lunes, 28 de marzo de 2011

Capítulo 14# Secretos amorosos y otros pensamientos.

Faltan apenas dos días para mi cumpleaños, es decir, que sólo tengo hoy libre para hacer lo que quiera, ya que mañana hay que dar los últimos retoques y tenía pensado pasar el resto del tiempo con Yerai.
Así que hablé con él para decirle que esa tarde estaría con Candy. Digamos que sería, una tarde sólo de chicas.

-Podéis iros los dos a...ver una película, montar en bici o lo que sea -dice mi amiga a Luis y Yerai, ahora que es el almuerzo y estamos los cuatro juntos.

Ya le conté mi idea sobre estar toda la tarde con ella, pero claro, no sabe que cancelé mis planes con Yerai. Pero eso no importa, últimamente me la encontraba en las nubes o demasiado seria, algo extraño en ella, y me estaba preocupando.

Por eso pienso que no hay nada mejor que una charla entre amigas para aclararlo todo y encontrar soluciones a lo que le ronde la cabeza.

-Creo que paso -contesta Luis- Tengo que terminar un trabajo de música y me está costando mucho.
-¿Sobre qué es?
-tengo que buscar un grupo y poner información suya. Además de una pequeña presentación con vídeos y fotos. ¡Pero no encuentro ni uno sólo que valga la pena! My Chemical Romance, Queen, The Misfits...Todos esos ya están cogidos.
-¿Y ACDC? Es bastante bueno. ¿Qué digo bueno? Bueno es quedarse extremadamente corto. -contesta Yerai, mirando de manera extraña algo de su comida.
-No, creo que no...¿Sabes mucho sobre el grupo?

Mi ángel particular aparta el plato después de darle muchas vueltas y apoya la barbilla en la palma de la mano, sonriendo a Luis de manera pícara y despreocupada.

-¿Qué si se? Estás hablando con un fanático, amore. ¡Highway to hell!
-Entonces tenemos planes para esta tarde -contesta mi amigo rubio, riendo y el resto secundándolo pocos segundos después.


Las clases pasaron rápido y cuando llegué a casa me dí prisa por terminar mis tareas.
Cuando por fin terminé el gran montón de ejercicios de Biología, cerré el piso y fui a comprar un par de cosas para comer y beber estando con Candy, unos aperitivos.

Después fui a recogerla y ahora nos encontramos en el césped del parque, bebiendo cada una su lata de Monster Ripper.

-Bueno, piensas contarme que es lo que te pasa? -le miro, y ella a su vez mira el cielo, totalmente perdida en su mundo.
-No hay nada que contar.
-Candy, a mi no me hagas boba, te conozco mejor que a mí misma y sé que a ti te pasa algo. ¿No será que te gusta un chico verdad?

Sé que la he pillado cuando se sonroja y deja de mirar a las nubes para mirarse las manos.

-¿Dime quién es? ¿Lo conozco?
-Y tanto...
-¡Vamos Candy dímelo!
-De acuerdo, pero prométeme que no te enfadarás.
-¿Por qué debería hacerlo?
-Porque quien me gusta es tu amigo desde los cinco años.

Me quedo con la boca abierta, practicamente. Estoy totalmente sorprendida, es increíble. Nunca creí que eso fuera posible. ¡Pero si se la pasaban discutiendo todo el día! Algunas veces llegué a pensar que acabarían arrancándose la cabeza.
Ahora me doy cuenta de cuanta razón tiene la frase "Los que se pelean, se desean."

-¿De verdad te gusta Luis? ¿Por que no me lo dijiste antes?
-Dios, Ari ¡es obvio! Me da vergüenza, me gusta demasiado.
-Entonces ese es el porque de que estuvieras siempre en las nubes estos días ¿eh? -río, dándole un codazo amistoso para relajar un poco el ambiente.
-No es sólo eso. Pensé en que ya es hora de contárselo, aunque no estoy segura.

