eso está hecho! En verdad venía con esa idea, para hacerte compañía un rato. Y como sé que no eres una genio en la cocina pedí una pizza antes de venir, debe estar al llegar.

Me levanto abrazándola. Cuando dije que no podía vivir sin Candy era absolutamente cierto. No hay ni un solo detalle que se le escape y por eso me compensa, por que yo soy un auténtico desastre.

-De nada, de nada. –ríe abrazándome- Oye, ¿tienes el móvil en silencio? Porque está iluminado.
-Será algún mensaje de publicidad.
-Yo lo miraría por si las moscas. Voy a preparar palomitas, he traído unas pelis.
-Okay –cojo el móvil, mientras ella desaparece dentro de la cocina, y miro los seis mensajes.

Todos son de llamadas perdidas, cinco de ellos de un número desconocido. El último es de mi padre. Uf, no le va a gustar nada que no le haya contestado. Le llamo y me lo coge al segundo toque, pero quién responde es mi madre:

-Hola cariño ¿qué tal el primer día de clase?
-Hola mamá. Pues bien, como todos los años.
-Hmm, pareces deprimida, ¿está todo bien? Si necesitas algo puedo pedirle a Carmen que se pase a echarte un vistazo.
-No creo que Carmen sea la más indicada, será una gran amiga vuestra pero no me gusta la idea de que una abogada “me eche un vistazo”.
-Está bien –dice ella mientras no para de reir- pero sabes que me preocupo, con tanto viaje casi no nos vemos.
-Lo sé, pero no es culpa tuya. Además volvéis dentro de poco.
-La verdad es que no cariño. Nuestro viaje se va a alargar un tiempo.
-¿¿¿Qué??? Pero… -confundida- Dijisteis que volveríais en dos semanas como mucho.
-Lo siento, pero el trabajo es así.
-¿Cuánto más vais a estar de viaje? –se nota lo decepcionada que estoy y mi madre también se da cuenta.
-Se ha atrasado la vuelta hasta dentro de dos meses y medio. Si hay suerte y las reuniones con el resto de las empresas salen como está planeado estaremos de vuelta mucho antes.
-¡Dos meses! ¡Pero eso es mucho tiempo! ¿Y los planes que teníamos preparados?
-A tu padre y a mí tampoco nos gusta tener que cancelarlo todo pero no podemos hacer nada.
-Esperaba poder teneros aquí por mi cumpleaños…
-Todavía queda casi mes y medio para tu cumpleaños, seguro que tenemos suerte y conseguimos ir. De todos modos te vamos a adelantar tu regalo, mira tu fax.
-De acuerdo…- voy al fax y veo una hoja con unos pocos párrafos. La cojo leyéndola y entonces me doy cuenta de lo que es- ¿de verdad? ¿de verdad me dais permiso?
-Pues claro que sí cariño. Desde que te emancipaste tu padre y yo nos hemos dado cuenta de que te has vuelto muy responsable. Sabíamos las ganas que tenías y por eso decidimos darte la autorización.

Cuando me emancipé, no lo hice por una mala relación con mis padres, si no por que ellos al viajar mucho tenían que dejarme a cargo de alguien y no había ningún tío o abuelo que pudiera hacer esa tarea. Desde entonces vivo sola, tengo piso y moto propias. Pero no siempre me dejaban todos loa caprichos que quería aunque estuvieran lejos. Por eso me sorprendió mucho que me dejaran tatuarme, siempre les pareció una locura.

-Gracias mama, esto me alegra un poco. Dale las gracias también a papa.
-Se lo diré cariño, ten mucho cuidado ¿vale? Volveremos lo antes posible.
-Os echo de menos –tenía que decírselo, creía que iba a reventar y, aunque sabía que era imposible, esperaba poder conseguir que volvieran antes.
-Nosotros también a ti. Te avisaremos su hay novedades. Te quiero mucho, cuídate.
-Adiós, os quiero –y se cortó la línea.

Y yo estoy ahí, parada, mirando la autorización deseando que todo hubiera sido una broma de mal gusto. Eran casi tres meses… Deberían volver dentro de dos semanas… No podía estar más deprimida.

-¿Qué es lo que ocurre? –Candy me mira desde la puerta de la cocina sosteniendo un gran cuenco de palomitas.
-Mis padres no vuelven hasta dentro de tres meses –suspiro-
-Oh vaya…Pero no te desanimes, a ellos tampoco les gusta la idea de estar tanto tiempo separados de ti.
-Lo sé. Dejémoslo estar, ¿Qué pelis has traido?