No puedo aguantar las ganas y la abrazo fuerte. Acaba de provocar que mi lado fraternal salga a flote. ¿Cómo puede ser tan atrevida algunas veces y tan adorable otras? Es inexplicable, pero el amor hace cambiar mucho a las personas.

-Sea para lo que sea, cuenta con mi ayuda. Te apoyaré en todo, y te deseo mucha suerte cuando se lo cuentes a Luis. Me alegra mucho que te hayas fijado en él.

Finalmente ¿quién mejor para Candy que un chico cariñoso y atento como mi mejor amigo? No hay nadie mejor que él para ocupar ese puesto.

viernes, 18 de marzo de 2011

Capítulo 13# Siempre.

Tranquilidad, absoluta tranquilidad es lo que siento en estos momentos después del ajetreado día de ayer.

Después de enseñarme la mini-discoteca comenzamos a colocar los decorados, que como imaginé eran demasiados, y a continuación miles de llamadas para pedir las bebidas y avisar a la gente de la fiesta.

Si alguien pensaba que sería de manera tradicional, con la invitación en papel, estaba más que equivocado. Candy nunca hace algo de manera tradicional.

Y ahora por fin puedo respirar tranquilamente en mi sofá y sin ninguna preocupación, aunque quedan apenas cuatro días para mi cumpleaños.

“Que se le va a hacer.”

Suena el timbre.

-Oh vamos, ¿es que no puedo desconectar del mundo real ni un minuto?

Me dirijo a la puerta y cuando abro no encuentro a nadie, pero en el suelo hay un paquete envuelto en papel rojo con una nota. Miro hacia todos lados pero no veo a nadie por los alrededores, así que recojo el paquete y entro de nuevo en el piso, cogiendo la nota y colocando el misterioso regalo en la mesa del comedor.

“Estuve hablando con Candy y me dijo que no te gustan los regalos, pero yo pienso que te mereces uno muy grande. Esto es solo la primera parte, pero espero que te guste. No puedo quedarme para ver que te parece pero vendré esta noche. Con cariño, Yerai.”


No tendría que haberse molestado en comprarme nada. Pero también tengo que admitir que es un regalo precioso.

Me contemplo en el espejo admirando la forma en la que el vestido plateado con adornos negros se ajusta a mi delgada figura.
Llega por la mitad del muslo y está compuesto de dos partes: la falda que cae en volantes de tela fina con los bordes en negro mientras que la parte de arriba es un corsé sin mangas con las cintas del pecho también en negro.

Me encanta, pero si eso es solo la primera parte del regalo no quiero saber que más hay. No soporto la idea de que alguien se gaste dinero en mí, y menos Yerai.


Pasa una hora en la que yo preparo algo sencillo para cenar, para dos, y suena el timbre cuando termino de colocar un par de cosas en la mesa.

-Hola –le sonrío  al abrirle la puerta.
-Hola –me corresponde la sonrisa- ¿Te gustó el regalo? –pregunta mientras entra en el piso y se quita la chaqueta.
-Es precioso, no tendrías que haberte molestado.
-Ts, ts, ts. –niega con un dedo cogiéndome por la cintura- Es tu cumpleaños, quería regalarte algo. Además eso no es lo único.
-¿Qué mas hay?
-Lo sabrás a su debido momento –me da un pequeño beso en la punta de la nariz.

Después de cenar nos tumbamos abrazados en el sofá a ver la tele, pero al cabo de un rato él extiende el brazo para coger el mando y apagarla. Me pregunto que le pasará.

-Quiero hablar contigo –dice con tono serio.

Empiezo a tener miedo. ¿Qué querrá hablar? ¿Por qué esta tan serio? ¿Qué es lo que va a ocurrir?

-Si, claro… Dime-me giro para poder verle la cara y me lo encuentro con la vista perdida y el ceño fruncido.

Mi preocupación aumenta al verle y comienzo a ponerme nerviosa.