Me sonríe al ver como dejo de preocuparme y prefiero distraerme.
Cuando por fin llegó la pizza nos tumbamos a ver Pesadilla en Elm Street hasta que tuvimos el sueño suficiente para irnos a la cama. Esperaba que un buen descanso me animara un poco por la mañana.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Capítulo 3# Ángel.

Doy un pequeño brinco de la sorpresa y miró al dueño de los ojos marrones que han conseguido que durante el almuerzo estuviera en las nubes y Luis se mosqueara conmigo.

-Lo siento ¿te he asustado? –sonríe con una sonrisa increíblemente adorable. Imposible, es demasiado perfecto, algo tiene que fallar en él, seguro.- Me llamo Yerai, ¿y tu eres?
-Em…Soy Ari –me giro intentando, pero sin conseguirlo, no sonrojarme.
-Encantado Ari. ¿Ese es tu nombre o es un apodo?
-Un apodo –digo casi en un susurro mientras sigo colocando mi taquilla.
-Me parece que contradices a tu camiseta. Te has aliado con el enemigo –ríe- ¿Es que te doy miedo? Tranquila, no muerdo. ¿Entonces, como es tu nombre?

Me giro tímidamente cerrando la taquilla y sonrío.

-Mi nombre es Ariadna, pero prefiero que me llamen Ari.
-Bonito nombre –sonríe y yo vuelvo a quedarme embobada mirándolo- Bueno como ya te habrás dado cuenta soy nuevo y estoy un poco perdido. ¿Tú me enseñarías el instituto y la ciudad?
-Podría enseñarte el instituto pero tendría que ser en otro momento, o llegaremos tarde a clase.

“¿De verdad he dicho yo eso? ¿Yo? ¿La que siempre llega tarde a todo?”

-Bueno…-se apoya en la taquilla mirando al techo- siempre podemos irnos. Por lo que he visto no seríamos los únicos y dejaríamos lo del insti para otro día. –me sonríe sin dejar de mirarme- Me gustaría conocer lugares bonitos de esta ciudad…con la mejor compañía.
-No se…

“Dios Ari ¿que te pasa? ¡Míralo! ¡Te está pidiendo escaparse del resto de clases contigo!”
“¿Pero y si lo que le dije a Candy es verdad? No estoy segura…”
Mi parte racional peleaba contra la parte sentimental y yo cada vez estaba más confundida.

-Si no quieres no importa…Ya me las apañaré yo solo, quizás no me pierda si voy con cuidado…

Puso una cara de inocente que hizo que me derritiera y al final la parte racional perdió.

-¡No! Es decir…No me importa perderme las clases… -me sonrojo- Esta ciudad no es muy grande pero hay muchas calles…

Me muerdo el labio cada vez más nerviosa. Tengo miedo de decir algo estúpido y quedar en ridículo delante de este…ángel. Sí, ángel es la palabra perfecta para describirle.

-Entonces todo aclarado –sonríe colocándose a mi lado- ¿Por donde empezamos?




Salir al lado del chico nuevo atrajo más de una mirada. Puede que sea bastante tímida pero podría volver a ver las caras de envidia de Sara y Lucía, las estúpidas populares del instituto, mil veces y no aburrirme.
Y ahora me encontraba tranquilamente sentada al lado del ángel comiéndonos un helado mientras el resto de mis compañeros estarán viendo uno de los aburridos documentales del profe de Ciencias.

-Mmmm, tenías razón, el helado de pistacho está de muerte. –dice él y yo me río al ver su cara.
-Te has pringado todo –digo sin parar de reírme.

Si pensaba que alguien distinto de Luis o Candy iba a poder cambiar mi lado tímido y volverme habladora estaba totalmente equivocada.

-Mierda –él también se ríe mientras se limpia la cara y se queda mirándome- Bueno, cuéntame algo de ti, no se…¿cuántos años tienes?
-¿No sabes que eso es lo último que se le pregunta a una mujer?
-Ah claro, por eso las chicas se cabreaban conmigo –ríe a carcajadas tirando el poco helado que le quedaba- ¿Tienes hermanos? ¿Perros? Eso sí lo puedo preguntar.
-Soy hija única. Y me encantan las mascotas pero vivo en un piso, no hay mucho espacio y no tengo tiempo con los estudios.
-Comprendo. ¿Ves? Ya sé algo más de ti.
-¿Y tu? Parece que sólo quieres hablar de mí, háblame de ti.
-También soy hijo único, pero tengo dos perros y me hacen tanta compañía como un hermano –sonríe.
-¿No tienes ningún mejor amigo?
-Tuve que dejar a todos mis amigos en la ciudad donde vivía –se encoje de hombros mirando a la gente pasar- Son cosas que pasan.

Me quedo pensando en lo que tiene que ser dejar toda una vida detrás tuya, tantos años, amigos… Todo perdido con una simple mudanza.