-¿Estas bien? –le digo cogiéndole la mano al ver que no dice nada.
-Sí, sí… Es solo que llevo todos estos días comiéndome la cabeza y necesito decírtelo.
-Me estás asustando, ¿qué es lo que pasa?
-Estoy preocupado…
-¿Por qué?
-Porque me preocupa que te alejes de mí.

Respiro mucho más tranquila después de oír eso y me sonrío a mi misma, cosa que a él le confunde y por eso pregunta:

-¿Te hace gracia?
-¡No! Claro que no. Es que pensaba que eras tú el que quería irse de mi lado, estabas muy serio y me preocupé. ¿Por qué piensas eso?
-Bueno…Tú me quieres, me lo dijiste en el parque. Pero yo no te dije lo mismo por que…bueno, no es lo que siento. ¡No me malentiendas! Te tengo un gran cariño, y me encantaría sentir por ti más de lo que siento ahora. Pero me está costando, soy muy inseguro. Ya me hicieron daño una vez y no quiero que me pase otra. Sé que no me harías daño pero es difícil dejar malos hábitos.

Sonrío y me acerco a él, besándole lentamente y acariciándole la mejilla, tranquilizándole y quitándole preocupaciones de la cabeza.

-Escúchame –le contesto separándome apenas unos milímetros de él- Que estés conmigo y me tengas cariño es suficiente para mí. No quiero presionarte, ni agobiarte. ¡Nada de eso! A mi no me importa el tiempo que tardes en llegar a quererme. Yo siempre estaré aquí.
-No sabes el peso que me quitas de encima –suspira sonriendo de nuevo.

Nos fundimos en un beso cariñoso y apasionado pero le paro antes de que eso pase a más, puesto que cada vez que me toca de esa manera no puedo concentrarme en otra cosa.

-Yo también tengo que decirte algo.
-No será malo ¿no?
-No. He estado pensando…en que sería mejor contarle esto a Luis y Candy. No es bueno seguir ocultándolo más, me siento culpable.
-Yo también he estado pensando en eso, creo que sería lo mejor. Lo malo es no saber como se lo tomarán.
-¿Qué tal si se lo decimos el día de mi cumpleaños? Creo que es una buena ocasión.
-¡Sí! Es una buena idea. Pues se lo diremos –sonríe- y así no hará falta volver a esconderse.

Y felices volvemos a sumirnos en nuestro pequeño mundo, uniendo nuestras bocas en un feroz beso en el que pronto participan nuestras lenguas, ansiosas por saborear del otro. Pasa lento el tiempo, pero eso no impide que la pasión deje de aumentar.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Capítulo 12# "¿Te quedarás conmigo?"

-Candy. ¡Candy para! ¡Me vas a arrancar el brazo!
-¡Es que quiero enseñártelo ya! Estoy tan nerviosa, seguro que más que tú, y debería ser al revés.
-Sabes que para mí es como cualquier otro día, no se porque te molestas tanto en preparar tantas cosas.
-¡Por que es tu cumpleaños! Diez y siete años no se cumplen siempre.
-Ni los diez y seis, los quince, los sesenta… No tiene nada de especial.
-Da igual, la fiesta se va a celebrar de todos modos, y a lo grande, te guste o no.

Sigue arrastrándome por la calle hasta pararse frente a un edificio enorme, un hotel, que según marca la placa con el nombre tiene cuatro estrellas. Me quedo con la boca abierta. ¡¿Cuatro estrellas?! ¡¿Es que se ha vuelto loca?!

-No te quedes ahí parada, ¡vamos!

La carrera continua, esquivando a gente con pinta de tener dinero suficiente para vivir entre lujos el resto de su vida sin mover un dedo.
Después de entrar en el ascensor, Candy pulsa el botón del piso donde se va a celebrar el cumpleaños.

Mi cumpleaños, el que yo no quiero celebrar desde muy pequeña. ¿Qué tiene de especial cumplir años si lo único que ocurre es que te vuelves más viejo?