-Y bien… -vuelvo a la tierra y le miro a sus preciosos ojos- ¿Tu tienes novio?

Bajo la mirada más que sonrojada y digo lo bastante alto para que él lo escuche:
-Se me hace un poco tarde, tengo…Tengo que irme a casa.
-Lo siento si dije algo que te molestara.

Me levanto cogiendo la mochila sin mirarle.

-No, es solo que…Nada, no importa.
-Puedo acompañarte si quieres.
-No gracias, prefiero ir sola.

Y sin decir una sola palabra más me giro y voy a toda prisa hacia mi piso con el corazón en un puño.

Capítulo 2# Incertidumbre.

-Ari ¿me estas escuchando? Ari. Tierra llamando a Ari.
-Está empanada. –dice una voz de chica.
-¡Ari!
-¿Eh? –miro a Luis que me contempla cabreado y me siento culpable por no haber atendido a lo que estaba contando- Lo siento, no estaba escuchando.
-Eso es obvio. –responde la chica, mi otra mejor amiga, Candy.
-¿Se puede saber que es lo que te pasa? –dice Luis mientras se cruza de brazos sin dejar de mirarme.
-Nada, solo estoy un poco cansada, será porque alguien me ha despertado muy pronto. –respondo sarcástica intentando cambiar de tema.
-Bueno, aun así has llegado tarde. Yo tengo que irme, nos vemos a la salida chicas. Os quiero. –nos lanza un beso y se larga con un chico bajito y con gafas.

Candy se acerca disimuladamente a mí y me habla como si quisiera contarme un secreto.

-Oye, sabes que a mi puedes contarme lo que te pasa, ya sabes… si te pasa algo con Luis…

Le miro con cara de “No puedes haber dicho eso.”

-Ey no me mires así, podría pasar, y sería totalmente comprensible. Es decir ¡míralo! Es guapo, majo y os conocéis desde los cinco años.
-No me gusta Luis, Candy. Y si me gustara serías las primera en saberlo, no tendrías ni que preguntar. Le tengo mucho cariño y es mi mejor amigo pero…no creo que le quiera tanto.
-De acuerdo. –Sonríe intentando animarme- ¿Entonces que te pasa??

Candy es igual que Luis, alegre y sin preocupaciones. No sé como tanta felicidad puede caber en una personita tan pequeña. Al contrario que yo ella prefirió quedarse su pelo de color natural, castaño oscuro, pero corto y con el flequillo recto, lo que la hacía mas adorable. Llevaba una de las camisetas que le regalé por su cumpleaños, del grupo Mindless Self Indulgence y su gran cruz lila con la calavera.
Sonrío intentando tranquilizarla.

-Nada en serio, solo estoy cansada. Es el primer día de clase después de noches acostándome tarde, es normal.
-En eso te doy la razón –ríe y mira por encima de su hombro- Este año hay mucha gente nueva ¿verdad? En mi clase no hay nadie que no conozca de otros años, que mal.
-Te da igual, antes del segundo trimestre ya eres amiga de todos los nuevos –rio viendo como pone los ojos en blanco.
-Creo que me conoces demasiado bien –rie conmigo y se queda mirando a algo o alguien- ¿Y aquel chico? Es nuevo seguro, nunca lo he visto pero… ¡Dios! ¡Qué guapo es!
-¿Quién? –sigo su mirada y me vuelvo a encontrar con esos ojos marrones verdosos contemplándome. Me giro mirando la mesa, intentando que Candy no sé de cuenta de mi sonrojo.

-¿Lo has visto? ¿Verdad que es guapísimo?
-Eh, sí, supongo…
-¿Supones? ¡Está buenísimo Ari! Ains, ojala fuera con él a clase…

Me encojo de hombros mordisqueando una manzana.

-¿Y que más da? Parece el típico chico de “aquí te pillo, aquí te mato”. No te hagas ilusiones, saldrías mal parada.
-Arrg, comparto la opinión con Luis. Eres muy pesimista, demasiado. Me parece que el levantarte pronto te ha trastornado.
-Lo que tu digas –me levanto cogiendo mi mochila y la manzana.

Candy hace una mueca muy propia suya con la que da a entender que se ha molestado y yo sonrío. Es como mi hermana pequeña, es más, siempre la vi como la hermana pequeña que nunca tuve. Le doy un beso en la mejilla y la abrazo.

-No te enfades que así estas muy fea. Tengo que irme a clase, nos vemos a la salida y me cuentas que tal te fue todo ¿vale?
-Esta bien, nos vemos luego Lynzy –me besa la mejilla y yo entro en el edificio buscando mi taquilla.