Llegamos al piso y siguiendo los apresurados pasos de mi amiga atravieso una puerta marcada con el número 311.
La habitación es enorme. Bueno, no puede considerarse una habitación, más bien es una discoteca encogida.
A la derecha se encuentran un par de barras que ocupan toda la pared, y que el no esperado día estarán preparadas para recibir a cualquier invitado “sediento”.
Al lado contrario debajo de unos soportes de luces se encuentra un equipo de música tan complejo que sólo un Dj puede manejarlo.
Y en el centro la gran pista de baile, que ocupa casi toda la habitación, menos algunos rincones donde hay colocados algún que otro sofá.

La pared que se encuentra enfrente de la puerta es la mayor parte un cristal corredizo que deja ver la espectacular vista del resto de la ciudad al salir a la terraza.

-Vale… ¿cómo has conseguido el dinero para todo esto?
-No ha costado prácticamente nada. Nos hicieron un descuento por contratar camareros y al Dj.

Lo que me imaginaba.

-Candy te has pasado, no es necesario todo esto.
-Pues claro que es necesario. Va a venir mucha gente, en cualquier otro lado no hubiéramos cabido todos.
-¿Cuánta gente? –nerviosa.
-Toda tu clase, más algún que otro amigo del instituto y demás. No te estreses, está todo controlado.
-Ya lo veo.

Suelto todo el aire de mis pulmones. Esto va a ser horrible.
Siempre he sabido que Candy no dejaría ni uno de mis cumpleaños sin celebrar, pero nunca pensé que en uno de ellos fuera a montar algo como esto. Esto es demasiado para mí.

-Hola chicas –aparece Luis por la puerta con una gran sonrisa.
-Luis ¿dónde están los decorados? –gruñe mi amiga. Cuando quiere que algo salga perfecto puede llegar a ser muy exigente.
-Los trae Yerai. Esta en el ascensor peleando con la caja, tendríais que verle –ríe- ¿Te gusta como esta quedando todo, Ari?
-Es excesivo.
-Bah, tu ni caso, no sabe apreciar el trabajo bien hecho –comenta Candy justo cuando Yerai aparece por la puerta haciendo malabares con una caja.
-¡Ayuda por favor!

Corremos a ayudarle con la gran caja que resuena y pesa bastante. No quiero saber la cantidad de adornos que contiene.

-No tienes muy buena cara –comenta Yerai una vez librado de peso y pudiendo respirar normal.
-Todo esto puede conmigo…¡Ni siquiera quiero una fiesta! –grito desesperándome completamente.

No me he dado cuenta de que Luis y Candy se han apartado hacia el equipo de música y charlan, supongo, sobre la música que se pondrá el no-esperado día.
Por lo menos puedo desahogarme tranquila sin tener que pasar un mal trago con las quejas de mi amiga.

-Parece que le tuvieras fobia a las fiestas.
-Se puede decir que así, las detesto. Tanta gente me pone nerviosa, y más el echo de que van a estar pendientes de mí. Mis nervios no pueden soportarlo.
-Ey tranquila –sonríe acariciando mi hombro de forma amigable con la intención de tranquilizarme- Siempre puedes estar cinco minutos y largarte.
-¿Y arriesgarme a que Candy me retuerza el precuezo? No se que es peor –sonrío un poco- Pero gracias por intentarlo.

Se encoje de hombros y coloca sus manos en los bolsillos distraídamente.

-Ya encontraremos alguna manera de que no te de un infarto el día de la fiesta. Aunque están trabajando un montón para terminar todo a tiempo, se nota que les importas mucho. Piénsatelo, quizás una fiesta no sea una idea tan mala después de todo.

Quizás tenga razón y una fiesta no sea tan mala. Pero también es verdad que no soy capaz de vencer mi miedo a las fiestas y calmar mis miedos.