Lynzy es el apodo cariñoso que me tenía Candy desde que le enseñé el grupo MSI. Siempre me decía que me llamaba así porque nuestra amistad era como la de Kitty y Lyn-Z, la bateria y la bajista del grupo. No es simple compañía, es algo más.
No me imagino un mundo sin la alegre Candy a mi lado.
Iba tan distraída que por poco me paso de taquilla. Termino de comerme la manzana tranquilamente mientras empiezo a “decorar” la que va a ser mi taquilla de este curso cuando oigo una voz suave y tranquila a mi espalda.

-No parece que tengas mucha prisa por llegar a clase, ¿o me equivoco?

Capítulo 1# Primer día de clase.



“Look alive sunshine…”
-Mmmm... -suspiro y, sin abrir los ojos, extiendo el brazo en busca del móvil, con tan mala suerte que lo tiro al suelo- Mierda, empezamos bien…
Lo cojo con pereza mientras me froto los ojos.
-¿Quién es?- contesto adormilada acompañándolo de un gran bostezo.
-¡Despierta bella durmiente! Día nuevo, curso nuevo.
-Hola Luis, gracias por despertarme. –gruño.
Luis mi mejor amigo desde los cinco años siempre se encargaba de sacarme una sonrisa en mis peores momentos y era una persona con una gran seguridad en sí mismo, pero me fastidiaba su puntualidad, ya que yo siempre llegaba tarde a todo.
-Siempre es un placer complacerte.-ríe y empieza a hablar serio de repente- Ahora levántate ¡ya! Es el primer día de clase no querrás llegar tarde.
-Bff ni me lo recuerdes. Día nuevo, nuevo curso asqueroso. –Empiezo a levantarme y voy a mi armario- Además no creo que este sea diferente de los demás.
-Que optimista eres. –me lo imagino con el brazo el jarra, manía que tiene desde hace mucho.
-Bueno, ¿has llamado por que me echabas de menos o querías decirme algo?
Pongo el manos-libres mientras escojo mi ropa: pantalón negro gastado, botas negras brillantes y una de mis famosas camisetas decoradas por mí misma. Miro entre toda mi colección y elijo una con la frase: “Silence is the enemy.”
-Pues la verdad es que por las dos cosas. –suspira- Tuve un problemilla con el coche y lo mandé a arreglar por eso te desperté temprano. Te va a tocar caminar hasta el insti, lo siento.
-No importa, además creo que me vendrá bien el paseo, así me despejo.
-De acuerdo, pero te prometo que mañana te recojo a primera hora, lo siento mucho. Tengo que colgar, nos vemos a la hora del almuerzo ¿ok? Besos, te quiero mucho.
-Nos vemos, besos.
Me visto, me peino, recojo la habitación… El tiempo pasa volando y yo como siempre atrasada. Voy a la cafetería que se encuentra al lado de mi piso y compró un café para llevar antes de salir pitando al instituto.
-Here’s to your perfect weapon, crack bones with blind agressions…
Canto por lo bajo cuando me doy cuenta de la hora que es. Las nueve menos cuatro minutos, las clases empiezan a las nueve y me quedan otros diez minutos de camino.
Echo a correr todo lo deprisa que puedo aunque con dificultad, ya que las calles a primera hora de la mañana están repletas de gente que se dirige a sus trabajos.
Por fin veo a lo lejos la silueta del edificio principal y gente en las puertas. Por lo que se ve sigue siendo costumbre hacer pellas el primer día.
Con un papel del horario en una mano y sujetando la mochila con la otra empiezo a buscar mi clase.
-4ºB, 4ºC…1º de bachillerato – cojo aire armándome de valor y toco a la puerta entrando- ¿Se puede?
El profesor se gira y le reconozco al instante: Fer, mi profe de Lengua preferido y el que consiguió convencerme de seguir escribiendo y dibujando. Él también me ve y sonríe.
-Sí, se puede. Siéntate donde quieras, acabamos de empezar. Bonito peinado. –guiña un ojo y se vuelve hacia la pizarra.
Busco un sitio libre mientras escucho los cotilleos de las populares del instituto.
-Por Dios, el pelo negro y rojo. Que horror, es emo o gótica fijo, algo siniestro.
-Ya te digo, aunque lo niegue ¿de que le sirve? Menudas pintas.
Paso de ellas y en mi búsqueda de pupitre me encuentro de una mirada penetrante rodeada de un flequillo negro y una piel blanca con apariencia delicada, más que la mía, algo que creía imposible. Una mirada que sin saber porque hace que me sonroje.
Controlando mis pies para no tropezar me siento en uno de los pocos pupitres libres, que no cae muy lejos del chico misterioso, e intento seguir la clase pero me lo impide la sensación de que esa mirada de color marrón verdoso no me quita la vista de encima.