“Querido príncipe, ¿cómo consigues que me sienta tan tranquila en momentos como este? ¿Te quedarás conmigo también si algo ocurre o tendré que enfrentarme a todo yo sola? Sea cual sea el futuro inmediato que esté por llegar.”

miércoles, 2 de marzo de 2011

Capítulo 11# Arrepentimiento y pertenencia.

NOTA: Recomiendo leer este capítulo escuchando la canción que se hace referencia en uno de los diálogos. ¡Espero que os guste! J http://www.youtube.com/watch?v=UCCyoocDxBA

Me tapo la cara con las sábanas al notar los rayos del Sol colándose por la ventana que he olvidado cerrar la noche anterior. Dudo que vaya a levantarme en toda la mañana, ni siquiera sé que hora es.

-Arriba Bella Durmiente, ya es bastante tarde.
-Joo, déjame dormir un poco más.
-¿Y qué hace entonces el príncipe sin ti?

Me abraza fuerte por la espalda, dándome besos por el hombro hasta llegar a mi mejilla y entonces todos los recuerdos de la noche anterior acuden a mi cabeza. El parque, las estrellas, el camino de vuelta guiándole otra vez con los ojos vendados aunque esa vez fue por petición suya… Después de eso llegamos a mi casa y todo fueron besos y caricias sin pausa.

Me sorprende que no esté ni un poco sonrojada, ni sienta un poco de vergüenza al pensar en los detalles.
Me giro para poder besarle y le abrazo fuerte.

-Es sábado, el príncipe podría quedarse conmigo.

Pongo mi mejor cara inocente aunque sé que con solo habérselo propuesto aceptará sin dudarlo.

-¿Y piensas pasarte todo el día entre las sábanas?
-Si es contigo no me importa.
-Te preparo el desayuno si te levantas.
-Mmm, no es mala idea. Veamos que tal se te da la cocina.

Después de ponerme una camiseta, que me queda enorme, voy hasta la cocina sin soltarle de la mano y comienzo a sacar todo el “instrumental” que me va pidiendo para comenzar a cocinar.
Espero que él sepa cocinar algo, aunque sean unos míseros huevos, ya que mi idea sobre cocina es prácticamente nula a pesar de haber recibido clases de mi madre en contadas ocasiones.

-Para desayunar no es gran cosa, pero suele salirme bastante bueno –trae dos platos a la mesa donde estoy sentada esperándole- Tortitas y una tortilla para la princesa.
-Muchas gracias –le doy un beso cuando se inclina a dejar el plato frente a mí- No sabía que tuviera masa para tortitas.
-Tienes los armarios y la nevera llenos de cosas que seguro no usas –comenta sentándose enfrente de donde estoy yo y comenzando a comer.
-No suelo complicarme mucho a la hora de comer.
-Me parece que voy a tener que venir por aquí más veces, aunque solo sea para cocinar.

Ríe y yo con él. En realidad me hubiera encantado decirle que puede venir aquí cuando le de la gana, pero sonaría demasiado desesperada por conseguir su compañía durante todos los minutos de quien sabe cuanto tiempo.

Después de desayunar y recoger la mesa con los restos insistí en terminar de recoger yo, cosa a la que él me llevaba la contraria con la escusa de que yo no era la que había montado tal desastre en la cocina. Pero al final gané yo.

Así que mientras yo termino de limpiar los últimos platos Yerai se encuentra en alguna parte del piso investigando. Realmente es muy curioso.

-¿Yerai?
-¡Estoy en la habitación!

Voy hacia el cuarto y me lo encuentro mirando algunas de mis cosas, al parecer muy entretenidas, ya que no mueve un solo músculo de su posición cuando entro y me coloco a su lado.

-¿Tan bonitas son mis cosas? –río.
-Bonitas no…¡increíbles! Tienes todos los discos de algunos de mis grupos favoritos.
-Solo soy una fanática de la música. ¿Cuál estas mirando?
-Three cheers for sweet revenge de My Chemical Romance. Todavía recuerdo como le insistí a mis padres por él. Ni siquiera se molestaron en buscarlo en una tienda.
-Puedes quedártelo, tengo otro igual. Mi padre adora el grupo pero cuando salió The Black Parade le gustó más que este disco.
-No le culpo, The Black Parade es un gran disco, y se curraron un montón las canciones. Aunque siempre me ha gustado más este.
-¿Cuál es tu canción preferida?

Coloca el disco en el reproductor y comienza a pasar canciones hasta que llega a la que quiere y la voz de Gerard Way inunda la habitación invitándonos a un funeral.

-Helena…También es mi preferida –sonrío.
-¿Me concedes este baile? –extiende una mano hacia mí con sus verdes ojos brillando, siendo aún más hermosos de lo normal.

-Por supuesto.

Gracias al gran espacio de mi habitación es más fácil bailar los pasos que aparecen en el videoclip de la canción y que no pensaba que él supiera.
No es una melodía que le verías bailar a una pareja en un momento romántico y eso lo hace aún más especial.

Tanto sus gustos como su forma de ser son gratificantes y sus miradas junto con sus besos son adictivos. Si alguna vez he pensado en llamarme estúpida  este es el momento adecuado. Estúpida por dudar de él cuando le conocí, por pensar que nunca podría llegar a querer a alguien. Lo estoy haciendo y no me arrepiento.

No me arrepiento del paso que dí ayer.

(Narra Yerai)

Las palabras de Ari de ayer todavía resuenan en mi cabeza. Son unas simples palabras pero con tanto poder…

Cuando me tocó responderle no pude decirle lo mismo, así que le dije la verdad, que la aprecio. Porque eso es lo único que siento.
Siempre he sido un chico prácticamente solitario y nunca llegué a sentir nada por nadie hasta que me mudé aquí. Ella me ha cambiado aunque no pueda corresponderle de una manera tan importante.

Aunque eso no significa que no llegue a quererle nunca, por eso no me he separado de ella en ningún momento.

Y viéndola bailar Helena perfectamente, como si fuera la auténtica, tengo la sensación de que pertenezco a ella completamente. No por obligación, no para aprovecharme, si no por que es la única persona que me está haciendo cambiar.

Por fin estoy dejando atrás al Yerai solitario.

martes, 1 de marzo de 2011

Capítulo 10# Dos palabras.

“Por favor, Dios, dame paciencia porque me va a hacer falta.”

Nunca he sido creyente, pero este es uno de esos momentos en los que necesitas nombrar a cualquiera para pedir algo imposible.
Ha pasado ya un mes desde que Yerai y yo nos conocimos y comenzó nuestro secreto. Pero hace tiempo que empecé a sentir remordimientos por ocultárselo a Luis y Candy, aunque esto él no lo sabe. Por eso estoy pensando en que será mejor que ellos lo sepan pronto.

Además nuestros encuentros cada vez se complican más. Yerai tiene que trabajar además de los estudios, y yo al igual que él tengo que estudiar, y Candy me rapta muchas veces en estos últimos días. O Luis me invita a su casa o cualquier otro lugar, una invitación que no puedo rechazar.

Aprovechamos cada segundo que tenemos libres para estar juntos, pero la mayor parte suelen ser en el instituto y acaba apareciendo alguien. Y la última cosa y la que más cabreada me tiene son Sara y Lucía, no las soporto.
No se despegan de Yerai, aunque les ha dicho muchas veces que no les interesa estar con ellas.

Sí, lo que siento son celos, lo sé a ciencia cierta desde que Lucía comenzó a flirtear con Yerai, pero no puedo evitarlo. Le quiero, me he vuelto totalmente dependiente de él como lo es la Luna de la Tierra o una planta del Sol.

Nunca se lo he dicho, y tampoco he escuchado unas palabras parecidas de sus preciosos labios, pero creo que ya es el momento de afrontar mis miedos.

“¿Estás libre esta tarde? Tengo una sorpresa para ti.”

Enviar.

Un mensaje recibido.

“Para ti por supuesto. Uuhh ¿qué sorpresa? Me pica la curiosidad. Dime hora y lugar y ahí nos vemos, en cinco minutos termino de trabajar.”

“Okay. Nos vemos a las cinco en la puerta del parque de siempre, no me falles. Besos.”

Mensaje enviado.

“Hora de afrontar mis miedos.”

Esperemos que el resultado sea el esperado.



Y diez minutos después aquí estoy, esperando a Yerai en la puerta de nuestro parque particular. Pero esta vez es especial, porque la sorpresa que voy a darle no la conoce nadie y espero que sea igual de especial para él como para mí.

-¡Hey, Ari! –corre hacia donde me encuentro, con el pelo negro desordenado y las mejillas encendidas por la carrera.
-Hola. ¿Qué tal el trabajo? –sonrío acercándome a él y apartándole unos mechones de los ojos.
-Entretenido como siempre. Pero no me distraigas, ¿cuál es la sorpresa?
-Eres un poquito impaciente –me río- Pronto sabrás que es, pero para eso tienes que vendarte los ojos.

Saco una venda negra de mi bolsillo y se la enseño, provocando que su expresión pase de la estupefacción a la burla.

-¿Tan secreto es que no puedo ver el camino?
-Exacto –me coloco a su espalda atándole la venda sobre los ojos y sujetándole la mano para guiarle durante el trayecto.
-Esta bien, ¡pues vamos!

El paseo atravesando el césped o siguiendo los caminos de piedra me trae muchos recuerdos de mis tardes solitarias en busca de una tranquilidad casi extinguida en una ciudad como esta. Y entonces es cuando encontré mi lugar secreto.

-Hemos llegado.

Cierro la puerta de rejas y le quito la venda dejándole delante de una vista de película: un pequeño recinto lleno de césped verde brillante, menos un círculo en el centro en el que se alza una fuente descuidada y con aspecto de no funcionar desde hace bastante tiempo.

-¿Esta es la sorpresa?
-Sí…Eres la única persona a la que he traído aquí, nadie más lo conoce, ni tampoco un solo alma pone un pie por este lugar. Pensé que podría gustarte…
-Es…precioso, nunca antes había visto nada igual. –me coge la mano sonriendo- Es una gran sorpresa, me gusta mucho. Nuestro sitio secreto.
-Me alegra oír eso –sonrío también, entrelazando mi mano con la suya sin ninguna intención de soltarla en todo lo que queda de tarde.

Y así es. Toda la tarde juntos como había esperado. Estamos tumbados en el césped y cuando empieza a oscurecer y se pueden divisar las primeras estrellas pienso que es el mejor momento para dar rienda suelta a los sentimientos.

-Estas muy callado ¿en qué piensas?
-Nada importante. Sólo en como se sentirá toda esa gente sola o la que no le importa nada más que el que dirán. Cómo se sentirán al no tener a nadie especial a su lado.
-Quién sabe…
-Ellos lo saben –ríe- pero lo que no saben es lo que se están perdiendo.

Me acerca más a él quedando los dos apoyados sobre un codo, uno enfrente del otro y sin ni siquiera un milímetro de espacio entre nuestros cuerpos.
Mi valentía se ha evaporado como supuse, pero es ahora o nunca.

Concentrándome en mirar nuestras manos en vez de sus ojos cojo aire y digo casi en un susurro las dos palabras que tanto deseaba pronunciar hace mucho tiempo:

-Te quiero…

Entonces es cuando le miro a los ojos, pero no puedo contemplarlos durante mucho porque me besa efusivamente, acompañando el beso con su propia respuesta:

-Te aprecio, mucho.

No me esperaba dos palabras como las mías, pero viniendo de él para mi esas simples palabras son suficientes. Quizás si he conseguido el resultado esperado.